Opinión

De fútbol, política y "cagones"

Sábado 23 de Junio de 2018

Si la selección nacional de fútbol le hubiese ganado a Croacia y se encaminara sin problemas hacia los octavos de final del Mundial, nada de lo calamitoso que se dice hoy del equipo y su conducción técnica se hubiera escuchado. El éxito ocasional hubiese tapado la cuestión de fondo que, más allá de los resultados, existe y se ha comentado más de una vez en esta columna. Pero si por milagro triunfara el martes próximo ante Nigeria y clasificara, la revisión profunda de lo ocurrido quedaría otra vez en el olvido.

En la Argentina es imposible escindir el fútbol de la política porque están vinculados por un denominador común: poder y dinero. La AFA casi vitalicia del fallecido Julio Grondona manejaba a la perfección esa ecuación porque tenía un férreo control del fútbol con el reparto de sobornos para todos (funcionarios, clubes, etcétera) con el dinero que conseguía también ilícitamente por su cargo en la FIFA. Ni la democracia pudo con Grondona, quien sólo dejó su lugar cuando murió. Lo que le siguió fue la lucha por el botín que quedó sin dueño, el dinero que fluye fácil, los beneficios del poder cortesano y todo lo que está por afuera del genuino sentimiento popular que el fútbol entrega generosamente a una población que no merece ser estafada.

Con un presidente de la AFA como Claudio "Chiqui" Tapia, quien dijo que hizo un "aporte a la paz mundial" al suspender el partido de la selección en Israel, y no dio explicaciones por el desaire al Papa al no haber ido al Vaticano como se había acordado, el viaje del seleccionado previo a su llega a Rusia había comenzado mal. En realidad, fue la continuación de una etapa clasificatoria oscilante donde dos directores técnicos serios y de prestigio, ambos rosarinos, como Gerardo Martino y Edgardo Bauza, debieron resignar sus cargos.

Sin embargo, la selección llegó a Rusia con el último aliento de la mano de un personaje extraño que la historia del fútbol no olvidará fácilmente. La indudable inestabilidad emocional de Jorge Sampaoli se evidenció claramente cuando maltrató e insultó a un trabajador municipal de Casilda que no hizo más que cumplir con la ley de tránsito, se acentuó con las indefiniciones para la formación del equipo y quedó patentizada cuando durante el partido con Croacia persiguió e insultó a un jugador rival. Tan sólo esta última actitud, como las anteriores, debió ser motivo suficiente para que la AFA expulse al técnico y no lo deje dirigir el partido ante Nigeria. ¿Pero quién tiene en la AFA autoridad moral para, primero entender la gravedad de las acciones de Sampaoli, y segundo para actuar en consecuencia?

España, por una conducta también reprochable de su técnico, aunque de otra índole, lo echó dos días antes del comienzo del Mundial. Así se actúa en un país serio, y por eso España nos saca ventaja en todos los ámbitos, sea en fútbol o política: poco antes también, el Congreso había destituido al jefe de Gobierno, Mariano Rajoy, por corrupción en el partido gobernante.

La imagen de Sampaoli desencajado, a los gritos, exhibiendo sus dos brazos totalmente tatuados y "patoteando" a un jugador croata diciéndole "cagón" recorrió el mundo, en una postal que de alguna manera representa la idiosincrasia de la Argentina. Le gritamos "cagón" a un equipo ordenado, que nos superaba ampliamente y vencía con autoridad a una selección inexpresiva, con falta de coraje y de iniciativa. Una selección dirigida por un impresentable cuyos actos no sorprenden porque se venían anunciando desde que increíblemente alguien decidió nombrarlo técnico del equipo nacional, un ícono mundial del país que ahora quedará registrado en su peor expresión y explica en parte qué le viene pasando a la sociedad Argentina desde hace varias décadas. ¿El hincha argentino expulsado de Rusia por haber filmado y engañado con obscenidades a una adolescente rusa se inscribe en este marco o es un hecho aislado protagonizado por un imbécil? A este hincha, como correspondía, las autoridades argentinas pidieron que lo echen de Rusia, pero a Sampaoli no, pese a que tiene una alta responsabilidad institucional. ¿Por qué? ¿Es tan vasta la red mafiosa y corrupta de la AFA que nadie se le anima?

Mientras en el país la pobreza alcanza casi a un tercio de la población, el peso se devaluó un 50 por ciento en pocos meses y el gobierno tuvo que pedir auxilio financiero al Fondo Monetario Internacional, la delegación, dirigentes incluidos, viaja en avión privado por el mundo, Sampaoli cobra una fortuna por hacer este papelón (no sólo futbolístico) y la mayoría de la gente en la Argentina se adiciona un sabor amargo al de la ya difícil vida cotidiana. Porque más allá del exitismo, la derrota está contemplada en cualquier disputa deportiva, pero no la vergüenza de una conducción institucional mediocre y un cuerpo técnico histriónico y difícil de explicar, que se evidencia en cada accionar previo, durante y seguramente después de Mundial.

El fútbol es un reflejo de la sociedad argentina, plagada de improvisaciones, con personajes impresentables y una trama que siempre bordea la ilicitud y la lucha de poder por el rédito personal o de un sector.

Pero todavía pensamos que somos los mejores del mundo. Y así nos va.

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