Leí una carta en esta sección en la que un lector sostiene, más o menos, que quejarse del gobierno es insultar a los millones de argentinos que lo votaron porque están convencidos de que está todo absolutamente bien encauzado. Pues bien, celebro que haya gente a la que le va bien en una Argentina en la que la única industria que funciona es la del piquete; en una Argentina que vio reducidas sus fuerzas armadas a una chusma regenteada por una ex montonera. Claro, total no tenemos hipótesis alguna de conflicto, al tiempo que Brasil, que tampoco tiene hipótesis de conflicto, se arma hasta los dientes. Les va bien en una Argentina en la que los presos en la cárcel tienen acceso irrestricto a teléfonos para desde allí extorsionar a los ciudadanos honestos y trabajadores, que a menudo no pueden llegar en tiempo y forma a su trabajo producto de las interrupciones constantes de tránsito provocadas por quienes viven de sus impuestos. Hay gente a la que le va bien en una Argentina donde un personaje grosero, arrabalero e impuntual que ejerce la presidencia de manera virtual se da el lujo de decir ante quien lo quiera escuchar que quiere al campo de rodillas y alguien lo aplaude por ello. Una Argentina donde Estela de Carlotto dice que un ciudadano murió acribillado a balazos porque hizo asustar al pobre pibe que lo venía a robar y este pobre pibe no tuvo más remedio que defenderse. Una Argentina donde ya estamos hartos de las bestialidades que manifiestan Luis D'Elía y Hebe de Bonafini; una Argentina donde matar a Mario Santucho es un crimen de lesa humanidad, pero matar al teniente coronel Argentino Larrabure es sostener un ideal; una Argentina donde tenemos al frente a una rara mezcla de María Antonieta con Imelda Marcos, pero que imposta la voz para parecerse a María Eva Ibarguren de Perón y que nos cuestan fortunas sus viajes de shopping por el mundo.
































