El Papa Benedicto XVI se prestó ayer, en Viernes Santo, por primera vez a responder preguntas del público durante una transmisión televisiva en directo. Fue durante el programa "Domande su Gesú" (Preguntas sobre Jesús).

El Papa Benedicto XVI se prestó ayer, en Viernes Santo, por primera vez a responder preguntas del público durante una transmisión televisiva en directo. Fue durante el programa "Domande su Gesú" (Preguntas sobre Jesús).
El programa eligió un total de siete preguntas. Entre ellas estaba la de una niña de siete años que vivió el terremoto en Japón. "Quiero saber: ¿por qué tengo que tener tanto miedo? ¿Por qué los niños tienen que estar tan tristes? Pregunto al Papa, que habla con Dios, para que me lo explique", dijo la nena. Benedicto admitió que también él se hace esas preguntas. "¿Por qué es así? ¿Por qué tú sufres tanto mientras que otros viven sin preocupaciones?" Intentó, no obstante, reconfortar a la niña. "No tenemos una respuesta a eso, pero sabemos que Jesús sufrió al igual que tú como inocente y que Dios, que se manifiesta a través de Jesús, está a tu lado". "Eso me parece muy importante, aunque no tengamos respuestas, aunque estemos tristes", agregó.
La siguiente pregunta la planteó una madre italiana, María Teresa, que quería saber si el alma de su hijo Francesco, que está en coma vegetativo desde 2009, había abandonado su cuerpo inconsciente. Benedicto le respondió con una metáfora musical. "La situación quizás es como la de una guitarra cuyas cuerdas se han roto y que ya no puede tocarse. El instrumento del cuerpo es frágil, es vulnerable, y el alma no puede tocar, ni hablar, pero permanece presente", sostuvo Benedicto. El Papa, que frecuentemente recuerda a los creyentes que de acuerdo con las enseñanzas cristianas la eutanasia no debe practicarse, dijo a la madre que la compañía que le hace durante horas cada día a su hijo era un acto de fe en Dios y de "respeto por la vida humana, incluso en las situaciones más tristes".
Desde Bagdad. Un grupo de jóvenes de Bagdad, que se describieron como “cristianos perseguidos”, le pidió consejo acerca de cómo convencer a otros miembros de la menguante comunidad cristiana en Irak de que permanezcan en el país, donde son blanco de ataques mortales por musulmanes extremistas. Benedicto los llamó a perserverar en sus esfuerzos, al tiempo que les aseguró que el Vaticano continuará presionando a las autoridades para que garanticen el respeto a todas las confesiones religiosas en Irak.
Por otro lado, Bintu, una mujer de Costa de Marfil, quiso saber cómo su país podía superar la violencia política y étnica. Benedicto sostuvo que “la única vía es renunciar a la violencia, comenzar de nuevo con el diálogo en un intento por encontrar la paz común, mostrando una nueva preocupación los unos por los otros, una nueva voluntad de abrirse el uno al otro”.
Más tarde el Pontífice presidió la tradicional misa y posterior procesión del Vía Crucis de Viernes Santo en el Coliseo de Roma.



Por Nachi Saieg

Por Lucía Inés López