Iván Fontán, el acusado de arrojar una bengala en un recital de La Renga que produjo la muerte de otro asistente al show, afirmó que “no” sabe si “merece el perdón”, y que “no hay palabras de consuelo” para los familiares de la víctima.

Iván Fontán, el acusado de arrojar una bengala en un recital de La Renga que produjo la muerte de otro asistente al show, afirmó que “no” sabe si “merece el perdón”, y que “no hay palabras de consuelo” para los familiares de la víctima.
En una carta que envió a la edición nacional de la revista Rolling Stone, Fontán habló sobre su viaje desde la localidad bonaerense de Ingeniero White, en las afueras de Bahía Blanca, hasta el autódromo de La Plata donde se organizó el recital, contó cómo vivió el show y la “desesperación” con que vivió los días posteriores tras enterarse de la muerte de Miguel Ramírez.
“Llevé la bengala al recital porque la obtuve y nunca había encendido ninguna, pensé que era un lugar abierto muy grande e iba a ser mi oportunidad, aunque sea alejado de la gente, para no molestar a nadie”, escribió de puño y letra Fontán, de 24 años y empleado en la oleaginosa Glencore (ex Moreno).
El show de la banda formada en el barrio porteño de Mataderos tuvo lugar el 30 de abril en el autódromo de La Plata. El 9 de mayo falleció Ramírez, de 32 años, razón por la que ayer el grupo de rock anunció la postergación de la gira que realizaba para presentar el disco “Algún Rayo”.
“Quedé paralizado, jamás pensé que me podía pasar eso, no pude disfrutar del resto del show a la distancia, y me fui a naufragar a la marea del pogo”, señaló. Fontán reveló que le “dolía pensar” que pudo “lastimar a cualquier persona del autódromo, incluso a trabajadores, músicos, niños, amigos. Cuando me enteré del accidente sentí un profundo vacío, un dolor muy grande y la necesidad de dar la cara”.
Fontán fue apresado el 10 de mayo en Ingeniero White, y puesto a disposición de la Fiscalía 7 de La Plata, ciudad desde donde contestó a la revista de rock: “Para este tipo de casos no hay palabras de consuelo ni tampoco sé si merezco perdón. Al momento de querer llamar (a la familia de Ramírez) pensé más en brindar cualquier tipo de ayuda para su recuperación, lo que fuere que estuviese a mi alcance. En la desesperación era capaz de cualquier cosa”.
Mientras lee en prisión “El hombre en busca de sentido”, del psiquiatra Víctor Frankl, y “El símbolo perdido”, de Dan Brown, cuenta con el asesoramiento del abogado Gustavo Avellaneda. El letrado admitió también a Rolling Stone que Fontán “llevó, una bengala”. (DyN)



Por Nachi Saieg

Por Lucía Inés López