Dos personas fueron detenidas ayer, acusadas de intermediar en la venta ilegal de uno de los revólveres utilizado por el atacante que irrumpió a tiros en una escuela municipal de la ciudad brasileña de Río de Janeiro, donde mató a 12 chicos y luego se suicidó, informó ayer la policía carioca.
Según organizaciones no gubernamentales, unos ocho millones de armas de fuego circulan ilegalmente en el mercado brasileño, una de las cuales compró por 165 dólares Wellington Menezes de Oliveira, autor el jueves de la masacre en una escuela.
La policía reportó que el cerrajero Charleston Souza y el guardia de seguridad privada Isaías de Souza fueron detenidos, acusados de intermediar la venta del revólver a Menezes de Oliveira, de 23 años.
Los acusados declararon que cobraron unos 20 dólares cada uno para intermediar la compra del arma, un revólver 32 que había sido robado de una casa de campo en 1994, según la policía. Los investigadores analizan el origen de la otra arma utilizada en el ataque, calibre 38, cuyo número de serie fue limado.
"Si sabía que el arma era para hacer eso, jamás hubiera hecho lo que hice. Ahora voy a tener que pagar", dijo el guardia Isaías de Souza, de 48 años. Los dos detenidos fueron mostrados a la prensa por la policía, que los acusó de comercio ilegal de arma de fuego, con penas de hasta ocho años de prisión.
Un cerrajero. Según la versión de los detenidos, Menezes buscó para su casa un cerrajero, a quien le preguntó cómo conseguir un arma para seguridad personal. Entonces, el cerrajero lo contactó con el guardia de seguridad, quien le consiguió el revólver 32 usado en la masacre.
"Tengo parte de culpa, pero culpa directa no tengo. Tengo hijos en la escuela", dijo el cerrajero.
Tras la masacre, se reflotó en Brasil el debate sobre las armas, en tanto los proyectos legislativos para ampliar los beneficios a los portadores legales fueron suspendidos y el presidente del Senado, José Sarney, propuso prohibir la venta a los civiles.
Los brasileños rechazaron en un plebiscito en 2005 prohibir el comercio de armas que impulsaba el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que enfrentó una campaña de la industria militar y de la popular revista Veja, respecto a que "los ciudadanos quedarán indefensos ante los bandidos armados".
Medio millón de armas fueron entregadas por civiles en el marco del Estatuto del Desarme iniciado por el gobierno de Lula en 2003.
Soy de Paz, entidad que lucha por el desarme, sostiene que de los 16 millones de armas de fuego que tiene Brasil, 14 millones están en poder de los civiles.
Alice Ribeiro, de la ONG, afirmó que en San Pablo, el 70% de las armas confiscadas por la policía son de industria brasileña.
La prensa carioca divulgó el testimonio de un amigo del asesino que afirma haber integrado junto al autor de la masacre el culto Testigos de Jehová, hasta que fueron expulsados hace dos años por diferencias con los líderes. Ultimamente, Menezes había sido devoto de una secta llamada “Los 13 Iluminados”, con la cual se comunicaba a través de internet, contó el testigo, quien dijo haber asistido a 15 iglesias de cuño evangélico en Río de Janeiro. En una carta testamento, el asesino pide que Dios lo perdone y que Jesús lo reciba, y clasifica a la humanidad en “puros” e “impuros”.
El teólogo Leonardo Boff, uno de los mayores especialistas mundiales en religión, dijo que la creencia que dejó entrever el asesino “es de la tradición judeo-cristiana”.
“Contrapone elementos de las religiones que están en el mercado, como los grupos maniqueístas cristianos, una patología que atraviesa a todas las religiones”, afirmó Boff, uno de los fundadores de la Teología de la Liberación en América latina. (Télam)
"Fue planificado"
El joven que mató a 12 niños en una escuela de Río de Janeiro había visitado una semana antes esa institución, en la que estudió en su adolescencia. Wellington Menezes de Oliveira fue a la escuela para pedir sus antecedentes escolares. “El pidió su historia escolar y habló con varios funcionarios”, informó el director de la institución, Luiz Marduk, al señalar que “fue todo planificado, premeditado”. Señaló que “el primer día vio cómo funcionaba la escuela y después vino a cometer la masacre”, en la que murieron diez niñas y dos niños, de entre 12 y 15 años. Minutos antes de cometer la masacre, entró a la escuela y retiró el certificado de estudios, conversó con una empleada llamada Dorotea, a quien le dijo “ahora vuelvo”. “Entonces entró en los pasillos y comenzó a disparar contra los niños de sexto y octavo grado”.