En 2005 el arzobispo de Buenos Aires pidió a los cardenales electores que no lo voten y quedó detrás del alemán Joseph Ratzinger. Hoy, Francisco deberá convivir con Benedicto XVI como Papa emérito.

En 2005 el arzobispo de Buenos Aires pidió a los cardenales electores que no lo voten y quedó detrás del alemán Joseph Ratzinger. Hoy, Francisco deberá convivir con Benedicto XVI como Papa emérito.
Para los analistas del Vaticano se trata de una historia conocida. Una rivalidad no buscada en medio de votaciones secretas. Fue cuando Jorge Bergoglio, en medio de una reñida votación, decidió dar un paso al costado para que el otro —Ratzinger— se convirtiera en el 265º jefe de la Iglesia Católica.
Fue en el cónclave que siguió a la muerte de Juan Pablo II. Según reveló el periodista Marco Tosatti, vaticanista del diario La Stampa, Bergoglio pidió a sus "patrocinadores" que se abstuvieran de elegirlo. El resultado final fue de conocimiento público: el cardenal argentino quedó segundo. Ratzinger había liderado la primera votación con 47 votos, seguido por Bergoglio, con 10. En la segunda, 30 votos separaron al primero del segundo (65 del alemán frente a 35 del argentino), mientras que en la tercera, Ratzinger quedó muy cerca de los dos tercios necesarios.
Tras la tercera votación, al igual que ayer a la mañana, hubo un receso en el cual Bergoglio emitió su pedido "casi entre lágrimas". La cuarta votación terminó con Benedicto XVI como Papa: 84 votos frente a 26 del argentino.
Cuando volvió a Buenos Aires, el jesuita continuó como arzobispo y un año después asumió como presidente del Episcopado, hasta 2011. Sin embargo, el 17 de diciembre de 2011, al cumplir 75 años, Bergoglio presentó su renuncia al arzobispado de Buenos Aires por alcanzar el límite de edad, según lo determina la ley eclesiástica. Pero, como era previsible, su ex rival en las urnas pontificias no aceptó la renuncia, sino que prorrogó su mandato por dos años, para dejar en claro la buena relación del arzobispo porteño con el Vaticano.
En 2006 Bergoglio suspendió un viaje al Vaticano y dio lugar a especulaciones. En enero de 2007 Bergoglio y Ratzinger se encontraron. Los medios insistieron en que el argentino salió "muy contento" por una nueva era de diálogo y coordinación entre el Vaticano y Buenos Aires. Una buena señal después de algunos chispazos entre ambos.



