En foco. La recuperación de YPF ordena el universo de la política local
Con el anuncio de la recuperación de YPF, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner recuperó iniciativa, centralidad, identidad y oxígeno. Recuperó, sobre todo, la pelota para dominar un partido embarrado por la serie de sucesos desafortunados que siguieron a su amplia reelección. Que la jugada fuera cantada no la hizo menos espectacular.
22 de abril 2012 · 01:00hs
Con el anuncio de la recuperación de YPF, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner recuperó iniciativa, centralidad, identidad y oxígeno. Recuperó, sobre todo, la pelota para dominar un partido embarrado por la serie de sucesos desafortunados que siguieron a su amplia reelección. Que la jugada fuera cantada no la hizo menos espectacular. De la necesidad económica y política nació un plan que, en el punto culminante del anuncio del pasado lunes, se desplegó con sincronía.
En términos estructurales, la recuperación de la petrolera argentina repara una penosa decisión del pasado, intenta cerrar en el presente una avería letal en la linea de flotación del modelo de la posconvertibilidad y repone hacia el futuro una herramienta que crea las condiciones de transformación de la política energética. En segundo plano, no es menor la discusión abierta sobre las responsabilidades de los distintos actores en la destrucción de la petrolera estatal y el derroche del patrimonio energético, que llegó al punto de convertir la balanza externa del sector en una de las principales amenazas al ciclo de acumulación que permitió transitar una década de crecimiento casi ininterrumpido.
El principal activo que recupera Cristina con el plan anunciado para YPF es una foto muy preciada para el archivo de momentos históricos que acumula el kirchnerismo desde 2003. No es tan fácil, en este caso, disociarla de aquella terrible imagen de los legisladores justicialistas, entre ellos algún “jacobino” del modelo actual, celebrando envueltos en la iconografía peronista la entrega de una empresa que, aunque destruida con laboriosidad desde el primer día de la dictadura militar, era un emblema de una experiencia de país.
En el presente rabioso, la ofensiva petrolera le devolvió a Cristina y al kirchnerismo, el control del juego y la seguridad de quien disfruta una jugada que le salió bien. Por un tiempo, las intrigas palaciegas, la menemización de las internas, la confusión política e ideológica en tiempos en que la sintonía fina se inclina para el lado del ajuste, quedan en suspenso.
La débil posición de Repsol y el gobierno español consolidan y convalidan la estrategia de inserción internacional elegida por la actual administración. En la política interna, la nueva gesta recoge apoyos de la mayoría de los partidos y organizaciones. En la política recontrainterna, ordena y disciplina. Con Boudou pintado en la foto, la dupla De Vido - Kicillof repara una línea histórica del kirchnerismo. Y la repara en un sentido bastante claro y desafiante para la política: propone una transición generacional que viene cargada de tensión y conflicto, más estimulante que el originado en el pago de las expensas en Puerto Madero.
La foto de YPF es un sacudón en el escenario político. Es la puerta abierta a una reconstitución táctica, a un cambio generacional y a la profundización de una nueva transversalidad operativa. Esa que encuentra al gobernador Antonio Bonfatti en pleno romance político con la presidenta. Está por verse cuánto valdrá esa relación a la hora de avanzar en el nuevo intento por reformar el sistema impositivo en Santa Fe. Una propuesta de escasa épica, medida contra YPF y contra el intento original que hizo Hermes Binner hace unos años y que fue torpedeado por una entente que alineó a todos los sectores justicialistas, incluso el kirchnerismo, en la estrategia reutemista.
La minireforma tributaria actual es hija de la necesidad de amortiguar la crisis fiscal asociada a la política económica del socialismo. Una crisis que devuelve en la provincia las viejas fotos de caras largas juntando el mango para pagar sueldos y contratos. Con sólo reconocer las valuaciones fiscales de los inmuebles rurales y urbanos, y recorrer las medidas tomadas en las provincias vecinas, el aumento de impuestos encierra una paradoja: obedece al sentido común pero es enojoso y procíclico en el contexto de tarifazos, inflación y caída de la actividad.
La lucha política de corto plazo suele pasar estas facturas. El áspero contexto propone el límite, también, de una eventual intervención presidencial en la disputa santafesina. La atomización opositora, la territorialidad pura y dura, un clima áspero en lo económico y social y el intento de la mesa de enlace agropecuaria de reinventarse en la lucha contra los aumentos impositivos en las provincias enmarañan el terreno.
Los pequeños conflictos y batallas menudas enredaron por varios meses al sistema político que revalidó títulos en octubre pasado. La ofensiva contra Repsol mejora la cancha, pero no la alisa totalmente. Como activo político, la recuperación de YPF no parece igualarse a la estatización de fondos previsionales, a la asignación universal o al paquete de medidas progresistas de 2008. No hay aquí una caja ni un beneficio inmediato. La petrolera es un muerto a resucitar al mismo tiempo que obliga a hacerse cargo de la crisis energética. YPF es un escudo algo más débil, del cual se deberá sacar buen provecho para moverse en un mundo de amenazas urgentes. El primero: el desfase entre la inflación y los ingresos de la clase trabajadora. Las góndolas muestran que, en lo inmediato, dio merjo resultado pelearse con Repsol que exigir a la industria que baje el precio de la yerba a niveles razonables. Un test importante para medir el nuevo protagonismo presidencial.