Cultura y Libros

Contra Franco vivíamos mejor

La frase del título, atribuida al escritor barcelonés Manuel Vásquez Montalbán y lanzada en medio del Destape español, expresa como pocas la notable densidad de la nostalgia.

Domingo 25 de Febrero de 2018

La frase del título, atribuida al escritor barcelonés Manuel Vásquez Montalbán y lanzada en medio del Destape español, expresa como pocas la notable densidad de la nostalgia. Con toda probabilidad no se refiere a todos los años de los cuarenta en que el dictador español dictaminó a su antojo la realidad española hasta que la muerte se lo llevó, en 1975.

El contexto de la frase del creador del célebre detective Pepe Carvalho (famoso también por su cocina y por la irreverencia de encender el fuego del hogar con algunos libros) son los últimos años del franquismo y los encendidos años de la transición española. Es decir, el pasaje de la dictadura a la democracia. Es el destape del sexo, de la libertad, del arte y de la política. A la vez son los años del famoso Pacto de la Moncloa, el acuerdo en la cumbre con el que España configuró su democracia cuyo resultado es la Constitución de 1978.

Se trata del pacto que se hizo objeto de culto entre nosotros de la mano de los dos oráculos mayores de la época, Mariano Grondona y Bernardo Neustadt, para quienes fue sinónimo de madurez política y social. Una madurez consistente en olvidar el pasado para acceder al futuro (no investigar la dictadura, ni la guerra civil, algo no conveniente ni a derecha ni a izquierda). El caso es que la Barcelona en la que aterricé en la segunda mitad de los setenta se entusiasmaba respirando libertad aunque poco a poco los aires se fueron contaminando. Por una parte, por la violencia independentista de ETA, la organización terrorista que fue heroica contra Franco, pero sembró el terror en la democracia. Por otra parte un sesgo de desencanto apenas visible impregnaba la visión de unos cuantos que empezaron a sentir que si esto era la democracia… quizás "contra Franco vivíamos mejor".

Es por entonces que un espécimen salido del vientre franquista se encargó de la transición. Se llamaba Adolfo Suárez, un desconocido nada ilustre, un ser más bien gris que contrastaba con la brillantez socialista del Felipe González de aquel entonces. Unos años antes el temido dictador anunció quién sería su sucesor: electo por el propio dictador, resultó ser el futuro rey Juan Carlos I. El Generalísimo Franco (así le llamaban) lanzó ahí la que fue quizás su máxima sentencia: "Todo está atado y bien atado". Obviamente se refería a que, si bien finalmente se iba a morir dado lo inevitable del destino final, iba dejar todo el poder acumulado en orden. En suma, con las órdenes para el futuro, por aquello de que a la muerte del cuerpo no le sigue necesariamente la muerte del alma con lo que en definitiva el dictador iba a seguir dictando post mórtem.

Ambas sentencias se juntarán de alguna manera para bailar una extraña e invisible danza determinando buena parte del presente con sabor a pasado en la España actual. "Todo está atado y bien atado" y "Contra Franco vivíamos mejor", bailan en el inconsciente colectivo de españoles y catalanes determinando sus políticas y quizás hasta sus emociones.

No puedo menos que ver la agitación de mi abuela Faustina (entre navarra y vasca ella) con los paños fríos para sus célebres y terribles dolores de cabeza si fuera hoy testigo del enfrentamiento entre España y Cataluña. Faustina es buena parte de lo mejor de mi infancia. Me hablaba de su amada España y me leía las noticias políticas de diarios que no sé cómo conseguía. Me explicaba qué era una dictadura y quién era Franco, todo a pesar de los reproches críticos de sus hijas, entre ellas mi madre. El exhorto de las hijas exigía de mi abuela dejar el sufrimiento por la república y el odio a Franco. El pasado, pisado sentencia un estúpido refrán: "Basta de hablarle al chico de todas esas cosas". Sin embargo, Faustina siguió insistiendo con su relato. Es que ahí se arraigaba una parte importante del sentido de su vida, de la cual ya había extirpado la religión. Ella, que un día vino a pasear a la Argentina y para su sorpresa se quedó definitivamente en esta tierra dejando seis hijos junto a mi abuelo vasco. Por mi parte no sé muy bien qué entendía, pero la escuchaba fascinado.

Más de sesenta años después del relato de mi abuela el mundo está lleno de grietas. Grietas entre los pueblos y grietas dentro de los pueblos. El listado de grietas puede que sea interminable: ricos, pobres, negros, blancos, jóvenes, viejos, hijos, padres, políticos, apolíticos, hombres, mujeres, y demás polaridades concebidas y por concebir. Habría que poder reconocer lo que ya se sabe, lo que todo el mundo de alguna manera sabe: las grietas no tienen solución. Ni siquiera las que todavía no han aparecido. Al menos en el sistema hegemónico imperante en el mundo regido por la voracidad financiera. Un orden de las cosas que se reitera año tras año, siempre con el mismo resultado: la ampliación de la gran grieta entre la riqueza y la pobreza.

Desde hace tiempo hay una grieta política y económica entre Cataluña y España. ¿Cómo, Cataluña no es España? Por lo que se ve, no. Por lo que parece, no. ¿Históricamente? No es tan simple la respuesta. Mucho menos en los límites de este artículo. Lo que cuenta dentro de dichos límites es una reflexión posible con relación al conflicto entre España y Cataluña. Por lo que importa en sí mismo y por lo que importa para el mundo. Dos sentencias distintas atravesando corazón y mente de ambos pueblos, o naciones, o culturas, pero todo en la misma península. ¿Es posible que todo pueda estar atado y bien atado? El sueño máximo de todo dictador y de toda dictadura es regir el orden de las cosas. Mucho más importante que poner las cosas en orden. No es restablecer el orden. Es instalarlo pero de un modo definitivo. Nada entra, nada sale. Un dogma laico para detener el tiempo. Por su parte, en la nostalgia las cosas están en orden, porque el tiempo está congelado. Para descongelar España seguramente Faustina propondría un referendo. No sólo en Cataluña. En toda España. No para decidir o no la independencia de Cataluña. Para decidir si España debe sintonizar en Modo monarquía o en Modo república. Para que toda España funcione en Modo presente.

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