Los fantasmas de las repetidas historias de los default de la deuda soberana argentina vuelven a ponerse en escena a pocos meses de que el gobierno nacional haya acordado pagarles a los fondos especuladores que compraron títulos argentinos a precios de ganga y los hicieron multiplicar geométricamente obteniendo ganancias increíbles.
Una vez terminado el acoso externo por una pequeña parte de la deuda que no había sido renegociada, los Estados nacionales, provinciales y municipales salieron a tomar préstamos a tasas todavía altas y en un contexto internacional incierto. Si Estados Unidos sube los intereses, por ejemplo, volverá a consolidarse aún más como la "aspiradora" del excedente financiero mundial y el costo de la Argentina para endeudarse será cada vez mayor.
A esta altura del año el gobierno nacional ya ha tomado préstamos por 52 mil millones de dólares y una cifra similar está prevista para el año próximo. La provincia de Santa Fe planea endeudarse en 500 millones de dólares y la ciudad de Rosario en 200 millones. No es que sea intrínsecamente perjudicial tomar deuda, el problema es para qué se la utiliza y la viabilidad que tiene su cancelación en el futuro sin poner en riesgo la economía del país, como se ha visto en el pasado. La Nación tiene serios problemas presupuestarios, porque pese a su discurso electoral, acordó una ley de emergencia social que transferirá 30 mil millones de pesos en tres años a las organizaciones sociales y acordó pagar 2.704 millones de pesos a las obras sociales sindicales en el marco de una deuda de 30 mil millones de pesos, que cancelará con bonos del Tesoro nacional y otros instrumentos financieros. Todo en un contexto donde redujo o eliminó retenciones a algunas exportaciones, lo que agravó su bache fiscal.
En la ciudad, sobre un presupuesto para 2017 de 13 mil millones de pesos, el Ejecutivo propone emitir títulos públicos por 200 millones de dólares (unos 3.600 millones de pesos). Para el socialismo, en la proyección de la concejala Verónica Irizar, el endeudamiento traerá miles de puestos de trabajo, pavimentación definitiva para centenares de cuadras, la habilitación de centros comerciales a cielo abierto y hasta la puesta en marcha de dos nuevas líneas de trolebuses.
También se contempla con los fondos frescos la capitalización en nada menos que 20 millones de dólares del Banco Municipal y la reestructuración de deuda por otros 54 millones de dólares. Sólo en los dos últimos destinos del dinero (banco y repago de deuda) se utilizaría casi el 40 por ciento del endeudamiento.
Pero en el Concejo hay otras opiniones. El edil Jorge Boasso cree que el 90% de lo que propone la Municipalidad debe hacerse con fondos propios y dejar el endeudamiento, que "de esta manera quedará para que lo paguen otras administraciones" sólo para proyectos de envergadura, como las nuevas líneas de troles. Boasso también se opone a la capitalización del Banco Municipal con fondos de "todos los rosarinos" y recordó que hace algunos años la institución crediticia emitió títulos para obtener recursos, operatoria que resultó exitosa y podría repetirse.
¿No debería hacerse un profundo debate, incluso con audiencias públicas, sobre si un monto de nada menos que 20 millones de dólares es oportuno y necesario emplearlo para capitalizar el Banco Municipal que, por otra parte, da señales de contar con recursos como para ser el sponsor de Newell's y Central? ¿Es necesario y cuál es el objetivo de que el nombre del banco público de la ciudad esté estampado en las camisetas de los clubes rosarinos?
En este país se ha llegado a estatizar deuda privada que luego pagó toda la sociedad, por lo que la decisión política sobre la calidad y oportunidad del endeudamiento es crucial para no volver a crear burbujas que tarde o temprano se disipan y derraman penurias incontenibles.