Júbilo y emoción rodearon la audiencia general y última gran liturgia oficiada por Benedicto XVI con motivo del miércoles de ceniza, en las que no pudo ocultar los signos de fatiga.

Júbilo y emoción rodearon la audiencia general y última gran liturgia oficiada por Benedicto XVI con motivo del miércoles de ceniza, en las que no pudo ocultar los signos de fatiga.
La explosión de alegría no se hizo esperar: despacio y con cuidado avanzaba el Papa a su asiento en la sala de audiencias vaticana al tiempo que extendía los brazos para saludar a los miles de fieles congregados, cuando se oyeron los primeros gritos: "Viva il papa!".
Los fieles gritaban, ondeando banderas, aplaudiendo y esperaban con tensión las primeras palabra públicas del líder de la Iglesia católica tras el anuncio inesperado que conmocionó al mundo. Benedicto parecía liberado.
Muchos asistentes se emocionaron y mostraron su agradecimiento al pontífice con aplausos, músicas o simplemente, a gritos. Y el papa les devolvió las gracias con palabras que parecían salir del corazón.
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