El escritor y guinista de historietas Guillermo Saccomanno, destacó hoy que el fallecido dibujante “fue para la historieta argentina lo que Calé para el humor: una marca plástica registrada y realista, una manera de enfocar y retratar la ciudad”.

El escritor y guinista de historietas Guillermo Saccomanno, destacó hoy que el fallecido dibujante “fue para la historieta argentina lo que Calé para el humor: una marca plástica registrada y realista, una manera de enfocar y retratar la ciudad”.
Su “gran hallazgo fue lograr un paisaje absolutamente reconocible en el género de la ciencia ficción y mostrar que la aventura podría desarrollarse en paisajes totalmente cotidianos: para nosotros que éramos pibes, descubrir que la lucha contra el invasor galáctico transcurría en la cancha de River nos partía la cabeza”, aseveró.
Saccomanno consideró que `El Eternauta` -guionado por Héctor Oesterheld (1919-1977)- “significó un corte en la historieta argentina: por un lado tuvo una imagen bien expresionista a cargo de Alberto Breccia, ligado a la plástica; y por el otro el realismo de Solano López, más cercano al cine”.
La primera versión de “El Eternauta” se publicó de la mano de Solano López, entre 1957 y 1959 en “Hora cero semanal”, y comienza una noche fría de truco en Vicente López, cuando Juan Salvo, hombre de familia que maneja una empresita de transformadores, es sorprendido por lo que parece una nevada tóxica que mata a quien le toca la piel. En 1969 existió una segunda versión ilustrada por Breccia: publicada por la revista Gente en 17 entregas de 50 páginas.
Cada una fue lanzada en la misma semana del levantamiento popular conocido como “El Cordobazo”; el cual fue asimilado en la trama por Oesterheld dando inicio a una profundización de su reflexión política (ahora los invasores galácticos se alían a superpotencias mundiales) que culmina con su desaparición ocho años después, en plena dictadura militar argentina. Por otra parte, Saccomanno se refirió a su participación conjunta en la historieta “Calle Corrientes”: “fue un proceso fracturado por algún motivo editorial del momento -se editó en los `80-, un proyecto que murió embrionario pero con el que los dos estábamos muy entusiasmados”, afirmó.
Transcurría en la avenida Corrientes “pero tenía otro sentido -explicó-: corrientes de vida, de historias sanguíneas que fluctúan en esa avenida cargada de mitología -desde el tango a los intelectuales- que conecta todo Buenos Aires, del puerto al cementerio”. “Teníamos el proyecto ambicioso de recorrerla palmo a palmo y aunque se editaron poquísimos capítulos, dos o tres creo, esos capítulos nos tenían muy metejoneados”, rememoró.
“Fue un momento muy pleno, trabajar con él después de haberlo seguido de pibe era como tocar a los dioses, porque lo que muchos encontrábamos en él y en Oesterheld era la confirmación de que la historieta -relegada como género menor- permitía canalizar lo que no podías en otras expresiones artísticas más vigiladas durante la última dictadura militar argentina”, concluyó. (Télam).



Por Gonzalo Santamaría