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Viaje a la mente de Charly García

En un reciente libro, los periodistas Daniel Riera y Fernando Sánchez reúnen una serie de reportajes que le hicieron al emblemático músico a lo largo de quince años. Un material imperdible para los amantes del rock

Domingo 21 de Febrero de 2021

Después de Filosofía barata y zapatos de goma (1990), Charly García reseteó su carrera y su modo de trabajo y entró, como lo definió de manera brillante Luis Alberto Spinetta, en una “fase Van Gogh, pero con las dos orejas”. La mezcla de creatividad en plan non stop y drogas representó un verdadero salto al vacío, como el de la pileta en Mendoza en marzo de 2000, y los resultados fueron, alternadamente, excelentes –los álbumes Say no more (1996) e Influencia (2002)–, regulares –El aguante (1998) –y hasta catastróficos, como los recitales en el teatro Ópera de fines de 1996.

García es el título del libro firmado por los periodistas Daniel Riera y Fernando Sánchez y publicado por Colección Vademécum, que compila una serie de reportajes que los autores realizaron, desde principios de la década del 90 y a lo largo de quince años, con el creador de Piano bar (1984). Entrevistar a Charly en aquellos años era una empresa de riesgo, pero Riera y Sánchez establecieron una sintonía fina con el músico y las doscientas páginas del libro ofrecen alto deleite.

En García, García habla de su admiración por Spinetta, disecciona con oído clínico canciones de Los Beatles, analiza su propia obra, cuenta anécdotas de Serú Girán, brinda detalles de su relación con la industria discográfica, relata su fugaz militancia en el maoísmo y reflexiona sobre el gran amor de su vida, la música, todo tamizado con su filoso sentido del humor.

Por lo general, el recuerdo de García que pervive de aquellos años es el de un enajenado fuera de control, enredado en escándalos policiales. Pero esa imagen es engañosa porque en los 90 García, dejando de lado su vida personal, era un artista en plena metamorfosis, y este libro ofrece una mirada directa sobre ese período. Además, incluye la extraordinaria crónica De gira con Charly, que narra a toda velocidad el por momentos surrealista viaje del músico al festival de Cosquín en 2005 (ver recuadro).

Fernando Sánchez y Daniel Riera conversaron con Cultura y Libros y brindaron detalles y pormenores del proceso que desembocó en García, un libro imperdible no solo para los fanáticos de uno de los artistas centrales de la cultura popular argentina de los últimos cincuenta años, sino también para los amantes del rock argentino.

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La tapa del libro de Riera y Sánchez.

La tapa del libro de Riera y Sánchez.

–El punto recurrente en todas las entrevistas incluidas en el libro es la devoción de Charly por la música y por la historia del rock. Como si fuera un archivo viviente, recuerda cambios de acordes de canciones, la forma en que fue grabada la voz en tal canción... ¿Qué pueden contar sobre este aspecto, el de melómano obsesivo, de Charly?

–(Sánchez) Efectivamente, es una de las cosas que llaman la atención a lo largo de todas las entrevistas: la capacidad de García para recordar detalles, nombres, recursos, yeites… Es claro que no solo escuchaba discos sino que además investigaba mucho y adquiría información que hoy podría resultar de acceso más o menos sencillo pero que no era tan accesible entonces. Charly no solo escucha música sino que además –al menos en su juventud y aún en aquellos años en los que pudimos entrevistarlo– leía mucha prensa de rock, revistas y libros… También el cine fue una gran fuente de inspiración para él. De todos modos, no lo veo como un melómano obsesivo sino como un apasionado. Como destaca Dani en una de las entrevistas, Charly cierra diciendo que no sabe si existe alguien que tenga tanto amor por la música como él. Y es eso para mí: lo que lo mueve no es obsesión sino amor.

–Yo pude entrevistarlo en un par de oportunidades y en base a esa experiencia creo que si el cuestionario se centra en cuestiones musicales Charly es el mejor entrevistado posible. ¿Consideran que Charly fue tan abierto con ustedes porque los reportajes estaban orientados hacia una temática artística y musical?

–(Riera) Nuestro interés partía desde la música y eso hacía más fácil todo. Charly es un gran artista y no solo un señor que hace quilombo. Siempre tuvimos clara esa perspectiva y al acercarnos a él a partir del interés en su música y en sus ideas, en general todo fluía. Entiendo que ha sido muy generoso con nosotros: detectó interés genuino en su trabajo y se brindó.

