Policiales

Imputaron a cuatro familiares de una chica muerta de un tiro en su casa

Joana Aquino tenía 16 años y murió de un solo disparo en su casa del barrio La Bombacha. Los acusados por el crimen, el padre entre ellos, alegaron ser inocentes.

Viernes 26 de Junio de 2015

“Quiero que se sepa la verdad. Que vuelvan a allanar mi casa”, reclamó el padre de Joana Aquino, la chica de 16 años muerta de un balazo el lunes en su casa del barrio La Bombacha. La circunstancia era poco común, ya que estaba declarando como acusado junto a tres familiares también detenidos bajo cargos de homicidio. Aunque la chica murió por un solo disparo, los cuatro fueron imputados como autores materiales de la muerte.
  En una reacción esperable todos los imputados quisieron hablar, algunos ahogados en llanto, y contaron qué estaban haciendo cuando retumbó el tiro en la pieza donde hallaron a Joana desvanecida en un sofá. Aún no está claro qué pasó allí, pero lo cierto es que ante esa imputación genérica —”elástica”, dijo la jueza Marcela Canavesio— y la falta de evidencias —no están listos los dermotest y la pericia del arma— a todos les concedieron la libertad con el compromiso de presentarse semanalmente en la fiscalía, mientras sigue la investigación.

Defensa. Así cerró ayer, luego de dos horas, la audiencia imputativa a los familiares de Joana. La jueza no hizo lugar a un pedido de la defensora pública Nora Gaspire para que se declare nula la imputación por entender que eso no perjudicó a los implicados sino que les dio la oportunidad de defenderse. Sí resaltó que “difícilmente cuatro personas puedan realizar la misma acción” y que se trata de “un hecho complejo” con “diferentes hipótesis investigativas” entre las que aún no se descarta el suicidio.
  “¿Estamos en presencia de un hecho típico? Ni siquiera se sabe si el arma secuestrada es la que ocasionó la muerte”, analizó la jueza. Como a su entender las evidencias son livianas dispuso “de oficio” la libertad de los cuatro implicados, pese a que la fiscalía había pedido postergar hasta hoy la discusión sobre la prisión preventiva.
  Canavesio dispuso que fueran excarcelados luego de que se realice una nueva requisa en la casa de Schweitzer 8386 a pedido del padre de Joana en busca de una segunda arma de la que se tuvo sospecha en los primeros minutos pero cuya existencia fue desestimada por los fiscales Mariana Prunotto y Adrián Spelta.

Confuso. La chica murió el lunes a la noche, luego de que su padre y su madrastra la llevaran en auto hasta el Hospital de Niños Zona Norte con un tiro que le había atravesado el pecho sin orificio de salida. Como el hecho era confuso la fiscalía ordenó a detener a cinco personas que estaban en la casa al momento del disparo, entre ellos un chico de 17 años que hasta ayer al mediodía estaba en el Irar a disposición de la jueza de Menores Gabriela Sansó.
  Según explicó la fiscal, en la casa se halló un arma de fabricación casera calibre 22 largo con un mecanismo rudimentario. Los peritos primero dijeron que no tenía aptitud para el disparo y por eso se buscó una segunda arma. Pero luego se determinó que funcionaba. A la chica le extrajeron un proyectil que será cotejado con esa pistola y se esperan los dermotest realizados a la víctima y a los acusados.

Familia. Los imputados son el padre de la chica, Ricardo Aquino, un albañil de 35 años al que le dicen Caly; su pareja Alicia O., de 33, quien trabaja como empleada doméstica y tiene tres chicos; el hijo mayor de la mujer, Claudio Fabián S., también albañil de 18 años, y su novia Verónica P., de 20 y embarazada de tres meses. Llegaron a la audiencia esposados y con las zapatillas sin cordones que delataban haber pasado la noche presos.
  Joana vivía con ellos desde el año pasado en la casa donde se afincó Caly tras formar pareja con Alicia y reunir una familia numerosa. De su primer matrimonio tenía cuatro chicos a cargo de la madre en Calchaquí, en el norte santafesino. Decidió traer con él a Joana, la mayor, “porque estaban solos, no tenían a su madre al lado”. Los otros chicos quedaron al cuidado de sus abuelos maternos.
  Los acusados dijeron que Joana se llevaba bien con todos. Que no tenía celular y por eso se comunicaba con su madre desde el teléfono de Alicia. Que había dejado de estudiar, se ocupaba de las tareas de la casa y acompañaba a su cuñada a los controles de maternidad. Señalaron que su ánimo era cambiante porque extrañaba mucho a sus hermanitos, de quienes recibía noticias enviadas por sus tías por WhatsApp. Su papá contó que escribía poemas pero nunca se los mostraba porque eran parte de “su intimidad”.

