Embargados por la emoción y la esperanza de un cambio, miles de latinoamericanos se congregaron ayer en la plaza de San Pedro del Vaticano para el primer ángelus de Francisco, el carismático Papa argentino que seduce al mundo con su sencillez.

Embargados por la emoción y la esperanza de un cambio, miles de latinoamericanos se congregaron ayer en la plaza de San Pedro del Vaticano para el primer ángelus de Francisco, el carismático Papa argentino que seduce al mundo con su sencillez.
"Es el Papa de todos, no es más argentino", afirma Diego Delfina, un operario argentino de 33 años que vive en Ancona, en medio de un mar de banderas, la mayoría argentinas, pero también de México, Perú, El Salvador, Chile o Brasil.
"Espero que cambie muchas cosas en una Iglesia justamente criticada", agrega en medio de una muchedumbre entusiasta que corea "¡Viva el Papa! ¡Viva el Papa!".
Como él, muchos fieles coinciden con esa necesidad de dar nuevos aires a la Iglesia Católica y de acercarla más a los creyentes, especialmente los más desfavorecidos, de los que el ahora Papa siempre ha estado cerca.
"No es que vaya a cambiar la Iglesia, pero la va a refrescar, le va a dar una fuerza nueva", dijo el padre Francisco, un sacerdote colombiano, vestido con su austero hábito gris de franciscano. "Somos los pobres los que creemos más en la Iglesia, especialmente en Latinoamérica. Los europeos nos evangelizaron y nosotros somos el fruto", agrega agitando una bandera de su país.
La argentina Maria Paola Daud, de 40 años, está convencida de que este Papa es "lo que le faltaba" a la milenaria institución. "No era esperado pero en cinco minutos conquistó a todos", agrega ante la atenta mirada de sus hijos, Francisco y Jesús.
"Esa simplicidad que tiene el Papa me emociona. Se ve que es una persona que quiere transmitir a la gente la cercanía con su Papa", explica sor Luisa, una joven religiosa chilena de la comunidad de Santa Marta. "Necesitábamos un Papa que tuviera otro carisma", agrega, destacando la gran cantidad de jóvenes que están "recibiendo bien" a este pontífice. "Los jóvenes son la fuerza de la Iglesia", afirma.
Aníbal Puetate, un ecuatoriano llegado especialmente para conocer al nuevo Papa, expresa su sorpresa de que sea el Pontífice quien pida que se rece por él.
En esta comunión, cualquier comentario sobre las acusaciones de posible pasividad del Papa durante la dictadura militar argentina (1976-1983) se topa con un férreo rechazo de los peregrinos. "Si (el argentino premio Nobel de la Paz 1980 Adolfo) Pérez Esquivel lo desmintió, yo le creo a él. Además, era demasiado joven", afirma Liliana Vallina, una rosarina de 52 años instalada en Roma desde hace cuatro, convencida de que "será un gran Papa".


