Con un marco de público espectacular, el mar como telón natural convocante, la música y la cultura como condimentos imprescindibles y la paella gigante como ícono distintivo de la gastronomía del lugar, Piriápolis realizó el sábado pasado el lanzamiento de la temporada de verano 2014/2015.
“La industria del turismo empezó acá (en Piriápolis) y en Carmelo”, dijo el presidente uruguayo José Mujica, quien fue el encargado de encender la paellera que se montó en los jardines de la Colonia Escolar, que antiguamente fuera el primer hotel de esa ciudad hasta la apertura del Hotel Argentino.
La paella gigante, que lleva más de una década y media ininterrumpida y que en los últimos años se ha transformado en una fiesta popular, es un hito de la ciudad que trasciende fronteras; un símbolo de su gastronomía, su gente y su hospitalidad.
Todo empezó después del atardecer mágico de Piriápolis, cuando el sol se esconde en el horizonte y empieza a darle lugar a las primeras luces de la noche. Fue el turno, entonces, de que el presidente de Uruguay, “el Pepe” (Mujica), como le dicen los uruguayos, encendiera los 18 mecheros de la paellera para que esta fiesta de sabores típicos de esta región cobrara vida.
La paella constituye una fiesta que representa la gastronomía de la ciudad, orientada a la promoción de Destino Piriápolis, a nivel local, nacional e internacional, impulsando el desarrollo de la economía local, a partir de la mixtura de actores públicos y privados.
A partir de 2012, este evento pasó a desarrollarse como fiesta popular, realizándose en la calle (este año fue en la Colonia Escolar, a metros del Hotel Argentino y sobre la remodelada rambla de Piriápolis) y brindando espectáculos culturales gratuitos, además de deleitarse con un plato típico de la gastronomía de la ciudad. Su fin benéfico a través de la donación de los fondos recaudados ha dado un giro de 180 grados a la propuesta en los últimos años, llevando a que cada vez más actores se sumen a la realización de la misma para el logro de sus objetivos.
Esta edición tuvo como entidad beneficiaria, a partir de la venta de ticket (100 pesos uruguayos la porción, unos 68 pesos argentinos) a la Fundación Teletón, institución que tiene como objetivo la “habilitación y rehabilitación de niños y adolescentes con alteraciones neuro-músculo-esqueléticas entre 0 y 18 años de edad”, empleando los más avanzados conocimientos científicos y tecnológicos para que “alcancen su máximo nivel funcional desde el punto de vista físico, mental y social a fin de mejorar su calidad de vida y una integración adecuada a la sociedad”.
La paella gigante en números
La paella gigante moviliza grandes cantidades no sólo de los ingredientes que se emplean en su elaboración, sino también de personal y maquinarias, al punto que fue necesario emplear una retroexcavadora para verter los más de 300 kilos de arroz durante la cocción en la paellera de cinco metros de diámetro.
Se utilizaron 18 quemadores de gas, y trabajaron 15 cocineros durante los dos días previos y 8 chefs el día de la elaboración para preparar alrededor de 1.800 kilos de paella para unas 5.000 personas.
Para la elaboración de esta paella se utilizaron 300 kilos de arroz, 250 kilos de mejillones, 500 kilos entre calamares y camarones, 500 kilos entre pollo y cerdo, 200 kilos de vegetales, 300 litros de agua y 40 litros de aceite entre los ingredientes más destacados.
Las decenas de paellas gigantes han movilizado con los años a más de 30 mil comensales, más de 10.500 horas de trabajo, más de 14 mil juegos de vajilla y más de 1.500 kilos de pan, entre otros elementos.
El encanto de Piriápolis
Piriápolis se encuentra enclavada sobre la costa atlántica uruguaya, a unos 100 kilómetros de Montevideo y a unos 40 de Punta del Este. Fue fundada por el visionario Francisco Piria –de ahí el nombre de la ciudad- en 1890, quien años más tarde construyó el emblemático y colosal hotel Argentino con la firme idea de atraer turismo del otro lado del río de la Plata. Y lo logró con creces, ya que a partir de la década del 30, el encanto de la ciudad la convirtió en el sitio obligado de de miles de argentinos.
Sus amplias y bondadosas playas, que se ubican a lo largo de casi 25 kilómetros de costas, desde los arroyos Solís hasta el hito de Punta Negra, están insertas en un paisaje serrano que le dan un toque distintivo a esta remozada y pujante ciudad uruguaya. Las playas son todas de arenas blancas y aguas limpias y hay un marcado contraste entre el agua calma de la bahía, que por momentos la convierte en una piscina natural gigante, y las que están en el sector sur de la ciudad, detrás del cerro San Antonio, donde el mar abierto hace que las olas sean más intensas y atrevidas.
Los cerros, que parecen querer zambullirse en el mar, y sirven como punto alto para vislumbrar la belleza natural son una de sus principales características. También son un sello distintivo la amabilidad y cordialidad de su gente. Cuenta con un coqueto y vistoso puerto donde se pueden contemplar lujosas embarcaciones y en la salida del mismo un restaurante (“Lo de Juan y Cristina”) donde se pueden degustar exquisitos frutos de mar. Desde ese lugar se erige la aerosilla que conecta la base con el cerro San Antonio, desde donde se tiene una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad.
Una de las excursiones recomendadas, y que sale desde ese mismo punto, para ver la ciudad desde el mar es dar un paseo en barco por la bahía (www.barcosdeleste.com). La duración es de algo más de una hora y el valor es de 350 pesos uruguayos (alrededor de 230 pesos argentinos –menores de 10 años abonan alrededor de 130 pesos, según el cambio). Es un paseo familiar donde los principales protagonistas son los cerros, el mar y las anécdotas de este mítico balneario. Para los amantes de la pesca, también hay paseos o la posibilidad de pescar mar adentro, pero ahí la duración es de 4 horas y el valor es de 450 pesos argentinos.
La amplia hotelería ofrece un variado menú de precios, aunque el promedio para enero está en el orden de los 120 y 150 dólares la habitación doble con desayuno –en febrero un 15% menos-, dependiendo de la comodidad buscada. Y de entre 250 y 300 dólares para una familia tipo. Pero como el gobierno uruguayo dispuso una serie de medidas tendientes a favorecer el turismo, a esos montos hay que descontarle alrededor de un 20 por ciento entre el IVA y los beneficios.