Cultura y Libros

El artista que la ciudad olvidó

La mayor parte de la obra de Raúl Domínguez, el popular "pintor de las islas", no está expuesta en Rosario. Su nieto Martín Raúl, que practica la misma disciplina, se lamenta de que se lo reconozca mucho más en el exterior que en su propio terruño

Domingo 11 de Marzo de 2018

La obra de un pintor nace de un acto solitario, y su trazo representa una forma de ver y entender su aldea. Con el tiempo, la obra que haya dejado puede o no salir a la luz. En este caso entran en juego las valoraciones estéticas de quienes conducen los organismos de cultura estatales o los ámbitos académicos, así como la idiosincrasia de los habitantes de cada lugar por mantener en valor el trabajo de un artista, o bien permitir que quede olvidado en algún altillo.

El caso del rosarino Raúl Domínguez, llamado "el pintor de las islas" es paradigmático y refleja un cruce de decisiones y puntos de vista sobre su obra, que sufre la falta de reconocimiento. Domínguez fue un asiduo investigador, estudioso y retratista de la región litoraleña durante más de siete décadas. La ciudad tiene como valioso patrimonio los murales del interior del hall de la Estación Fluvial de Rosario, el Museo "El Paraná y sus Islas" y la escuela que fundó en 1969. Sus obras traspasaron las fronteras del país: fueron presentadas en Ecuador, México, Italia, Alemania, Francia y España. Tiene editados dos libros: El Paraná y las islas y El vocabulario insular ilustrado. Una calle de la ciudad, además, lleva su nombre.

Martín Raúl Domínguez es el nieto del pintor de las islas y uno de los tres herederos de la obra de su abuelo, el recordado don Raúl. En un antiguo caserón de barrio Martin, donde trabaja en su estudio fotográfico y expone usualmente, se pueden observar grandes telas que muestran el paisaje del majestuoso Paraná y sus islas, pintadas por su abuelo. El espacio que administra Martín también funciona como minigalería de arte.

EM_DASH¿Cómo era la relación que tenías con tu abuelo?

—Mis abuelos Raúl y Clemencia me llevaban a la isla, donde además de pintar (un maestro enseña sin decir mucho), él me enseñaba, por ejemplo, cómo eran las ramitas pequeñas de alguna planta, mientras mi abuela cebaba mate. Cuando llegábamos a su casa en la ciudad después de semanas, disponía sus lienzos en un caballete y se ponía a trabajar nuevamente para plasmar su obra final, teniendo en cuenta todos los bocetos y ensayos obtenidos en la isla, y ahí sabíamos —mi abuelo y yo— que nos esperaba el mejor arroz con pollo hecho por mi abuela. De ellos aprendí no sólo a observar lo que me rodea con ojos atentos, sino también a respetar el oficio y los valores que debe tener un hombre.

EM_DASH¿Cómo se relacionó tu abuelo con la pintura y con las islas?

—Desde chico pintaba el río y los barcos. Comienza a pintar las islas porque amaba la naturaleza, su gente, los lugareños y su arqueología. Por ese motivo compraron un terreno en el que levantaron su rancho, al que llamaron "El Chaná", haciendo referencia a las comunidades Chaná Timbú, ubicado en el Charigüé, y allí se instaló para pintar con detalle el entorno: desde restos arqueológicos indígenas hasta retratos de pescadores. El viejo agarraba el bolsito y adentro ponía un bloc de hojas, algunos lápices, un fibrón marrón rojizo (el color del río) de marca Flumaster y se iba a pintar por toda la isla.

EM_DASH¿Quién manejaba comercialmente su obra?

—Uno de los galeristas con quien tenía afinidad era Julio Rico, uno de los titulares de la Galería Renom, que quedaba en Córdoba al 900. Él hacía una exposición de Domínguez y a las tres horas ya estaba todo vendido. Mi abuelo era un tipo que se iba con su obra debajo del brazo y la vendía. No había una institución o un intermediario que se ocupara, razón por la cual su obra, hoy día, no es exhibida en museos ni muestras.

EM_DASH¿Qué opinás de los murales que se exhiben en la Estación Fluvial?

—En cuanto a los murales, me parecen fenomenales, porque muestran la flora, la fauna, la mitología y el folklore de los habitantes de la isla. Ahora, la suerte que corrieron con el paso del tiempo no me parece que haga honor a su figura en la ciudad. En el año 1969, cuando se inauguran —son patrimonio nacional desde el año 1973— eran doce, luego en la década del noventa quedaron seis porque ocupaban demasiado espacio, y se privilegió poner bares y restaurantes antes que su obra. Entiendo que ahí se cruzaron cuestiones ideológicas, porque paradójicamente la obra de mi abuelo sirvió para acercar al turista y transformar negativamente el entorno, no sólo de la Estación Fluvial, sino de las islas. Si vos te vas a ver una obra de mi abuelo, ese paisaje ya no existe como era; hay un comercio que modificó el paisaje natural. Y otra cuestión que marca la desidia de políticas culturales y económicas fue la desaparición de la Escuelita Regional que fundó en 1969 bajo su museo y que hoy en día no funciona más.

EM_DASH¿Cuánto hay expuesto en la ciudad de Raúl Domínguez?

—Lo único que hay expuesto se puede ver en el Museo "El Paraná y sus Islas" y los murales de la Estación Fluvial. Casi toda su obra de caballete —bocetos, acuarelas y dibujos—está guardada. Por otra parte, hay obras de mi abuelo expuestas en mi estudio fotográfico. Con mi proyecto "Complejo 8-14" hago dialogar dos obras: la de mi abuelo, que muestra la naturaleza en todo su esplendor, y la mía, que exhibe lo contrario, mucho cemento.

EM_DASH¿Por qué una parte de su obra está vedada a la ciudadanía?

—Raúl se ganó el respeto de la ciudadanía y fue nombrado ciudadano ilustre. Mi abuelo era un pintor autogestivo con su obra y trabajaba para su familia sin la necesidad de mediar con instituciones para que su obra tuviera un lugar, tampoco le hacía falta. Pero en verdad no sé por que la obra de un gran artista no está expuesta en su propia ciudad. También me pregunto cómo un creador popular de su talla no es estudiado en algunas instituciones educativas. Así y todo, fijate qué extraño, en la bajada de la Estación Fluvial está la calle Raúl Domínguez, que fue un pedido hecho por los vecinos de barrio Alberdi que se concretó en el año 2003.

EM_DASH¿Tu abuelo forma parte de esa cultura rosarina de la que tanto se habla y a la que tanto se elogia?

—Yo creo que sí, aunque lo raro es que lo reconocen en otras partes, más que en su propia ciudad.

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