Buenos Aires.- Un satélite de casi seis toneladas caería a la Tierra entre el jueves y el sábado, de acuerdo a los parámetros de trayectoria de su reingreso a la atmósfera, aunque todavía no está definido el lugar donde ocurrirá el impacto, indicó la Agencia Espacial Americana (Nasa).
El organismo confirmó que la trayectoria de reingreso del aparato a la atmósfera cambió de 225 a 205 kilómetros en órbita y que en las próximas 48 horas podrán darse más precisiones sobre el lugar y momento del choque contra la Tierra.
A raíz de la inclinación en la órbita del satélite, los componentes “caerán dentro de una zona entre los 57 grados de latitud norte y 57 grados de latitud sur”, dijo la Nasa, que estimó que la huella de los residuos “será de unos 500 kilómetros de largo”.
El Satélite de Investigación de la Atmósfera Superior (Uars), había sido puesto en órbita a 458 kilómetros de la superficie terrestre y con una inclinación de 57 grados, el 12 de septiembre de 1991, por el transbordador Discovery durante la misión STS-48.
Localizar dónde y cuándo caerán los desechos espaciales es una ciencia imprecisa. Por ahora, los científicos pronostican que caerá entre el jueves y el sábado, pero la zona de impacto abarca casi todo el planeta.
No es necesario ponerse a cubierto. El satélite se desintegrará en pedazos y los científicos calculan que las probabilidades que le caigan en la cabeza a alguien son demasiado bajas.
Según se sabe, los desechos espaciales nunca han herido a nadie. Ni tampoco se han reportado daños materiales significativos. Eso se debe a que la mayoría de la superficie terrestre está cubierta por agua y hay vastas regiones de espacios vacíos.
Si alguien se topa con lo que supone es la pieza de un satélite, la Nasa pide que no se toque: la agencia espacial dice que, aunque no contiene sustancias tóxicas, podría tener bordes afilados. Además es propiedad del gobierno estadounidense, por lo que es ilegal conservarlo como recuerdo o venderlo por eBay. La Nasa aconseja que se reporte a la policía.
El satélite de investigación lanzado hace 20 años presumiblemente se desintegrará en más de cien trozos al entrar en la atmósfera y, aunque la mayoría se quemarán, se calcula que 26 de los trozos metálicos más pesados caerán a Tierra.
El mayor pesará unos 135 kilogramos y los fragmentos podrían dispersarse en un área de 800 kilómetros de largo.
Jonathan McDowell no está preocupado aunque está en la zona de posible impacto... junto con la mayoría de los 7.000 millones de habitantes del planeta. Trabaja en el Centro de Astrofísica del Centro Harvard-Smithsonian en Cambridge, Massachusetts. “Hay cosas pesadas que caen del cielo casi todos los años”, observó. Hasta ahora este año, precisó, han caído dos etapas de cohetes rusos.
En cuanto a la probabilidad de que le dé a alguien, “es muy escasa”, dijo McDowell. “Por eso no me calzaré mi casco ni me esconderé debajo de una roca”.
En total, se calcula que caerán 545 kilogramos y que los trozos mayores serán de titanio, acero inoxidable o berilio. (AP y Télam)