mas

"El ACV me hizo conocer el infierno, pero pude volver"

Hace tres años Verónica del Valle tuvo un accidente cerebrovascular isquémico. Pasó once días en coma y seis meses en una silla de ruedas. El accionar médico, la rehabilitación diaria, la contención de su familia y su esfuerzo lograron que recupere en gran parte la movilidad de su cuerpo. Un relato estremecedor sobre el deseo de aferrarse a la vida después de una enfermedad devastadora.

Domingo 25 de Noviembre de 2018

Los síntomas del accidente cerebrovascular necesitan ser detectados de manera urgente porque la atención médica especializada debe darse, preferentemente, durante la hora posterior a esas señales. El tiempo es una variable fundamental para la recuperación de quien lo sufre. Cada minuto que pasa sin tratamiento se reducen las chances de paliar las secuelas. Cada minuto que pasa, arrastra, como una ola furiosa, las oportunidades de sobrevivir.


La mañana del 23 de septiembre de 2015, Verónica del Valle, 40 años, arquitecta, fan de la actividad física, cumplía una vez más con su agitada rutina. Llevar a su hijo a la escuela, ir al gimnasio, correr al trabajo, volver a buscar a su hijo y regresar otra vez al estudio hasta la hora que fuese necesaria. Apasionada, imparable, cargada de energía. Así se sentía. Por eso, quizás, y también por desconocimiento, no le prestó demasiada atención a las señales de su cuerpo. "Fui a encargar unas telas para unas cortinas de un cliente. Y cuando las tocaba no las sentía, como que mis dedos no tenían registro. Algo rarísimo a lo que sin embargo no le di bolilla", recuerda.

Al rato su brazo izquierdo dejó de tener la movilidad habitual. Pero Verónica tenía que buscar a Máximo en la escuela, y no había demasiado tiempo. Eso sí, pensó que manejar en esas condiciones no era la decisión más acertada, y tomó un taxi. Con el brazo semiparalizado continuó con el plan de llevar al nene a la casa de sus padres y después volver al trabajo. "Parece increíble, pero como me sentía bien, razonaba, hablaba perfectamente, le resté importancia a esos síntomas".

Fue su papá el que le pidió que parara un rato porque la veía mal, extraña. "Tenés algo en la mirada, algo que no está bien, Vero. Quedate que te llamo a un médico", sugirió. Pero ella resistió todo lo que pudo el pedido. "La verdad es que quería irme, volver a hacer mis cosas, por suerte mi viejo insistió...".

Se sentó en un sillón, un poco molesta por la demora, pensando en todo lo que tenía que resolver. Pero cuando quiso pararse de nuevo se desplomó, las piernas no le respondieron. Llegó entonces el médico del servicio de emergencia quien le aconsejó que durmiera una buena siesta porque estaba "estresada y agotada". Su papá se puso firme y exigió que la trasladaran a un centro médico. No fue fácil, pero la tenacidad del hombre dio resultado y finalmente les mandaron una ambulancia.

El primer destino fue un sanatorio del centro de Rosario donde la revisaron, pero no pudieron hacer un diagnóstico preciso. Alguien recomendó trasladarla a una institución especializada en dar respuestas a personas con stroke (ataque cerebral en inglés). "En todo ese trayecto no perdí la conciencia completamente. Recuerdo las voces de los médicos, el movimiento en la ambulancia... cuando ingresé al segundo sanatorio mi estado ya era otro. Me ahogaba, no podía respirar, menos hablar. Ahí perdí la noción del tiempo. Fue un largo sueño. Me desperté del coma once días después".

"Cada minuto que pasa sin tratamiento se reducen las chances de mejorar"

Actuar sin demora

La prevención del ACV es fundamental. Minimizar las chances de tener un ataque cerebral es posible ya que está directamente relacionado a la hipertensión, el colesterol y los triglicéridos elevados, el sedentarismo, el tabaquismo y la la obesidad, todos factores que pueden evitarse, modificarse o mejorar con cambios de hábito. El alto nivel de estrés también suele jugar sus cartas. Al igual que el consumo de drogas y algunas enfermedades como las arritmias producidas por fibrilación auricular. Pero hay casos, como el de Verónica, en los que las causas no pueden determinarse con precisión.

Lo que está claro, y allí hay que apuntar, es que una vida saludable con una dieta adecuada, ejercicio físico regular, menos autoexigencias y controles médicos anuales pueden reducir notablemente las posibilidades de tener un ACV. Eso sí, una vez que ocurrió la lesión cerebral (isquémica o hemorrágica) es crucial identificar las señales de alarma. Es imprescindible que todas las personas, de cualquier edad, conozcan esos síntomas para poder reconocerlos.

