"Deme todo, por favor. Deje sólo diez euros", le dice una mujer mayor a la cajera de una sucursal bancaria en Atenas. Aburrida, la empleada se da vuelta y hace lo mismo que lleva días haciendo: entregar dinero en efectivo a los clientes. "Casi nadie viene a hacer un depósito", comenta. "No hay mucha fila para el cajero automático porque los clientes quieren retirar más dinero de la cantidad diaria que permiten los cajeros", explica el director de la entidad. En Grecia se está dando algo así como una sigilosa "estampida bancaria" que mes a mes va en aumento. "Nos estamos desangrando lentamente", lamenta el director del banco.
Muchos quieren asegurarse de que tendrán suficiente efectivo para cubrir sus gastos en los próximos meses, aun en caso de que el país debiera declararse en quiebra y ordenara el control de los capitales. "He hecho lo necesario para poder pagar el geriátrico los próximos cinco meses", cuenta un anciano inválido que ha hecho un poder en favor de su hijo para que pueda retirar todos los fondos que se encuentran a su nombre.
Retiros millonarios. ¿Cuánto dinero se ha extraído? El miércoles el Banco de Grecia afirmó que los ciudadanos y empresas retiraron 29.400 millones de euros en los primeros cinco meses del año, lo que implicó una caída de las reservas a unos 128.000 millones de euros. Antes de que estallara la gran crisis de 2009 las entidades griegas contaban con depósitos por casi 233.000 millones de euros. La prensa estima que la mayor parte de los fondos retirados en días recientes (unos 20.000 millones de euros) se encuentran en el país, ya sea en cajas fuertes u otros sitios particulares. ¿Y el resto? Las clases acaudaladas fueron transfiriendo sus capitales al extranjero a lo largo de los últimos años de crisis. En cambio, hoy en día está en juego el ahorro del ciudadano común.
Algunos entierran sus fondos (unos miles de euros) en el jardín, envueltos en una bolsa de plástico, o los esconden en un florero. Pero eso supone noches de insomnio. "La abuela se levanta una y otra vez y alumbra con la linterna en dirección a la higuera", relata Ionna, una farmacéutica de 32 años de Markopoulos, un suburbio de Atenas. Su abuela ha enterrado más de 7.000 euros junto al árbol, todos sus ahorros.
Otras familias reparten el dinero. Evangelia Sideridou, jubilada del barrio de Jalkidona, ocultó 2.000 euros en la heladera, dentro de un melón sin semillas. Su hijo ha escondido otros 1.600 euros en un caño tirado entre otros trastes en el garaje. La familia no tiene más dinero.
Las escenas que se suscitan son de lo más diversas. A veces las personas mayores llaman a sus hijos porque no recuerdan dónde ocultaron el dinero y toda la familia se pasa horas buscando los ahorros de los abuelos. También hay quienes, por miedo a que entren ladrones, llevan el dinero todo el tiempo encima. "Yo soy fuerte. Es poco probable que alguien me asalte", asegura un panadero que mide 1,95 metros y pesa 140 kilos en el centro de Atenas.
La policía ya ha emitido alertas sobre robos. Pero, aunque los ladrones estén a la orden del día, "¿cómo puedes convencer a la gente, en estas épocas, a que deje en el banco su dinero?", se pregunta el oficial Prokopis S., de la policía criminal, dando un profundo suspiro.
El gobierno le baja las expectativas a la inminente cumbre europea
El ministro de Grecia Alekos Flambouraris rebajó aún más las expectativas de éxito de la cumbre extraordinaria que los jefes de Estado y gobierno de la zona euro celebrarán mañana sobre el futuro de su país. La disputa final entre Atenas y sus acreedores europeos y el FMI gira en torno a recortes por 450 millones de euros, afirmó Flambouraris.
Durante esta semana se había hablado de una distancia de hasta 2.000 millones de euros entre los planes del gobierno del premier Alexis Tsipras y las exigencias del Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea. Flambouraris apuntó que los acreedores no están dispuestos a aceptar una reducción de la deuda griega. "Esperemos que lo acepten, pero desde mi punto de vista no lo harán", opinó Flambouraris, uno de los principales asesores de Tsipras. El ministro no descarta la celebración de un referéndum. "Yo lo haría", afirmó Flambouraris, un integrante de la radical coalición Syriza que llegó a fines de enero al poder. Desde ese momento, la relación con la UE no dejó de empeorar, y muchos analistas y griegos de a pie que no votaron a Syriza culpan a estos planteos radicales de la crisis actual. El jueves hubo una marcha en Atenas de quienes reclaman no quedar fuera del euro y culpan de este peligro a Tsipras y su coalición.
El país mediterráneo entrará previsiblemente en suspensión de pagos a finales de junio si hasta entonces no llega a un acuerdo con sus acreedores para que se liberen los 7.200 millones de euros. El 30 junio Grecia tiene que pagar 1.600 millones de euros al FMI. El vicejefe de gobierno de Alemania, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, advirtió de las consecuencias que traería una salida de Grecia de la eurozona. "Sería una señal fatal". Alemania es gobernada por la Democracia Cristiana de Angela Merkel en coalición con los socialdemócratas del SPD. Gabriel sostuvo que un fracaso de las negociaciones reforzaría las tendencias nacionalistas que ya están en pleno avance en Europa. Existe el peligro concreto "de que Europa se desintegre", previno. La salida de Grecia del euro generaría caos y sumiría al país en una alta inflación, pero las consecuencias no serían graves para Alemania ni para la economía mundial, comentó el economista Peter Bofinger.