Opinión

Las "fake news"

Parte de la población se inclina a dar por ciertas absolutamente todas las acusaciones de corrupción que se ventilan y otra parte blinda su mente, nada reflexiona y asegura que se trata de una operación política novelada.

Miércoles 22 de Agosto de 2018

Cuando Umberto Eco (1932-2016) presentó hace algunos años en la Universidad Complutense de Madrid la edición española de una de sus grandes obras, "El cementerio de Praga", confesó que aún no había sido corregido un error en el texto. Se trataba de la equivocación en el nombre de un callejón de París, que no figuraba en los mapas antiguos con los que se informó para describir la ciudad a fines del siglo XIX. Por eso, como no lo halló en el mapa, lo nombró con la denominación actual de la calle, pero que en realidad recién había sido bautizada así en 1912, varios años después de la época en que transcurre la trama novelesca del libro.

Obsesivo por la rigurosidad y un maestro en la deconstrucción de las grandes conspiraciones mundiales, Eco siempre estuvo atento a la fenomenología de la falsificación a través de la historia, como los antisemitas y apócrifos "Protocolos de los Sabios de Sión" (un supuesto plan judeo-masónico para apoderarse del mundo), descubiertos como falsos por el diario "Times" de Londres en 1921. También la pretendida donación del emperador Constantino (el imperio romano había sido "regalado" al Papa) o las armas secretas de destrucción masiva que la CIA aseguraba que estaban escondidas en el Irak de Saddam. Son todos casos de informes falsificados citados por el propio Eco en Madrid, quien se mostró sorprendido porque pese a haberse demostrado esas falsedades, algunas (las de los Protocolos, por ejemplo,) cada vez se tomaban más en serio.

En su última novela, "El número cero", Eco aborda el caso de un diario italiano, en 1992, que en apariencia se preparaba para salir a la calle pero en verdad elaboraba informes periodísticos previos para extorsionar a políticos y empresarios. Fue un nuevo abordaje del tema de las conspiraciones, secretos e historias mentirosas con fines ilícitos diversos, que describe una trama corrupta a través de noticias inventadas pero con alguna base de realidad para hacerlas verosímil. Si Eco, gran semiólogo, filósofo y escritor italiano, estuviese hoy en la Argentina pero primero hubiera pasado por los Estados Unidos, tendría material de sobra para otra gran obra.

En el país del norte, más de 300 diarios publicaron hace unos días en forma conjunta distintos editoriales para protestar por los ataques del presidente Donald Trump al periodismo. Trump acuñó el término de "fake news" o noticias falsas para referirse a parte de la prensa norteamericana que mantiene una mirada crítica sobre su gobierno y que informa lo que se quiere guardar en secreto. Sin embargo, la prensa no hace más que su trabajo esencial: descubrir lo que el poder quiere ocultar e informarlo a la población. Pero Trump la desprecia, de la misma manera que alguna vez hizo Richard Nixon durante el caso Watergate, que finalmente lo llevó a convertirse en el único presidente de la historia de los Estados Unidos en renunciar al cargo.

En una parte del editorial del "The New York Times" (cada diario escribió un texto distinto) se pudo leer: "En 2018, los ataques más dañinos provienen de funcionarios del gobierno. Criticar a los medios —por darles menos o más importancia a las noticias, por equivocarse en algo— es completamente correcto. Los reporteros y editores son humanos y cometen errores. Corregirlos es crucial para nuestro trabajo. Sin embargo, insistir en que las verdades que a uno no le gustan son «noticias falsas» es peligroso para el alma de la democracia. Y decir que los periodistas son los enemigos del pueblo es peligroso".

Trump les respondió a los diarios a través de Twitter: "Los medios que dan «fake news» son el partido de la oposición. Esto es muy malo para nuestro gran país. Pero estamos ganando", dijo.

Si Umberto Eco hubiese llegado a este país también estaría en problemas serios. ¿Cómo discernir en poco tiempo el mensaje de los medios masivos sobre temas de actualidad con enfoques tan distintos y opuestos y entender de qué manera son decodificados por el público? ¿Hay "fake news" en la Argentina?
La realidad nacional no da tregua para el análisis complejo: abusos a menores en clubes de fútbol, corridas cambiarias, inflación, vuelta al Fondo Monetario, aportantes truchos en la política y los cuadernos del chofer son situaciones que han ocurrido sólo en pocos meses. A esto se suma la particularidad de cada región de país.

Parte de la población se inclina a dar por ciertas absolutamente todas las acusaciones de corrupción que se ventilan y otra parte blinda su mente, nada reflexiona y asegura que se trata de una operación política novelada. No parece creíble a rajatabla ninguno de los dos extremos, porque como en la vida misma existen los matices.

Sea por presión o conveniencia personal, que empresarios y ex funcionarios del gobierno anterior hayan admitido pagos ilegales por distintas circunstancias significa, en principio, la verosimilitud de una trama corrupta que necesita y debe ser desentrañada. Pero eso no es óbice para que se investigue también, entre tantas otras cosas, el caso de los aportantes falsos en la campaña política del oficialismo en la provincia de Buenos Aires.

En un país que durante más de 20 años tuvo a un juez federal como Norberto Oyarbide todo es posible. Ya renunciado para evitar ser removido por un juicio político, dijo llorando por radio que lo presionaron para que cierre la causa por enriquecimiento ilícito de Néstor y Cristina Kirchner. Cuando fue al juzgado cambió la versión y sostuvo que si bien "le pidieron" celeridad en la resolución de la causa falló como correspondía. ¿Cuál de las dos versiones será cierta? Es probable que ninguna completamente.

A toda esta maraña informativa en la que se mezclan intereses y fanatismos de una sociedad dividida, se suman las "fake news" de las redes sociales, donde la rigurosidad informativa no existe. Tal vez sea muy exigente reclamar calidad periodística en un medio abierto a todo el mundo que no tiene la profesionalidad ni la obligación de convertirse en un editor de noticias. Pero hay algunas emisiones de programas periodísticos a través de YouTube que bordean la apología del delito.

El peligro consiste, como dijo Eco sobre los "Protocolos de los sabios de Sión", en que pese a su falsedad manifiesta cada vez más se repitan como verdades absolutas.

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