Estas son las señales que necesitan una respuesta inmediata que implica llamar a un servicio de emergencia (público o privado) y que la persona sea trasladada lo antes posible a una institución médica, preferentemente a las que se especializan en atención de stroke.

•Entumecimiento repentino de uno de los brazos (hay que pedirle a la persona que levante ambos brazos con las palmas de la mano hacia arriba hasta la altura de los hombros para poder chequear si lo hace de manera normal)

•Debilidad en un lado del rostro (pedirle que sonría para identificar si ese gesto es "parejo")

•Dificultades repentinas para el habla y la comprensión (solicitar a la persona que repita una frase simple)

•Dolor de cabeza repentino y severo sin causa conocida.

•Problemas súbitos para caminar, mareos, pérdida del equilibrio y de la coordinación.

•Problemas de visión en uno o en ambos ojos.

vero3.jpg

Un proceso lento

Cuando Verónica del Valle abrió nuevamente los ojos se encontró en la cama de un sanatorio sin poder mover la mitad izquierda de su cuerpo. Allí le explicaron que había tenido un accidente cerebrovascular, que había secuelas, que estuvo grave. "Nunca había oído hablar del tema... ¡Jamás pensé en enfermedades, si yo no me agarraba ni un resfrío!", cuenta. En un primer momento creyó que era posible que la operaran y le resolvieran el problema de salud en unos pocos días. "Dije: listo, me meten en un quirófano y me arreglan esto", recuerda, con una sonrisa. El ACV isquémico no requiere en general de una intervención quirúrgica.

Cuando mira hacia atrás sabe que cruzó las montañas más altas, que hubo momentos muy difíciles y que logró cosas que parecían imposibles. Admite que la mirada atenta y oportuna de su papá fue vital porque entendió que algo pasaba e insistió para que la atendieran como corresponde. Agradece haber encontrado médicos entrenados y contar con un equipo de kinesiólogos que la apuntalan cada día.

La sonrisa de Verónica no deja de brillar un segundo durante la larga charla que se realiza en Puentes, el centro de rehabilitación neurológica al que asiste. Su mirada amable y tierna conmueve. Hay una gratitud permanente, eterna. El apego a la vida se le nota, se le escapa todo el tiempo en el transcurso del relato.

Es que lo peor ya pasó. "¿El momento más duro? Cuando entendí que sería largo, que no podía moverme, que iba a necesitar ayuda para casi todo. El ACV me hizo conocer el infierno. Yo pensaba: cuando hablan del infierno debe ser esto. Pero pude volver".

La rehabilitación neurológica guiada por especialistas fue clave en su recuperación, que ya lleva tres años. Después de once días en coma, seis meses en silla de ruedas y un largo proceso (que no terminó) la arquitecta camina, puede bañarse y vestirse sin ayuda, ponerse las zapatillas. Salir con sus amigas. Acompañar a su hijo en sus actividades. En su rostro no hay huellas de una leve parálisis que la afectó los primeros tiempos. Está viva, tiene ganas de mejorar más, pero piensa sobre todo en el hoy: "No existe el mañana para mí. Si venís a rehabilitación todos los días, como lo hago yo, no es para estar bien después. Lo hago para estar bien hoy. Para que mi cuerpo esté más flexible hoy. Obviamente tengo objetivos a mediano plazo, pero yo siento y sé que estoy viva ahora, y quiero disfrutar del hoy con lo que tengo, con mis posibilidades, con lo que soy".

"¿El momento más duro? Cuando entendí que el proceso sería largo, que no podía moverme, que iba a necesitar ayuda para casi todo"

El lugar de los otros

Durante los primeros meses tuvo que vivir acompañada por sus padres, y contaba con ayuda extra. Dice con emoción que jamás se va a olvidar de lo que hicieron por ella sus seres queridos, sus amigos, y se permite recomendar, a quien pasa por una situación como ésta, que se pongan en el lugar de los otros, de los que cuidan. "Una está mal y necesita ser el centro. Pero no siempre pensamos en los que nos asisten, que también están angustiados, cansados, con miedo. Yo no lo comprendí de inmediato, por eso ahora me parece importante decirle a otros que lo tengan en cuenta".

