El Papa Francisco instó ayer a los “príncipes” de la Iglesia Católica, divididos por una serie de escándalos, a no ceder al desaliento, la amargura o el pesimismo y mantenerse enfocados en su misión. Desde que fue elegido el miércoles como el primer Papa no europeo en casi 1.300 años, Francisco dio señales de querer dar un cambio brusco en el estilo de su predecesor, Benedicto XVI, y trazó un camino claro para una Iglesia de 1.200 millones de fieles que se ha visto acosada por escándalos, intrigas y luchas internas. “No debemos caer en el pesimismo, en esa amargura que el diablo pone ante nosotros cada día. No debemos ceder al pesimismo y el desaliento”, dijo Francisco a los cardenales congregados en la sala clementina del Vaticano. Estableciendo un tono moral claro y contundente, Francisco dijo el jueves a los cardenales que deben atenerse a las raíces evangélicas de la fe y huir de las tentaciones modernas, de lo contrario la Iglesia corría el riesgo de convertirse en un grupo de caridad sin una misión divina. Sus primeras acciones sugieren que dará un nuevo estilo al papado, en favor de la humildad y la simpleza en lugar de la habitual pompa y majestuosidad que caracterizan al Vaticano.
Estilo casual. El pontífice se dirigió ayer a los cardenales en italiano en un texto preparado, pero con frecuencia añadió comentarios improvisados, en lo que ya se ha convertido en un sello que contrasta con el estilo más rígido y formal de Benedicto XVI. Llamó a los príncipes de la Iglesia “hermanos cardenales”, en lugar de “señores cardenales” como lo hacía su antecesor. Vestía su primera sotana blanca sin la tradicional muceta, zapatos negros, la cruz de metal y gafas de patillas demasiado cortas, que se tenía que colocar bien de vez en cuando. Era la imagen de la sencillez. Con gesto pausado y saltándose el guión escrito en varias ocasiones, hizo un elogio de su propia “vejez” y de la del resto de los cardenales y la equiparó “al buen vino que mejora con los años”. Agradeció a su vez la labor de Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, y a Tarcisio Bertone, camarlengo y secretario de Estado, por su “obra delicada en esta fase de transición”, en referencia a la Sede vacante.
Tropezón. El Papa, de 76 años, estuvo a punto de caer cuando bajó de la tarima para saludar al cardenal decano. Al final, en el saludo individual a cada uno de los purpurados, uno o dos le comentaron entre bromas la anécdota, quizá para aconsejarle que tuviese cuidado. Francisco abrazó a algunos de ellos, les dio palmadas en la espalda, y rió animadamente.
Luego algunos cardenales africanos se acercaron con objetos de devoción —rosarios, cruces— para que se los bendijera. Lo más refrescante fue su reacción cuando el cardenal sudafricano Wilfrid Fox Napier le enseñó una pulsera de plástico de color amarillo. El Papa leyó el texto escrito, sonrió y se puso la pulsera, que no se sacó hasta terminado el encuentro. La misma tiene dibujado un pez, utilizado como símbolo de Jesucristo desde los primeros cristianos. El lema escrito: «Credo Dómine» (Creo, Señor).
En alrededores del Vaticano ya se vende el souvenir
Ayer, menos de 48 horas después de su sorpresiva elección, el rostro sonriente del Papa Francisco pudo verse en cadenas y tarjetas de recuerdo envueltas con rosarios en los puestos de souvenires que se encuentran en las cercanías de la Plaza San Pedro.
Pequeñas bolsas plásticas que contienen una foto de Francisco y un rosario también se conseguían a siete euros (9 dólares) en el puesto de Antonio Cardone, y postales que muestran al nuevo Papa se vendían velozmente a 50 centavos.
"Esperamos que lleguen más cosas en los próximos días", dijo Cardone. "Especialmente cuando el Papa sea presentado oficialmente el martes", agregó.
Otro vendedor, Stefano Di Segni, dijo que sus proveedores estaban teniendo dificultades para cumplir con la demanda ahora que había terminado la incertidumbre sobre quién sucedería al renunciante Benedicto XVI.
Cerca de allí, afuera de una tienda de libros de la Ciudad del Vaticano, los turistas se agolpaban alrededor de láminas con la cara del nuevo Sumo Pontífice de un lado y extractos de sus primeras palabras cómo máximo líder de la Iglesia Católica del otro.
Di Segni dijo que lo más popular en su tienda era todavía un rosario con la imagen del Papa Juan Pablo II, que murió en el 2005, pero que Francisco tenía el potencial de convertirse en alguien tan venerado como su amado antecesor polaco.