La ciudad

Las imágenes de la nueva moda del falso casamiento que reunió a cientos de rosarinos

La gran farsa. Se trata de una fiesta temática donde todos simulan participar de una boda con la única excusa de vestirse de gala y divertirse. La celebración convocó a mil personas.

Martes 13 de Octubre de 2015

De riguroso blanco, ella ingresa sonriente al salón. El la espera al pie del escenario, le entrega un ramo de jazmines y la toma de las manos, mientras se escucha el primer "Viva los novios" de la noche. Todo indica que aquí habrá un casamiento, pero nada está más alejado de ello: está comenzando la primera fiesta de matrimonio ficticio en la historia de la ciudad. ¿Cómo? Hay novio y novia, hay invitados vestidos de gala, hay barra libre y carnaval carioca, pero nadie se casa. Lo importante es empilcharse bien, divertirse y pasar una noche inolvidable.

Como parte de una tendencia que nació en Argentina y ya hizo pie en otros lugares del mundo, tuvo lugar en Rosario un evento que mantiene los típicos rituales de un casamiento pero sin que a nadie se los declare marido y mujer. Según los organizadores, fueron 1.000 los asistentes que pagaron entre 400 y 500 pesos para participar del evento la noche del domingo. Los que se lo perdieron a no desesperarse, porque habrá otra falsa boda en breve.

El público predominante fue de entre 20 y 35 años. Para muchos fue la primera vez que participaron de un festejo de matrimonio, así sea de manera ficticia. "Yo nunca fui a un casamiento, así que cuando me enteré, me copé y los convencí a mis amigos de venir", dijo Manuel (22), quien llegó acompañado por Nicolás (23) y Luciano (21). Lo mismo opinó Macarena (22), quien aprovechó la ocasión para lucir su vestido de graduación tras años de dejarlo guardado en el ropero. Ella vino con Sofía (27), que ya tuvo amigas que celebraron su boda, pero nunca pudo participar de un festejo con Maca, su amiga de toda la vida.

Los novios (personificados por dos actores locales) subieron al escenario y una supuesta jueza comenzó a leer el acta de casamiento: "Siendo las 1.06 del lunes 12 de octubre de 2015, nos encontramos reunidos para celebrar la boda de Mercedes Roca y Agustín Roviralta". Luego de las preguntas de rigor, los "sí, quiero" de ambos y la declaración formal de matrimonio, ellos se besaron efusivamente frente al público que estalló en aplausos. Sonó el vals, que no duró más de 10 segundos porque rápidamente el Disc Jockey le puso ritmo a la noche e hizo sonar música bailable.

El exiguo tiempo reservado al vals fue premeditado: los organizadores pensaron en parodiar todo aquello que adorna una típica boda: "El objetivo del evento es hacer algo dinámico, que lo aburrido deje de serlo, que nos riamos un poco y que todo lo divertido lo potenciemos", dijo a La Capital Ignacio Mackey, uno de los productores del evento.

"Teníamos la posibilidad de utilizar una estancia rural en Funes para una fiesta. Mi novia había escuchado que se habían hecho falsas bodas en otros lugares del mundo y armamos una a nuestra manera", contó Mackey respecto al origen del evento, que esperan repetir en breve. La iniciativa no estuvo exenta de comentarios de toda índole, incluso durante la promoción realizada en redes sociales, algunos criticaron que la ceremonia del casamiento fuese parodiada.

"Está todo bien, lo tomamos con humor. No queremos molestar a nadie, incluso podríamos haber hecho una ceremonia religiosa, pero para evitar herir susceptibilidades no lo hicimos", indicó Mackey.

A diferencia de lo que podría haber pasado si el evento se hubiese hecho en el casco urbano, la música en medio del campo no perturbó el sueño de ningún vecino. Luego del vals, el resto de la noche continuó como si fuese un boliche en el que todos estaban vestidos de gala.

Además de la pista, el otro foco de atención fue la barra, donde los invitados se abalanzaron para conseguir champagne, cerveza, vino, agua o alguno de los tragos clásicos (Fernet con coca, cuba libre, Campari con naranja y energizante con vodka).

Entre amigos. La fiesta atrajo grupos de amigos y parejas. Como Gastón (34) y Gabriela (32), que conviven hace 2 años pero no tienen el matrimonio en el horizonte cercano. "Cuando vimos la fiesta nos pareció una buena oportunidad para salir juntos y hacer algo distinto", dijeron.

Tampoco les parece muy cercana la idea del compromiso a Anaclara (26) y sus amigas, que posaron para la foto con una cartel que no dejó lugar a dudas: "Yo no me caso ni a palos".

Se trata de un evento que atrae por ser diferente.

El precio del ticket se asemeja al gasto que podría tener cualquier persona en una salida nocturna que combine entrada a un establecimiento bailable, algunos tragos y el taxi ida y vuelta. La idea cayó como anillo al dedo (nunca mejor utilizada la frase) para los tiempos que corren, en donde la palabra "Matrimonio" no es moneda corriente.

En descenso

En Rosario durante el año 2013 sólo 3.500 parejas se unieron en matrimonio, lo que se convirtió en la cifra más baja desde la sanción de la ley de divorcio en 1987. Similar panorama se registró en la ciudad autónoma de Buenos Aires, donde el año pasado hubo 11.478 casamientos. Esa cifra fue la mitad de lo que se había registrado en 1990.

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