La caverna de las Brujas parece a lo lejos una hendija en la ladera del cerro Moncol, en el sur de Mendoza, pero mide unos ocho metros de ancho y dentro de la montaña se estrecha y prolonga en unos cinco kilómetros de oscuridad, que al alumbrarla ofrece un paisaje sorprendente, con galerías, abismos y raras formaciones.
Estalactitas, estalagmitas, columnas, mantos, chorreos, salas y profundas grietas son allí el resultado de movimientos sísmicos, acomodamientos y otros procesos, en especial la circulación de agua y lodo, en los que la terminación fina la dan los goteos de millones de años.
“Las entrañas de la montaña” o “el corazón del cerro” son las frases más comunes con que en la zona se refieren a este recorrido y, en una tendencia de buscar figuras antropomorfas, esos conductos naturales podrían compararse a las ramificaciones de un aparato digestivo, todo en escala gigante.
Esta reserva natural, a 71 kilómetros al sur de Malargüe por la ruta 40 y caminos de montaña, fue declarada área protegida en 1990, por lo que sólo se puede ingresar con guía autorizado y tras gestionar la visita en esa ciudad.
Tras pasar esa hendija de casi dos metros de alto en la ladera este del cerro, a 1.930 metros de altitud, se entra en una penumbra absoluta, que sólo rompen las linternas de los cascos que proveen los guías al llegar a la primera sala, la de la Virgen.
Este espacio, que debe su nombre a que una de las formaciones es similar una imagen de la Virgen, mide unos 30 metros por 20 y seis de alto, pero esta amplitud se acaba pronto y hay que internarse por estrechos pasadizos y hasta arrastrarse por túneles en zigzag, con pendientes ascendentes y en declive.
Otras formas también llevan el nombre que su imagen sugiere, como el Chancho, la Boca del Tiburón, la Calavera, y de la Estalactita Gigante, que mide 1,58 metro de alto y 1,26 de diámetro.
El piso es sólido, suave y resbaloso, casi siempre húmedo, por lo que es necesario calzado con suela labrada, y tiene numerosos escalones naturales, a los que los guardaparques agregaron sogas para ayudarse en la subidas, además de redes de contención en zonas de grietas y un par de escaleras de metal. l
