Agravado. La fiscal Prunotto acusó a todos de haber efectuado el disparo en presencia del resto. Es decir, como autores de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. En el caso de Aquino calificado por el vínculo, lo que prevé perpetua. Además les achacó la tenencia de una “pistola monotiro de carga manual posiblemente usada en el hecho” y el delito de encubrimiento por “ocultar el arma, alterar la escena y no avisar a un servicio de emergencias”.
  A continuación precisó que la muerte ocurrió en la pieza de los varones, donde Joana recibió un disparo que le atravesó el hombro derecho, ingresó por la axila y se alojó en la cuarta costilla izquierda. Desestimó la idea del suicidio o muerte accidental porque ella era diestra y porque el arma, rudimentaria, exigía tirar la cola del disparador, introducir la munición y recién después gatillar, sin expulsión de la vaina.
  Además dijo que el médico forense consideró “extraño para un suicidio” el lugar por donde entró el proyectil.

Similares. Los cuatro familiares quisieron declarar, lo que obligó a retirarlos de la sala para que no se escucharan entre ellos. Todos contaron algo similar. Que esa noche Claudio estaba el sillón del comedor con su hermano de 17 años mientras Ricardo realizaba una carpeta en el piso del patio. Joana y su cuñada calentaban la comida. Sobre las 21.20 llegó Alicia de trabajar junto con su nene de 8 años, al que había llevado con ella. Fue al patio a saludar a su marido, le pidió a Joana que pusiera a cargar su celular y fue al baño. Pasaron unos minutos hasta que sonó el disparo y todos se agolparon en la pieza.
  En este punto surgen algunas lagunas. La más precisa fue Alicia. Contó que al entrar a la pieza vio a su hijo adolescente de pie junto a Joana. “Le acariciaba la cara y el pelo, y le hablaba”. Ella preguntó qué había pasado y él respondió: “Nada, nada”. La chica estaba en un sofá caída sobre el costado derecho, con los pies en el piso, y bajo su mano asomaba la culata del arma. Confió que la había comprado para protegerse del “vandalismo” en el barrio y que sólo le develó su existencia a Joana porque era quien limpiaba la casa. La escondía en ese mismo sofá, debajo del almohadón, con dos cartuchos. “Para mis hijos —dijo llorando la mujer— ella era todo. Nosotros eramos su familia. Ella era una hija para mí, una compañera, era todo”.
  Conmovido, el padre de Joana contó luego que escuchó el disparo desde el patio y se puso muy nervioso. “Lo único que hice fue mirarle la cara. Estaba mal”, recordó, pero ante preguntas de Spelta sostuvo que recién supo que estaba herida de bala al llegar al hospital porque no preguntó antes qué había pasado. Reclamó una nueva requisa para dar con el arma homicida.

Imprecisa. La defensora Gaspire atacó la imputación por “incongruente, imprecisa, débil y contradictoria con la acusación de encubrimiento”. Remarcó que nadie ocultó el arma, hallada por la policía sobre el mismo sofá. “Es gente muy sencilla, humilde, de trabajo. Es la primera vez que pasa por una situación así”, enfatizó.
  La nulidad no prosperó, pero quedaron todos en libertad. “Hay un caso serio a investigar. Hay un menor mencionado. El abanico imputativo es amplio”, advirtió Canavesio, quien consideró que la imputación “no sirve como sustento” de una medida encierro. Al salir, la fiscal Prunotto dijo a la prensa que la fiscalía maneja varias hipótesis y que en una semana estarán los resultados de las pericias técnicas.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS