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Tik Tok se convirtió en un éxito en la pandemia y encendió de ira a Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arremetió contra Tik Tok, la aplicación china que se convirtió en un éxito de escala planetaria ni bien estalló la pandemia. Con más de 2.000 millones de descargas, despierta sospechas y envidias. 

Martes 04 de Agosto de 2020

¿Todavía no sé cómo se usa Tik Tok y ya la quieren hacer desaparecer del planeta? Como a Snapchat, que cuando finalmente logré que mi hija me enseñara a usar la aplicación se pasó de moda, o mejor, Instagram la aplastó como a una mosca molesta haciendo un “copy & paste” de sus funciones más atractivas. Porque, aunque usted no lo crea, las stories que tanto lo entretienen y entusiasman de Instagram son un un invento de Snapchat, como las fotos que se envían por privado y solo pueden verse una vez y que fueron el verdadero secreto de su éxito, porque les daban una cierta garantía de privacidad los millennials cuando jugaban el juego que mejor juegan y más les gusta: el sexting.

Todo eso fue hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, hoy, en un planeta preso de la pandemia de covid, el sexting está legitimado por autoridades nacionales de Salud y la red social que infectó a mundo es otra bien distinta, Tik Tok. Sí, Tik Tok, la red social china que le puso los pelos de punta a Donald Trump. Bueno, está claro que la paciencia no es un don con el que Dios haya sido bendecido a este buen hombre. Sus arrebatos, sus berrinches, sus tuits incendiarios de madrugada lo dejan bien en claro, enojan a los propios y encienden a los extraños, sobre todo, a Stephen King que no le deja pasar una y le responde con la impiedad del payaso maléfico de “It”. Sin ser un villano, todo lo contrario.

El mandamás del Gran País del Norte, que ganó en las elecciones más turbias de las que se tengan memoria al norte del río Bravo, anunció que tiene la férrea convicción de banear a Tik Tok. Parece que es una amenaza, por el uso de la información sensible que colecta de sus usuarios, a la seguridad de los Estados Unidos. Donald, el presidente no el pato, está convencido de que lo puede hacer con un decreto, como si fuera argento y no el primer mandatario de la nación más poderosa del mundo. Así y todo, preferiría que una empresa americana plantara la bandera de las “barras y estrellas” en la app, y si es Microsoft, el gigante de la tecnología fundado por Bill Gates, mejor que mejor.

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Y lo cierto es que Tik Tok hizo los deberes para ganarse el corazoncito de Trump. La aplicación, que pertenece a la empresa china ByteDance, hizo todo lo que estuvo a su alcance para tomar distancia del gobierno de Pekín. No solo no tiene ninguno de sus servidores en el país asiático, al menos eso es lo que declara, sino que se disfrazó de Mickey Mouse para parecer más patriota que Bruce Sprinsteen. ¿Cómo? Nombró CEO de la filial en Estados Unidos, a Kevin Mayer, un ex Disney. Pero su pasado la condena, y no solo eso, los agujeros de seguridad que descubrió Apple en su sistema hicieron sospechar que extraía información sensible de sus usuarios y la enviaba al servicio secreto chino.

Lo curioso es que todo lo que Trump le permite a los gigantes de la tecnología estadounidenses se lo censura a Tik Tok. Quedó claro cuando las caras visibles de Google, Sundar Pichai, Facebook, Mark Zuckerberg, Apple, Tim Cook, y Amazon, Jeff Bezos, se sentaron en el banquillo en el Senado de Estados Unidos, acusados de ejercer una posición dominante en el mercado y salieron indemnes, como panchos por su casa. Les hicieron preguntas amables, dieron respuestas amables y ahí se terminó todo. Hay que aclarar que no fueron al Congreso, sino que hablaron vía teleconferencia, pero jamás Zoom, otra endemoniada compañía de origen chino, que se hizo rica durante la pandemia.

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Para entender que hay detrás de las rabietas de Trump bien vale ver la película “Bretxit: The Uncivil War”. Está en Netflix, lamentablemente. Para verla, no queda otra que caer en la trampa que intenta desentrañar. El filme de Toby Haynes, magníficamente interpretado por Benedict Cumberbatch, narra las tácticas y estrategias que se usaron para ganar el plebiscito que culminó con la separación del Reino Unido de la Unión Europea. Pura ingeniería de datos, como la que Marcos Peña usó en las presidenciales de 2019 y que una sola hábil jugada de Cristina echó por tierra. Una lección sobre todo lo que se puede hacer la información que mansamente regalamos en internet.

Para que se entienda: se puede usar para ganar elecciones, para vender cosas inútiles, para liderar el top five con el trap más sonso del universo, para que gane el Oscar una película coreana, para se hable acá, allá y en la China también del juanete que le salió en el pie a Mica Viciconte y que hace peligrar que su participación en el “Bailando”. Se puede usar para eso, y también para el bien, que es lo más raro. Por ejemplo, en la pandemia, podría usarse para rastrear los casos de covid y así aislar sus contactos, pero quién se va a animar una descargar una aplicación con un fin que, aunque humanitario, huele policial. Nadie, nadie en su sano juicio, menos después de ver el mal uso que hacen de los datos las corporaciones.

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