–(Sánchez) Sin dudas. La época en la que pudimos entrevistarlo y obtener los testimonios que están el libro es la misma en la que, a través de los grandes medios masivos, veíamos a un Charly escandaloso, provocador y en muchas ocasiones agresivo. Nada de todo eso vimos nosotros, y creo que sí, tiene que ver con que nuestro objetivo no era encontrar un título o una imagen amarilla sino retratar al artista y su obra. Entiendo que él pudo ver eso y por eso mismo nos dio ese espacio. Pudo ver que éramos periodistas preparados para entrevistarlo con respeto, maravillados por la posibilidad de tenerlo enfrente pero no encandilados por eso. De ese modo logramos crear el clima necesario para que ocurrieran las entrevistas. También es verdad que tuvimos la suerte de trabajar en medios en los que era posible eso, en los que no era necesario tenerlo volando desde un noveno piso para que fuera noticia.

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Mendoza, marzo del 2000: Charly acaba de tirarse a una pileta desde un noveno piso y los micrófonos lo aguardan.

Mendoza, marzo del 2000: Charly acaba de tirarse a una pileta desde un noveno piso y los micrófonos lo aguardan.

–¿Atravesaron algún momento denso, en el que Charly estuviera intratable?

–(Riera) Una vez nos mandó a casa porque no le había gustado que en la Rolling Stone el comentario de su disco Sí. Detrás de las paredes tuviera media estrella menos que el de un disco de Spinetta. Pero un par de días después lo volví a llamar y se le había pasado. A veces lo llamabas y no estaba, a veces te decía “llamame a las siete”, y lo llamabas a las siete y te decía “mejor dejémoslo para mañana”, algo lógico en un tipo que no tenía rutinas demasiado establecidas y que solía acostarse cuando nosotros nos levantábamos. Por lo demás, todo bien.

—(Sánchez) No diría denso, sí un poco difícil. Hubo momentos en los que la situación no daba para hacer la entrevista y decidíamos pasarla para otro día. Quizás nos quedábamos un rato y nos íbamos; quizás ni siquiera estaba disponible. Pero al menos yo –digo esto porque Dani lo entrevistó más veces– nunca la pasé mal. Nunca fue relajado, siempre estuve consciente de que estaba frente a uno de los creadores más importantes de la música popular argentina y tenía los nervios del caso, pero nunca fue más que eso.

–La nota “De gira con Charly” es extraordinaria. Me gustaría que me cuenten un poco sus impresiones personales sobre la odisea de acompañar a Charly en una gira.

– (Riera) Lo primero fue estar solo en el hotel buena parte del día, con Charly que no llegaba nunca, preguntándome cómo explicarle a la revista que me había pagado pasajes en avión, viáticos y hotel, que Charly no había ido a su propio concierto. Finalmente, cuando Charly llegó –pensemos que estaba en Buenos Aires en el momento en que se suponía debía empezar su show– todo fue un enorme vértigo, una aventura que no paraba nunca y una bomba que algunas veces estaba a punto de explotar y que un par de veces, de hecho, explotó. Sin embargo, en todo ese recorrido hubo momentos verdaderamente muy felices: ir a las chapas rumbo al show en el auto con Charly, escuchando a los Beatles y Bob Dylan, presenciar una conversación telefónica en la que Charly se reconciliaba con su hijo y le decía cuánto lo quería… Cuando volví a Buenos Aires me preguntaba cómo contar eso y de pronto recordé el monólogo de Molly Bloom en el Ulises de Joyce, y pensé que si Charly no paraba nunca, el lector tampoco tenía que parar nunca. De allí un texto sin comas, casi sin puntos, que dura 27 mil caracteres.

–Con La hija de la lágrima, Charly empezó a dinamitar el puente que lo unía a su obra previa, y también a su público más antiguo. A lo largo del período en que lo entrevistaron, ¿pudieron saber qué opinaba él sobre este asunto? Me refiero al hecho de que gran parte de su audiencia seguía esperando, en vano, un disco del “viejo Charly”.

– (Riera) No recuerdo que Charly haya hecho alusión alguna vez a eso. Me parece que estaba mucho más preocupado por su viaje personal que por el modo en que lo recibía el público. Y como audiencia de todos modos no le faltaba, el que se lo perdía, se lo perdía.

