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Los cinco errores que no hay que cometer ante el inminente fin del mundo

La predicción de Harold Camping, que aseguró que, según sus estudios matemáticos de las Sagradas Escrituras, pasado mañana se termina el mundo disparó una andanada de decisiones apresuradas que, si la profecía no se cumple, inevitablemente se lamentarán. Acá los consejos de LaCapital.com.ar para no cometer una equivocación grosera al enterarse de que el Apocalipsis es inminete.

Miércoles 19 de Octubre de 2011

Desde que se dio a conocer la predicción maya de que el 2012 llegará el fin del mundo, es difícil no pensar qué hacer ante semejante adversidad. Muchas son las ideas que se cruzan por la cabeza, la primera y más mundana es aquella a la que la picardía popular asocia con el anuncio cataclísmico: "¡Chocan los planetas...!

Hoy las ideas estuvieron a un triz de covertirse en actos. Y todo porque el profeta apocalíptico Harold Camping anunció que pasado mañana, viernes 21 de de octubre, se consumará el tan temido fin de los tiempos. Según, claro, sus cálculos matemáticos basados en los indicios que, sobre la cuestión, hace La Biblia.

En este momento, no hay nada mejor que tener una guía de qué hacer y todavía mucho mejor qué no hacer ante la inminencia del fin. LaCapital.com.ar da cinco tips para no cometer errores garrafales apurados ante la cercanía del desenlace.

1- Confesar lo inconfesable: ese secreto que uno atesora desde siempre en lo más profundo del corazón, eso que no se atrevió a contar a nadie por nada del mundo, que tantas veces se mordió los labios para no abrir la boca, que imagina que si lo dice puede causar una hecatombe, seguramente lo hará. No lo dude, si habla, si le dice a ese amigo, a esa novia, a ese compañero de trabajo, eso que nunca por pudor, por miedo, por prudencia, eso que jamás se atrevió a decirle, las consecuencias serán terribles. Explosivas. Nunca, jamás, se deje llevar por los arrebatos de sinceridad frente al abismo. Los otros, que es bien sabido son el infierno tan temido, nunca lo tomarán a bien. La honestidad brutal, no recomendable ni frente al fin de los tiempos.

2- Confesar amor eterno: salvo que lo hayan contratado para protagonizar una película de Hollywood, la remake de "Notting Hill" o de "Sintonía de amor", inclusive la de "Tienes un e-mail", que es malísima pero que igual alimentó la industria global de pañuelos descartables, tómese un minuto, reflexione y piense con sumo cuidado si sus palabras, que no cabe ninguna duda son sinceras, son oportunas. No olvide que así como usted está enterado del inminente fin del mundo, su enamorada/o también lo está y si no sufre de un problema mental grave sin mucho esfuerzo se dará cuenta de que esta "eternidad" amorosa de la que se jacta no será muy prolongada, se terminará con el Apocalipsis que tanto usted como ella/él saben inminente. Y no hay nada peor para el enamorado que saber que el amor tiene fecha de vencimiento.

3- Confesar lo que realmente piensa de su jefe: seguro que ni bien se entere de las predicciones mayas o la más inminente del pastor Harold Camping, el primer impulso será salir corriendo, con la agilidad y la velocidad de un velocista olímpico, con una sola meta: cantarle las cuarenta a ese/a hombre/mujer que a diario le dice lo que tiene que hacer en ese tan querido segundo hogar que es el trabajo. Querido, amado, adorado, si no fuera por el jefe, que cuando no se peleó con la mujer, se perdió el ascenso con el que soñaba desde su más tierna edad o peor se levantó de buen humor y no tiene mejor idea que tomarlo como el blanco de sus chanzas. No lo haga. Ponga freno a ese sprint enloquecido, no sea cosa que termine chocando con esa pared de granito que es la realidad: nada es más devastador que la ira del jefe, ni el Apocalipsis.

4- Confesar que hizo lo que dijo que no hizo: puede ser algo tan trivial como haber votado a Menem, algo que hicieron muchos más argentinos que los que realmente lo admiten, o pasarse las noches con la nariz pegada al televisor mirando el programa de Tinelli, y lo que es peor de todo, no por las bailarinas que exhiben su destreza y sus curvas en la pista de baile, sino para escuchar las "devoluciones" del jurado, o algo realmente importante, como que fue el autor de esos incontables robos hormiga de los que fue víctima el monedero de la vieja o que fue usted y nadie más que usted quien rompió el jarrón de la dinastía Ming que engalanaba la sala de la casa de sus suegros y que una mañana, después de una noche agitada, terminó hecho añicos. Esos crímenes no prescriben, ni siquiera un segundo antes del fin de los tiempos.

5- Confesar la verdad en las redes sociales:
si en ese momento, cuando se hace la luz y uno ve con claridad meridiana que llegó la hora de la verdad, tiene la desgracia de tener frente a sus ojos la brillante pantalla de la computadora, no se atropelle por decir qué está pensando en Facebook y mucho menos no exprima su creatividad para contarles en 140 caracteres lo que realmente esté pasando por su cabeza a sus seguidores en Twitter. Mire si justo ahora, cuando al mundo le quedan unos pocos días, unas pocas horas, unos pocos minutos, va a revelar su verdadera situación sentimental, sus verdaderos estudios, sus verdaderos intereses, porque aunque sea fan de la página oficial del MIT o de la Sorbona seguro que su interés en la "red social" es otro, inconfesable, incluso en tan emotivo momento.

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