El Mundial de fútbol de Inglaterra 1966 será recordado por la forma en que fue
pensado para que los locales se llevaran el triunfo. Con anterioridad se habían visto actuaciones
arbitrales favorables a los equipos locales, pero el caso inglés fue mucho más allá.
El amaño del Mundial comenzó con la elección de la sede. El presidente de la Fifa, Sir
Stanley Rous, movió todos los hilos para que su país natal fuera escogido como sede del campeonato
en el congreso anual del organismo en 1960. La excusa esgrimida para favorecer a la candidatura
inglesa frente a las presentadas por España y Alemania Federal fue el centenario de la Football
Association.
También hubo irregularidades en el sorteo de árbitros para los cuartos de final.
Representantes de Argentina, España, Uruguay y la Unión Soviética habían sido citados para ser
testigos. Pese a que todos llegaron a la hora convenida, el sorteo ya se había realizado ante la
presencia del presidente de la Fifa, y los representantes de Alemania y de la Confederación
Africana de Fútbol como garantes de la limpieza del mismo.
El germano Rudolf Kreitlein fue designado como juez de Inglaterra-Argentina. Los locales se
impusieron 1 a 0 a los argentinos, con un gol de Geoff Hurst en el minuto 78, en situación dudosa.
El árbitro Kreitlein se convirtió en protagonista del partido, expulsando al capitán albiceleste
Antonio Rattín en el minuto 35.“Es que me miró con mala intención”, dijo Kreitlein, en
su momento, “por eso me dí cuenta que me había insultado”.
Después Rattín se sentó plácidamente sobre la alfombra roja de la reina Isabel de Inglaterra,
que se extendía desde la cancha al palco real y antes de retirarse tuvo tiempo de estrujar el
banderín del córner, que tenía la bandera de Gran Bretaña, mientras lo despedían 70.000 ingleses al
grito de “animals, animals”, tal como los habían empezado a llamar a los argentinos por
esas tierras.
Con esa actitud, Rattín se convirtió en “el jugador más famoso de la Copa del
Mundo”, según la propia prensa inglesa. Rattín tardó más de diez minutos en abandonar el
terreno de juego. Por aquel entonces aún no había tarjetas, y el argentino no quiso entender que
Kreitlein lo había expulsado hasta que no saltó al campo de juego un intérprete.
Argentina, pese a la inferioridad, hizo méritos para conseguir algo más. Su defensa siguió
aplicando la táctica de fuera de juego que tan buenos resultados le había dado a lo largo del
campeonato, hasta que el colegiado no señaló off-side en una dudosa jugada y Hurst tuvo vía libre
para batir a Roma. Al final del partido, hubo graves incidentes, incluyendo la agresión del Pato
Pastoriza al árbitro.