– (Sánchez) La verdad es que no recuerdo haber hablado especialmente de eso. Sí hablamos de los cambios que fue haciendo y del modo que la crítica tomó esos cambios, pero siempre en referencia a los más antiguos: de Sui a la Máquina, de cómo fue recibido el primer Serú, de la manera en que impactó Clics modernos… Pero tengo la sensación de que en los últimos años ya no estaba tan preocupado por la recepción que tenían sus discos. Lo recuerdo muy concentrado en su propia búsqueda, sus diferencias con la industria más que con el público. Y lo recuerdo muy contento con la renovación que experimentó su público a partir de Say no more, cuando su viejo público, el de los 70 y 80 entre el que me incluyo, se sintió un poco expulsado por ese nuevo García “maravillizado”, y una nueva generación de fans, la del brazalete, empezó a llenar cada lugar donde se presentaba.

–En mi opinión, la obra de Charly está atravesada por un componente tanguero. ¿Comparten este punto de vista? De ser así, ¿cuál creen que es la conexión entre la música de Charly y el tango?

– (Riera) A simple vista podría pensarse que tenés razón. Quiero decir, en Sui Generis hay un tema que se llama Tango en segunda, su proyecto con Pedro Aznar se llamó Tango, tenés a los tipos en un bar que bailan un tango en No soy un extraño y tenés la extensa introducción instrumental de A los jóvenes de ayer, que en un principio era un tema aparte que se llamaba Tango. Y, menos conocida, tenés la banda de sonido de la película Un tal Funes, nunca editada en disco, para la cual Charly estudió con Virgilio Expósito. Sin embargo, aunque a simple vista podría pensarse que tenés razón, no estoy tan seguro de que la conexión entre Charly y el tango sea demasiado profunda. Charly es un músico de Buenos Aires y por ende ha respirado tango, pero es por sobre todas las cosas un músico de rock. Con una formación de conservatorio, pero un músico de rock con la apertura mental que le dieron al género sus adorados Beatles. En algún momento se interesó por el rock progresivo y sinfónico, como todos los músicos de su generación. Ni siquiera tuvo la influencia fuerte del jazz que sí tuvo Spinetta. Para mí la perspectiva rockera siempre fue el eje de su música y no es casualidad que uno de sus discos se llame Rock ‘n Roll Yo.

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Así escriben: de gira con Charly

