"Por disposición provincial el cine permanecerá cerrado", advierte el cartel impreso en letras negras que alguien colgó en cada una de las puertas vidriadas del cine Showcase en el paseo de compras Alto Rosario. A muchas cuadras de allí, en el complejo Cinépolis (ex Village) otro improvisado letrero pide a quienes compraron entradas anticipadas que conserven el ticket que tendrá validez para canjearse hasta diciembre 2020. La postergada apertura de las salas de cine, advierten desde la industria, pone en duda la continuidad de las empresas más pequeñas y jaquea la economía de unos 500 trabajadores del sector. Pero también hace sentir su impacto en bares, quioscos o lugares de entretenimiento tradicionalmente abastecidos del público de los cines. Algunos incluso cerraron sus puertas a la espera de la próxima función.
Si bien los bares, teatros y el casino ya están funcionando y hay recitales al aire libre y en espacios cerrados; los cines rosarinos aún esperan su apertura, con sus carteleras congeladas en esos añorados días en que el coronavirus era sólo una preocupación en China central.
Desde el inicio de la pandemia de Covid-19, los complejos de cine se ubicaron entre aquellos lugares de "alto riesgo de contagio", de acuerdo a la escala difundida por organizaciones médicas de Estados Unidos. Pero aún en esos mismos estudios, ir a ver una película no figuraba como una actividad más atrevida que asistir a un gimnasio, a un bar, a un concierto de música, un estadio de deportes o un servicio religioso.
A principios de enero, las cámaras empresariales, sindicatos y sectores relacionados con el circuito de exhibición cinematográfica acordaron un protocolo con el Ministerio de Cultura de la Nación para la reapertura de salas y complejos bajo determinadas condiciones: con las salas a una capacidad del 50 %, sanitizadas antes y después de cada función, zonas demarcadas para mantener la distancia social y un adecuado sistema de ventilación.
Sin embargo, las salas sólo abrieron en algunas provincias como Córdoba, Mendoza, Entre Ríos, Jujuy, Chubut y Santiago del Estero. En la ciudad y en la provincia de Buenos Aires, los cines siguen con las persianas bajas. Igual que en Rosario.
Imagen congelada
Pasar por las puertas de los complejos cinematográficos, parece una invitación a viajar en el tiempo. Sus carteleras todavía promocionan los estrenos infantiles de las pasadas vacaciones de verano, como Unidos, la producción de Disney Pixar, o la última producción de la saga de Bad Boys, donde Will Smith y Martin Lawrence interpretan a dos detectives del Departamento de Policía de Miami.
En el complejo Cinépolis, durante mucho tiempo la primera sala multicine de la ciudad, solo tres locales resisten el prolongado cierre del cine: un supermercado, un local de comidas rápidas y una librería. "Que el cine esté cerrado es un verdadero problema", aseguran detrás del mostrador de uno de los comercios que todavía resisten en avenida Perón al 5800.
Y rápidamente explican que la falta de actividad en las salas no sólo les restó clientes, sino que incluso hace que los empleados se sientan más inseguros cuando salen de trabajar entrada la tarde. "El cine le daba movimiento a toda esta zona, sobre todo de noche era lo único que permanecía abierto. Ahora cerrar el local tarde verdaderamente da miedo", señala el encargado de otro local.
Las puertas de las salas del ex Village están cerradas a cal y canto, atrás de dos filas de cadenas pintadas de color rojo y blanco que protegen los ingresos vidriados. En todo el acceso al complejo se promete la llegada de la película "Mullan", otra producción de Disney, que se estrenó en su propio servicio de streaming.
Una esquina "sin vida"
Desde que se inauguró el cine Monumental, allá por 1935, la esquina de San Martín y San Luis se movió al compás de los últimos estrenos. Por eso, no son pocos los comerciantes que aseguran que desde hace un año esa cuadra de la peatonal se quedó "sin vida".
"Si el cine hubiera abierto este último fin de semana largo de carnaval, seguramente nosotros también habríamos trabajado", afirma el encargado de una regalería y rápidamente señala que, en cambio, la zona fue "un desierto".
De hecho, la postergación de la apertura del cine viene de la mano de la de otros comercios. El local de comidas rápidas que se extiende sobre calle San Luis no abre desde marzo, tampoco la tienda de golosinas. "La mayoría de las ventas se hacían antes y después del cine", explican quienes le conocen el tiempo a la peatonal San Martín.
También en los shoppings
Daniel Grecco es gerente de los Cines del Centro, las salas de entretenimiento del Shopping del Siglo. Según advierte, le resulta "inexplicable" que el complejo permanezca cerrado "cuando ya abrieron hace tiempo los teatros y el casino". Desde hace ya casi un año la actividad en la sala se reduce a "lo mínimo indispensable", como poner en marcha los equipos de proyección para mantener el funcionamiento de componentes electrónicos y baterías.
La falta de funciones repercute "claramente" en la vida del shopping de Córdoba al 1600. En el bar que estaba al lado del cine ahora funciona un gimnasio. "La ausencia de los cines molesta y mucho. No solo acá, sino también en el Alto o en el Portal", apunta Grecco y advierte que la postergación de la apertura afecta mucho más a los complejos más pequeños. "Las multinacionales tienen espalda en verde, generalmente también son dueños de los locales. Pero la quietud puede llevar al cierre de los dos complejos locales".
Unas 500 familias en vilo
De acuerdo a datos del Sindicato Unico de Trabajadores de Espectáculos Públicos (Sutep), las salas de exhibición cinematográfica emplean a unos 500 trabajadores y la mitad están repartidos en las cuatro grandes cadenas que funcionan en el territorio santafesino: Showcase, Hoyts, Cinépolis y Cinemark (en la ciudad de Santa Fe). El resto, explica la referente del gremio Marta Sánchez, está repartido "entre los cines tradicionales que funcionan en la mayoría de las ciudades de la provincia".
La sindicalista advierte que los trabajadores recibieron los ATP del Estado y las empresas completaron la diferencia hasta el 75% por ciento del salario; pero aclara que se abonan sólo los básicos, más la antigüedad y la mitad del decreto presidencial de aumento de 4 mil pesos. "No reciben nada de lo que habitualmente hace a sus remuneraciones normales y habituales como es el presentismo, puntualidad, las trasnoches (salario doble) o los feriados. Es decir, no cobran casi nada".
La semana pasada, el sindicato llevó el reclamo a la puerta de la Casa Gris. Para referente del Sutep en Rosario, "es increíble la indiferencia de los funcionarios para con estos trabajadores", sobre todo porque "las empresas cumplieron con todos los requisitos que le exigía el protocolo nacional que fuera elaborado por el ministerio de cultura de la Nación conjuntamente con los empresarios y la organización sindical".
A esta altura, concluye, "la no apertura resulta inexplicable".