Después de dos décadas en el espacio, el Satélite de Investigación de la Alta Atmósfera (Uars) penetró ayer en la atmósfera terrestre sobre el océano Pacífico, al noroeste de EEUU, sin informes de daños ni heridos, pero la Nasa continúa investigando el paradero de sus restos.
El Uars, de 750 millones de dólares y de más de 5,5 toneladas, regresó sin control a la Tierra en medio de gran ansiedad y conjeturas en las redes sociales sobre el lugar y momento precisos de su llegada ante la posibilidad de que cayese en un centro poblado. Ayer pudo verse una filmación tomada a bordo de un buque de guerra norteamericano que registró la desintegración del aparato.
La Nasa calcula que los restos del satélite cayeron a la Tierra “entre las 03.23 GMT y las 05.09 GMT” (entre las 0.23 y 2.09 de Argentina) sobre una franja de unos 804 kilómetros.
Durante una conferencia telefónica, un vocero de la Nasa reconoció ayer la dificultad de precisar el lugar donde cayeron sus desechos debido a la extensa dimensión del área.
“No sabemos dónde fue exactamente el punto de reingreso (a la Tierra) ni el campo con los deshechos... probablemente nunca lo sabremos”, admitió Nick Johnson, principal a cargo del programa para el manejo de “basura orbital”.
“No he visto informes creíbles de que haya personas que han recuperado restos, pero estaremos pendientes y si recibimos algún informe, trataremos de verificarlo y comunicarlo”, aseguró Johnson, quien reiteró la teoría de que la mayor parte del satélite cayó al Pacífico.
El científico señaló que “no se trata de una situación única” ya que la Nasa registra aproximadamente una vez al año el reingreso a la Tierra de basura orbital del tamaño de los componentes de un satélite.
Ante la falta de datos claros, Johnson dijo que no se descarta que algunos pedazos del Uars hayan caído en algún lugar del noroeste de Norteamérica, posiblemente incluso en el estado de Washington, en la costa oeste de EEUU.
La noche del viernes, la agencia espacial estadounidense había indicado que partes del satélite pasarían sobre Canadá y frica, así como sobre vastas áreas de los océanos Pacífico, Atlántico e Indico.
Según las autoridades, se trata de la primera caída no controlada de un satélite desde 1979, cuando tanto la estación espacial Skylab, de 70 toneladas, como el satélite Pegasus 2, de diez, se precipitaron a la Tierra.
La estación espacial rusa Mir, de unas 135 toneladas, atravesó la atmósfera en 2001 directo al Pacífico, pero de forma completamente controlada.
Del tamaño aproximado de un ómnibus y con un peso de más de 5,5 toneladas, el Uars en realidad representaba un riesgo muy remoto para la seguridad de las poblaciones, según dijo la Nasa a lo largo de dos semanas de rastrear su trayectoria mediante simulaciones.
La probabilidad de que alguno de los restos alcanzara a una persona era de una entre 3.200, según las autoridades estadounidenses.
Los científicos calculaban que el Uars se desintegraría en una enorme bola de fuego al entrar a la atmósfera, pero unas 26 grandes piezas del artefacto compuestas de acero inoxidable, titanio y berilio podían soportar las altas temperaturas del reingreso.
Aunque la Nasa señaló que el satélite, propiedad del gobierno de EEUU, no albergaba materiales considerados peligrosos, sí aconsejaron nuevamente al público que no toquen sus restos y se comuniquen con las autoridades.
El transbordador Discovery había transportado el 15 de septiembre de 1991 el satélite, de 10,6 metros de altura y un diámetro de 4,5 metros, que fue diseñado para estudiar los componentes químicos en la atmósfera y los efectos de la contaminación. (AP)