Actualmente vive con su hijo, que ya tiene 15 años (se separó de su pareja tiempo después del ACV). Cuenta que entre los dos le encontraron la vuelta para sobrellevar algunas limitaciones. "Máximo me corta la carne, por ejemplo. Yo no puedo porque mi brazo izquierdo no se mueve. Entonces él me hace el avioncito, como se lo hacía yo a él para que comiera cuando era un bebé. Le ponemos humor a una situación que podría ser triste. Pero no me permito eso, le escapo al bajón, no quiero quedarme en el lugar de la queja, de la víctima. Podés elegir quedarte en la cama o esforzarte por mejorar cada día aunque sea extenuante a veces".

Verónica va a terapia psicológica. Dice que es fundamental. "Voy al psicólogo porque me hace bien, porque pongo en palabras mis emociones y las cosas que me pasan, porque, como tantas otras personas, tengo que pasar lo mejor posible un momento que es complicado. Pero no quiero que el analista, o la gente en general, me vean como a una enferma, porque yo no me veo de ese modo", enfatiza.

Asumir un lugar activo, ser protagonista de su vida. Sentir, sentir y sentir. De eso se trata hoy la vida de Verónica, la chica que no podía parar, la que no tenía horarios. La que corría de un lado a otro y que ahora está convencida de que registrarse, escucharse y bajar varios cambios te puede salvar la vida.

vero2


>> Una oportunidad de vida

Un programa internacional denominado Angels propone una estrategia de intervenciones específicas en las diferentes fases del proceso que atraviesa un paciente con un accidente cerebrovascular. La intención es que las instituciones médicas se sumen para estar entrenadas especialmente en la atención adecuada de personas con stroke con el fin de reducir las secuelas, disminuir la discapacidad y la mortalidad. Porque no todos los centros médicos están preparados para accionar con velocidad y de manera específica para permitir que las consecuencias a mediano y largo plazo se reduzcan en forma significativa.

El ACV suele golpear sin piedad y aunque a veces las consecuencias físicas y neurológicas son mínimas en muchas ocasiones cambian para siempre la vida de quien lo sufre, y la de su familia. Secuelas motrices, en el habla, en la comprensión, pueden ser efectos devastadores del ataque cerebral, que por otra parte se lleva miles de vidas al año.

La iniciativa Angels pretende trabajar específicamente sobre el accidente cerebrovascular isquémico agudo, que es el tipo más común de ACV, y que se produce cuando el suministro de sangre hacia una parte del cerebro se bloquea, ya sea por un coágulo de sangre en un vaso cerebral o aterosclerosis (depósitos de grasa o placas que recubren las paredes vasculares).

La propuesta, alentada por Boehringer Ingelheim, ya tiene 55 centros adheridos en la Argentina en lugares como Mar del Plata, Rosario, Santa fe, Neuquén, Tucumán, Chaco, Córdoba, Chubut. Esas entidades, públicas y privadas, se comprometen a optimizar los procedimientos capacitando a sus profesionales y a todos los integrantes del sistema de salud para actuar con celeridad y eficacia.

vero5.jpg


>> La importancia del trabajo diario

Así como hay personas que quedan con mínimas secuelas luego de un accidente cerebrovascular a otros les toca enfrentar un proceso de recuperación largo, lento, con idas y venidas. La voluntad es un factor decisivo pero nada se puede encarar sin apoyo profesional. De eso sabe Iván Bobillo, kinesiólogo, socio fundador del centro de rehabilitación neurológica Puentes, el espacio en el que Verónica del Valle está haciendo la terapia que le permite mejorar cada día. Y aunque en la Argentina no hay estadísticas que lo confirmen, tanto los médicos como los terapeutas dedicados a la rehabilitación de personas con ACV son testigos de que aumenta el número de personas jóvenes que tuvieron una isquemia cerebral. "Durante el año que llegó Vero ingresaron tres pacientes más, de 40 años, con secuelas por ACV. Incluso tratamos a gente más joven. No sé las causas de ese incremento, pero lo vemos, aunque el ataque cerebral afecta mucho más a los mayores de 60 años", comenta. El plan de trabajo debe ser personalizado porque todas las situaciones son diferentes. Incluir al paciente en las decisiones es algo que el kinesiólogo considera clave: "Más allá de los conocimientos del equipo profesional, son muy importantes los intereses de la persona afectada. Ese es un paradigma que se impone, y nosotros consideramos que es muy saludable constituir un verdadero grupo donde terapeutas y pacientes estén de acuerdo". También menciona que la relación del centro de rehabilitación con el neurólogo que trata a la persona es sumamente necesaria. "La adherencia mejora en esas condiciones. Y no bajar la guardia es central porque notamos que aunque hay etapas, la curva de mejoría va subiendo, aún cuando pasan los años. Hay pacientes que con el tiempo vuelven a hacer cosas que no imaginaban que lograrían".

vero4.jpg


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});