Las elecciones regionales en el País Vasco y Galicia tuvieron resultados
contrastados, tanto para las fuerzas locales hasta ahora en el poder como para los grandes partidos
y líderes nacionales. El Partido Popular (PP) propinó una neta derrota al socialismo gallego y sus
aliados, retornando al poder luego de un paréntesis de cuatro años. En el País Vasco, el
nacionalismo local, gobernante incontrastado desde el retorno a la democracia en 1979, quedó a un
paso de perder el poder para verse sustituido por una alianza liderada por el socialista Paxti
López. Una noticia que llevará alivio al jefe del gobierno español, el también socialista José Luis
Rodríguez Zapatero. Los vascos quitaron la mayoría absoluta al nacionalismo del PNV y sus aliados y
dieron un duro golpe al gobernante saliente, Juan Ibarrexte, autor de una línea "soberanista"
contraria a la Constitución española que claramente no gustó a la mayoría de los ciudadanos
vascos.
Cambio en Euskadi. En el País Vasco, los nacionalistas del PNV perdieron la
mayoría absoluta. Los 30 diputados que sacó el PNV, uno más que en 2005, junto a los votos de los
pequeños partidos nacionalistas Aralar (4), EA (2) y EB-B (1) no logran sumar 38, del total de 75
diputados de la Cámara vasca. Así que no podrá formar gobierno. Por su lado, el candidato
socialista a jefe de gobierno o "lehendakari", Patxi López, que obtuvo ayer 24 diputados, podría
relevar a Ibarretxe al sumar a los 13 asientos del PP y el escaño que logró la pequeña formación
UPyD, sumando así el número clave de 38. Que el PP dé su apoyo para la asunción a López no implica
necesariamente que entre en una coalición de gobierno, sino en lo que se denomina "acuerdo de
legislatura". En todo caso, y más allá de lo que suceda en las negociaciones de las próximas horas
y días, Ibarretxe sale derrotado, lo que desatará una purga en el PNV en favor del sector más
moderado y en contra de los nacionalistas más radicalizados que impulsó Ibarretxe. Aunque éste
omitió durante la campaña hablar del referendo soberanista que motorizó en los últimos años, es
claro que el impulso a quemar etapas en el camino a la independencia tiñó su período de gobierno, y
los ciudadanos votaron de acuerdo a esta impresión, antes que sobre las bondades o errores de su
gestión al frente de Euskadi. También queda claro que el electorado vasco no aceptó la línea del
PNV, acerca de que un éxito de los partidos no nacionalistas significaría perder la autonomía,
porque "las decisiones sobre Euskadi se tomarán en Madrid".
La derrota del PNV se traduce, en el ámbito político
nacional, como un triunfo de Zapatero, quien jugó su imagen en la campaña en favor de Paxti López.
Es evidente que en La Moncloa habrán respirado aliviados al enterarse de que el PNV y aliados no
lograban el número mágico de las 38 bancas. Luego de la neta derrota del socialismo en Galicia,
sufrir otra caída en Euskadi hubiera debilitado al Ejecutivo de Zapatero.
En Euskadi la cita con las urnas fue la primera en tres
décadas en que no pudo concurrir a votar ninguna sigla del entorno de ETA, ya que el Tribunal
Supremo español anuló recientemente las candidaturas de las agrupaciones Askatasuna y D3M.
Ahora todo se definirá en torno al candidato socialista.
"Me siento legitimado para liderar el cambio", anunció anoche Patxi López. Pero el vencedor en
escaños fue de todos modos el PNV de Ibarrexte. "Tenemos una gran oportunidad de sacar este país
adelante y vamos a sacar este país adelante, pese a las dificultades. Lo vamos a liderar, con los
demás, pero lo vamos a liderar", anunció. Pero la suma de escaños de la coalición nacionalista no
llega a la mayoría absoluta, ni aún sumando al cuarto partido nacionalista, Aralar, una escisión de
Batasuna, el ilegalizado brazo político de ETA. "No renuncio a presentar mi candidatura y a recabar
los apoyos necesarios para ser el próximo "lehendakari", ratificó López.
Derrota en Galicia. Tras cuatro años en la oposición, el conservador Partido
Popular (PP) ganó por mayoría absoluta en Galicia, con lo que arrebató el gobierno de esta región
del noroeste de España a la coalición de socialistas y nacionalistas que estuvo en el poder desde
2005. El PP, liderado por Alberto Núñez Feijóo, obtuvo el 47 por ciento de los votos y 39 escaños
en el Parlamento regional, dos más que hace cuatro años y uno por encima de la necesaria mayoría
absoluta de 38 diputados, según el 99% del escrutinio.
El socialismo llevaba gobernando Galicia desde 2005, cuando
desalojó del poder al hasta entonces hegemónico PP del viejo caudillo Manuel Fraga, formando una
coalición con los nacionalistas del Bloque Nacionalista Galego (BNG). De esta forma el PP vuelve al
poder tras sólo cuatro años y recupera un feudo en el que gobernó 22 años, 16 de ellos con Fraga
(1989-2005).
Núñez Feijóo agradeció "todo el caudal de confianza"
recibido. "El Partido Popular de Galicia ganó ampliamente las elecciones", manifestó exultante el
futuro presidente de la "Xunta". El Partido Socialista de Galicia (PSdeG), del hasta ahora jefe de
gobierno, Emilio Pérez Touriño, obtuvo el 29,9% de los votos y perdió un escaño, quedándose con 24,
mientras que su socio, el BNG, también cedió un diputado y se quedó con 12, y el 16,6 por ciento de
apoyos. La suma de ambos no les permite obtener la mayoría absoluta.