Opinión

El G-20 y la Madre Patria

Dos acontecimientos singulares han puesto a la Argentina en estos días en la vidriera del mundo.

Sábado 01 de Diciembre de 2018

Dos acontecimientos singulares han puesto a la Argentina en estos días en la vidriera del mundo. El escándalo de la suspensión del superclásico entre River y Boca y la reunión de los mandatarios más importantes del planeta reunidos en el Grupo de los 20, que comenzó ayer, son materia de comentario, análisis y también hilaridad en la prensa internacional.

Por una cosa o por otra, y no solamente por la coincidencia de estas dos situaciones, la Argentina siempre atrajo la mirada de todo el mundo, sea por haber dado los mejores jugadores de fútbol o por la imposibilidad de explicar por qué, con altibajos, este país lleva décadas de decadencia.

En la época del Virreinato del Río de la Plata, algunos pleitos judiciales locales llegaban a España para dirimirse. Para eso estaba el Consejo de Indias, un organismo real que intervenía en todo lo atinente a la administración del "nuevo mundo" y que también tenía atribuciones de tribunal de última instancia, como una especie de corte suprema. Salvando las distancias, España, a pedido, vuelve a intervenir a manera de laudo en una cuestión más folclórica, como un partido de fútbol. La Madre Patria garantizará ahora en Madrid lo que sus ex colonias de ultramar en pleno siglo XXI parecen incapacitadas para hacer. Un simple espectáculo deportivo no puede desarrollarse en la Argentina porque, como se ha visto, no hay seguridad para el público ni los jugadores. Los españoles seguramente sabrán cómo planearlo.

La vinculación de los directivos de algunos clubes con los barrabravas, que forman asociaciones ilícitas integradas también por sectores de la policía, resultó más que obvia una vez más. Es difícil de explicar cómo el jefe de uno de esos grupos tenía en su domicilio unas 300 entradas para el superclásico y varios millones de pesos. Y, llamativamente, al otro día de la incautación de las entradas y el dinero, uno de los lugares que más custodia debería haber tenido estuvo liberado para que el micro que trasladaba a la delegación de Boca fuera apedreado. Esto es parte de la decadencia nacional que asombra al mundo.

En medio de esas "turbulencias", que incluye a la economía doméstica, las primeras figuras mundiales llegaron a la Argentina para una cumbre que seguramente no resolverá ninguna de las graves problemáticas mundiales, más allá de si Estados Unidos y China terminan su guerra comercial o si el nuevo zar de "todas las Rusias", Vladimir Putin, pone fin a su escalada militar en Ucrania. La británica Theresa May ya adelantó que la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea no modificará su relación con las islas Malvinas y el francés Emmanuel Macron se mostró escéptico a cerrar la interminable negociación entre el Mercosur y Europa para un tratado de libre comercio. Además, al príncipe heredero de la corona saudita, Bin Salman, acusado de ordenar el asesinato de un periodista en la embajada de ese país en Estambul, no se lo ve muy preocupado por su situación judicial. Fue uno de los primeros en llegar a Buenos Aires, un destino exótico pero seguramente atrayente.

La paradoja de esta cumbre es que el principal motor de la economía mundial y líder del capitalismo, Donald Trump, viene aplicando políticas proteccionistas que perjudican a sus socios comerciales y hunden más a los países pobres y emergentes. Y, por otro lado, el líder chino Xi Jinping, que conduce el mayor Partido Comunista del mundo, invierte por todo el planeta con una mirada de largo plazo que en pocos años seguramente lo llevará a disputarle a Estados Unidos el primer lugar en la economía mundial. El resto, pese a la importancia de la Unión Europea como bloque económico, pero en retroceso, parece haber sido invitado para la foto, probar la excelente carne argentina y disfrutar de una noche de gala en el teatro Colón.

No es casual la especial recepción que se le brindó en Ezeiza al líder chino (música de la banda del Regimiento de Patricios incluida), con la excusa de que se trataba de una visita oficial además de su participación en el G-20. Al francés Macron, por ejemplo, lo recibió un empleado del aeropuerto con un chaleco fluorescente y luego más tarde llegó la vicepresidenta Gabriela Michetti a saludarlo.

Cuando el lunes ya no quede ninguno de los mandatarios en el país, los desesperados migrantes centroamericanos intentarán seguir su marcha hacia Estados Unidos, la guerra en Siria todavía no terminará y seguirán muriendo civiles. También Irán continuará exportando su apoyo a grupos terroristas y Ucrania le seguirá temiendo al poderío militar del gigante ruso. Además, en muchos países africanos se mantendrán las guerras internas y la hambruna, que también golpea a millones de personas en pobres países asiáticos. Y Europa intentará seguir conteniendo a miles y miles de inmigrantes que llegan todos los días desde el sur del continente en busca de una salvación a las miserias de la vida. Nada de esto se resolverá en la cumbre del G-20.

Mientras tanto, la Argentina depende de España para que se juegue el superclásico, necesita a Estados Unidos para que apruebe los acuerdos con el FMI y que China mantenga el nivel de inversión y compra de nuestros productos agrícolas. Dependemos de lo que los otros nos puedan ofrecer y otorgar. Es por la imposibilidad de haber generado un desarrollo propio y sustentable para torcer la curva de la decadencia que nos azota desde hace años. ¿Qué motiva y afianza este crónico y singular fenómeno? Cada argentino tendrá su propia explicación.

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