¿En qué momento el cine clase B se convirtió en objeto de culto? ¿Por qué se revalorizó ese tipo de películas que se hacen con todos los artificios que la norma y el "buen gusto" mandan desterrar? Quentin Tarantino o Robert Rodríguez, con algunas de sus películas y cada uno con sus matices, homen ajearon a un estilo que en su momento fue el hijo no reconocido de los grandes estudios de Hollywood. Rodríguez acaba de estrenar en Argentina una muestra de aquello con "Planet Terror", un tributo a los hoy admirados marginales de la década del 30. La calificación de "clase B" va de la mano con la bizarría, adjetivo al cual el uso distorsionó tanto como a la valoración de aquella clasificación. De hecho "bizarro" se define como "valiente, generoso, lucido, espléndido". Nada parecido a la acepción actual. Cuando Tod Browning pateó el tablero con "Freaks" quizás no pensó que estaba dando las primeras puntadas sobre un tapiz que con el tiempo sería histórico. Tarantino rindió un grandioso homenaje al clase B en "Tiempos violentos". Otro recordado ributo fue el que le rindió Tim Burton en sociedad con Johnny Depp, otro fan de aquello que roza lo freak. "Ed Wood" fue tal vez el momento más alto del homenaje a la clase B, el freak y lo bizarro con su evocación de uno de los directores más esperpénticos del Hollywood marginal que rodaba sobre zombies, muertos vivos, ambigüedades sexuales, monstruos y extraterrestres. Y que hizo historia. Una historia que se transformó, casi, en una de las manifestaciones más cool del genio y el humor.

