Alguien tiene la mala idea de hacernos escuchar la canción Color esperanza por los altoparlantes de la pileta y Charly me mira de reposera a reposera con cara de qué es esto y me pregunta qué es esta mierda y le contesto Diego Torres aunque sé que lo sabe aunque sé que la pregunta tiene por objeto acentuar el asco y Charly huy hay tanta música qué necesidad y la presencia de Diego Torres le depara un monólogo sobre el llamado rock latino que inicia con una anécdota asquerosa iba a besar a Paulina Rubio en la fiesta de la MTV y cuando la estaba por besar me vomitó en la cara una cosa horrible no sé si garbanzos y se fue como si nada ni siquiera me pidió perdón y con eso te digo todo lo que llaman rock latino es eso en nombre del rock latino se ha hecho mucho bullshit te digo que últimamente ni a Santana me lo banco demasiado es que en la Argentina se hicieron grandes discos ningún disco de rock latino suena ni la mitad de lo que suena cualquiera de los discos de Los Gatos también está el problema del pro tolos esa mierda los músicos perdieron el oído ahora si desafinaron se dan cuenta mirándolo en la pantalla y lo corrigen con el mouse por eso todos los discos que se graban suenan bien entre comillas y ningún disco suena a nada hay mucha vagancia graban una toma o dos y listo por qué no hacen como los Beatles que grababan decenas de tomas o como Kubrick o como yo por qué se conforman tan rápido y justo cuando termina Color esperanza ponen esa especie de techno gym y ahí sí Charly pierde la paciencia mira a un empleado del hotel y le pregunta vos pusiste esa mierda y el tipo le dice no y le dice poné rock o no pongas nada y empieza a levantar temperatura mientras del otro lado de la pileta ajena a la tempestad que se avecina una profesora de gimnasia les enseña sus ejercicios a dos señoras y a cuatro niños que con la punta de los dedos de la mano deben tocar la punta de los dedos de los pies y Charly me dice por favor decile a la persona que puso eso que lo saque y el mánager de Molotov que está por ahí advierte el peligro y sale disparado en busca de algún responsable y yo también presiento que este clima de sosiego que disfrutamos puede llegar a su fin en cualquier momento y salgo disparado en sentido contrario al mánager de Molotov pero también en busca de algún responsable y encuentro a una empleada y le expongo la situación con franqueza ahí está Charly como ves está bien estaba de buen humor hasta que pusieron esa música horrible y debo comunicarte que hace tres días que no duerme y que esta música lo está contrariando yo sé que todo el mundo tiene los mismos derechos y todo eso pero te propongo que evitemos un mal momento y que no salgamos en la tapa de los diarios de mañana por semejante estupidez no te parece y por la coloración pálida que adquiere el rostro de la empleada deduzco que captó el mensaje y segundos después ignoro si por la gestión del mánager de Molotov o por la mía o por las dos gestiones un silencio reparador desplaza al techno gym y Charly y los que estamos a su alrededor lo celebramos como un triunfo y un rato después llega el asistente de Charly y Charly conseguiste el avión privado no todavía no me lo confirmaron y Charly que se deje de joder Palazzo le metí 30 mil personas que se ponga las pilas me lo gané y el asistente comunica Palazzo me dijo que te andan buscando León Gieco y Pappo y que los dos quieren que toques con ellos esta noche y Charly a ver veamos podría tocar con León qué te parece me pregunta y por qué no le contesto y lo de Pappo no sé no me parece si quiere que toque con él que me lo pida de rodillas dice Charly y su asistente como si nada impávido a todo acostumbra uno Ok le digo eso a Palazzo que con León todo bien y con Pappo que te lo pida de rodillas exactamente dice Charly y se ríe y especula aunque en realidad podría tocar con Pappo para humillarlo para demostrarle delante de su público que toco mucho mejor que él y me guiña un ojo y se ríe. Acompaño al asistente de Charly a uno dos tres cuatro negocios a comprar los DVD y los discos que pidió su jefe la caja con todas las de Stanley Kubrick Terciopelo Azul Blade Runner Enemigos Íntimos The Producers Duro de Matar (I) The Misfits Help A Hard’s Day Night y un par de pornos no es fácil no es nada fácil conseguir estos DVD en la provincia de Córdoba no hay tantos negocios como en Buenos Aires y si los hay no los conocemos y además tenemos poco tiempo y mientras tanto el asistente llama y recibe llamados para saber si está el avión privado así que se encarga de las dos cosas al mismo tiempo pero además están los discos que debemos comprar parece que no hay avión Slow Train Coming de Bob Dylan parece que sí hay avión Tapestry de Carole King sí esta noche toca le gustó la idea Hejira de Joni Mitchell el costo del avión varía entre 1.200 y 1.500 dólares Electric Ladyland de Jimi Hendrix con León toca seguro cualquiera de Todd Rundgren tratemos de evitar el monomotor Quadrophenia de los Who bueno yo lo llamo al piloto With the Beatles Lola Versus Powerman and the Moneygoround de The Kinks a qué hora salís de Aeroparque Then Play On de Fleetwood Mac La hija de la lágrima del propio García no con Pappo no creo no tenía muchas ganas y dos libros el de las fotos de Charly de Andy Cherniavsky y uno de letras de Bob Dylan y entonces cuando tengas los horarios me decís cualquiera que tenga letras de Bob Dylan y me mandás la 4X4 y la Trafic no conseguimos la caja de Kubrick pero al menos conseguimos las películas de Kubrick sueltas y las dos porno claro y sí ya estamos llegando yo me encargo y por el lado de los discos conseguimos Slow Train Coming With the Beatles y Tapestry y regresamos al hotel en la puerta nos espera Clara con cara de preocupada Clara se autodenominó asistente de Charly ad honorem Clara tiene una lista y quinientos pesos que le dio Charly y la acompaño a una tienda enorme a comprar una afeitadora whisky tabaco para pipa cigarrillos un marshalito a batería baterías medias pantys en colores negro rojo y plateado pinturas para la cara y para los ojos una pipa guantes en colores negro y rojo un sombrero Gardelito aerosol negro rojo y plateado un soporte para armónica una barbie que sea linda…

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