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"Bin Ladens" en inodoros suizos

Resguardar dinero por lo general es para preservarlo de la percepción del mismo por parte del Estado.

Domingo 17 de Diciembre de 2017

Bin Laden es de los humanos más conocidos del planeta. Pertenece a un listado tan heterogéneo como exclusivo. Sin embargo no es tan sencillo saber quién fue verdaderamente. Un yidaísta fundador de la organización terrorista Al Qaeda, una suerte de sinónimo de terror para la versión occidental dominada por la hegemonía norteamericana y sus aliados. Esto sin olvidar su extraño origen (visto hoy) que algunas versiones sitúan en la invasión soviética a Afganistán apoyando una fracción del partido comunista afgano fiel a la URSS. Ante dicha invasión la CIA al parecer financió la resistencia islámica, en especial la de un religioso muy anticomunista devenido luego líder de la célebre Al Qaeda, la famosa orga que derrumbó las Torres Gemelas con la muerte de miles de civiles. En suma un luchador, primero contra el comunismo ateo y luego contra los EEUU, que lo asesinó diez años después de aquel gran golpe al narcisismo imperialista. Es sabido que las palabras y con ellas los nombres suelen tener extraños giros que las arrastran a inesperados significados como es el caso de los billetes de 500 euros (unas 10 lucas nuestras). Dicho billete es el más grande de la moneda europea, razón por la cual ha sido bautizado por el imaginario colectivo anónimo como los "Bin Ladens": "Todo el mundo ha oído hablar de él… pero nadie lo ha visto en persona." El caso es que el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido interrumpir en forma permanente la impresión del magno billete a fines del 2018 cuando circulen los nuevos de 100 y 200 euros. Según parece por dos razones muy diferentes. Una versión apunta al tamaño del billete de 500 euros, en tanto semejante número facilita su fuga a los escondites del dinero. De ser así vendría a ser una notable admisión pública de la epidemia mundial de la evasión como un síntoma inerradicable de la frágil conciencia humana. Es preferible suprimir el billete antes de esperar o proponerse una evolución moral de ese bicho tan terrible llamado ser humano. La otra razón es cómica, al parecer el BCE está muy incómodo con el sobrenombre, con lo que decidió y fechó la supresión. Crónica de una muerte anunciada dirá con toda probabilidad algún medio recurriendo (una vez más) al notable texto de García Márquez. Bien mirado terrorista y billete completarán en poco tiempo el mismo destino. Ahora bien, en esta pequeña historia falta algo. ¿Qué hacen aquí los inodoros suizos? El caso es que el 18 de septiembre del corriente distintos medios europeos publicaban una extraña noticia: cantidades de billetes de 500 euros convenientemente triturados, o bien cortados con tijeras, atascaban los inodoros de un banco de Ginebra y los baños de tres bares de la misma ciudad. Variadas versiones tratan de explicar con qué propósito dos españolas (presuntamente) realizaron semejante despropósito. Resguardar dinero por lo general es para preservarlo de la percepción del mismo por parte del Estado. O bien para evitar el conocimiento de dicho dinero de algún familiar, o acaso un/a amante incómodo/a, o algún acreedor enfadado y poderoso. En definitiva, lo que sea. Se dice que ante el infrecuente suceso muchas personas manifestaron por qué no repartirlo entre gente necesitada que la hay aun en los grandes centros del mundo. Pero no fue el caso. La riqueza no incluye la opción repartir. Ahora bien sabemos de la pasión humana por el Destino. Escrito con mayúsculas para no confundirlo con el destino como punto de arribo de todo viaje señalado en pantallas en cualquier terminal o aeropuerto. Cuando se habla de destino es con arribo previsto sólo alterado por alguna emergencia o catástrofe. La inmensa mayoría de las veces se trata de un destino cierto y seguro con fecha cumplida en tiempo y forma. No se puede decir lo mismo del Destino de los humanos, ni a nivel individual ni a nivel de la especie. En cuanto al individuo, sabe que es mortal, pero vive de una u otra manera como si fuera inmortal. Con relación a la especie el enigma es total. Quizás parece eterna pero si el homo sapiens tiene aproximadamente cuarenta mil años según dataciones recientes (luego de extinguidos los neandertales) es más bien imposible saber o acaso pensar a qué estaba destinada hace cuarenta mil años. Del mismo modo tampoco podemos siquiera especular qué le depararán a la especie los próximos cuarenta mil años. Más aún si pensamos qué representan esos tiempos pasados, presentes y futuros con respecto a la edad posible del planeta Tierra cifrada aproximadamente en cuatro mil quinientos millones de años. En suma, a pesar de todo lo escrito hasta el momento nada autoriza a pensar un escrito de antemano sentenciando el Destino de la especie humana y de los seres que la conforman. Se hace camino al andar, canta Serrat con Machado. ¿Y el dinero, o más precisamente los billetes? ¿Acaso era fácil de imaginar el destino de los billetes de 500 euros en inodoros? Bien mirado, para su más que probable suciedad un inodoro resulta un destino lógico. Que el inodoro sea suizo es un destino más lógico aún, ya que Suiza es el refugio más clásico del dinero negro. A la vez resulta tan lógico como paradójico que sea precisamente un banco suizo —el Credit Suisse— el que informe año a año la distribución de la riqueza en el mundo, o más correctamente la no distribución de la riqueza señalando puntualmente la ampliación de la verdadera y enorme grieta entre la riqueza y la pobreza. Dicho banco junto a la revista Forbes y la organización Oxfam han calculado en estos días la estadística de la mayor vergüenza del mundo: "Ocho millonarios tienen más dinero que la mitad de la población del planeta" titula la BBC de Londres (es decir, ocho es más que tres mil seiscientos millones). Bill Gates, Amancio Ortega, Warren Buffett y Carlos Slim son los cuatro primeros del top eight de millonarios: todos ellos atesoran una fortuna obscena. La sola lectura de estos datos debería llamar a la reflexión. Pero como se sabe, es un llamado que no se escucha. Es que somos una especie sorda y con la imaginación atrofiada con relación a una mentalidad atascada en la hipervaloración del dinero. Tal vez algún día de los próximos cuarenta mil años dicha mentalidad comparta destino atascada y atascando futuros e innovadores inodoros.

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