Opinión

Bullrich y la "mafia gitana"

Con alivio todo el país respiró un poco más tranquilo cuando se conoció que el ataque a tiros contra un funcionario y un diputado riojanos se trató de una cuestión privada y no política.

Miércoles 15 de Mayo de 2019

Con alivio todo el país respiró un poco más tranquilo cuando se conoció que el ataque a tiros contra un funcionario y un diputado riojanos se trató de una cuestión privada y no política. Asesinaron a dos personas en una emboscada a metros del Congreso de la Nación, pero el gobierno nacional reaccionó rápido. En pocas horas fuerzas federales detuvieron a varios sospechosos del doble homicidio, dando por terminada cualquier especulación más allá de un impactante delito común del cual todavía no se conocen con claridad las motivaciones.

Sin embargo, cuando se supo que los posibles responsables del ataque pertenecían a la comunidad "gitana" comenzaron las típicas descalificaciones hacia esa minoría. En esa misma señalización estigmatizante incurrió la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, quien con frecuencia utiliza las redes sociales para comunicar aspectos vinculados con su tarea oficial. A través de la red social Twitter, escribió: "Todo el «clan mafioso de gitanos» detenidos, incluido el segundo que iba en el auto, uno de los dos asesinos de Yadón y el que hirió gravemente al diputado Olivares. (luego fallecido)/ El último detenido en Uruguay. Gracias a Interpol Uruguay. ¡El que las hace las paga!!!"

Bullrich asoció la frase "el clan mafioso" con la palabra "gitanos", con lo que le agregó al delito una connotación que liga e involucra en la ilegalidad a esa colectividad en su conjunto. Al deconstruir semánticamente esa frase se podría interpretar que los "gitanos" no son otra cosa que una asociación ilícita dedicada a delinquir. A la misma interpretación se llegaría si se empleara un silogismo aristotélico.

La propia ministra advirtió, o le hicieron saber, su "equivocación" porque a las seis horas del primer mensaje en Twitter publicó otro, pero ya sin la palabra "gitanos". Dijo entonces: "En solo 24 hs desarticulamos el clan mafioso que conmocionó al país. Un trabajo en equipo. En la Argentina de hoy la impunidad pierde terreno".

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De acuerdo al Centro de Documentación y Cultura de los Sinti y Roma de Alemania, ubicado en la ciudad de Heidelberg, esa comunidad a la que se conoce comúnmente como "gitana" ha vivido en Europa durante siglos y forma minorías históricamente establecidas en sus respectivos países de nacionalidad. Explica que se llaman a sí mismos sinti o romaníes y que el término "gitano" se remonta a la Edad Media, pero que lo rechazan por discriminatorio. "Cuando se utiliza en el contexto de las fuentes históricas, siempre se deben tener en cuenta los clichés y los prejuicios detrás de este término. El término «gitano» no puede ser claramente derivado etimológicamente. Comprende tanto imágenes negativas como románticas y estereotipos que se atribuyen a las personas existentes. El término es, por lo tanto, ante todo una construcción", asegura el centro alemán que ha investigado el destino de los sinti y roma en Europa.

Durante el nazismo se estima que fueron asesinadas unas 500 mil personas de esa minoría. El Museo del Holocausto, en Washington, Estados Unidos, explica que los sinti y roma arribaron a Europa en el siglo XV y que el término "gitanos" se generó porque se creía que provenían de Egipto, aunque en realidad se ubica su origen en la India. Incluso antes del ascenso al poder del nacionalsocialismo alemán ya eran discriminados y no tenían asegurados los mismos derechos del resto de los ciudadanos alemanes. Luego fueron blanco directo de los nazis, que esterilizaron a sus niños porque se los consideraba antisociales e integraban el grupo de "indeseables" junto con las prostitutas, vagabundos y alcohólicos. A eso le siguió la matanza industrializada en los campos de concentración y exterminio, que incluyó a otras minorías consideradas "untermenschen" (subhumanas) que comprendían principalmente a judíos, eslavos (mayormente polacos y rusos), negros y homosexuales, entre otros "despreciables".

Recién en el año 2012, frente al Reichstag (Parlamento Federal) en Berlín, el gobierno alemán levantó un monumento en memoria de los sinti y roma asesinados por el nacionalsocialismo. Lo inauguró la actual canciller Ángela Merkel, quien sostuvo que el lugar se erigía en honor de las víctimas, pero que los presentes "tenemos el deber de proteger a las minorías del sufrimiento".

Con estos antecedentes históricos el lenguaje, especialmente el de los funcionarios públicos, debería tender a eliminar frases comunes, mitos y estigmas que se van haciendo populares a través de las generaciones y se internalizan en la población como una verdad absoluta. No se le puede reclamar lo mismo a una modelo, como Catherine Fulop, quien seguramente por ignorancia y prejuicio confundió las palabras "kapos" con "sapos" al pretender por una radio, y un periodista que no le repreguntó, dar lecciones sobre historia y la condición humana. Es que en la Argentina "panelista" donde se puede hablar de cualquier disciplina sin ponerse colorado ante la falta de formación, todo es posible y mucho más también.

Hay en el país un imaginario colectivo ilustrado, pero también poco ilustrado, que detesta a los "paraguas", "bolitas" y "perucas". Que cree que los chinos en la Argentina son todos comerciantes mafiosos, que la actividad principal de los chilenos es ser "punga" y que todos los "gitanos" sólo venden autos "flojos de papeles", sus mujeres roban donde pueden y ahora también asesinan a la gente por las calles.

Si desde el Estado, a través de sus funcionarios, no se combate esa tendencia a descalificar a las minorías, al inmigrante o al diferente, en un sentido amplio, no se tardará mucho tiempo en acusar a uno de esos colectivos de ser los responsables de todos los males del país. Ya está ocurriendo en Europa con los inmigrantes que buscan escapar de la miseria y las luchas tribales africanas o de la muerte segura en la guerra civil siria.

Mientras señalamos al "extranjero" y a las minorías con desprecio, se descubre a funcionarios públicos que han robado millones de dólares con la complicidad de empresarios. Que hay bandas dedicadas a espiar a políticos y empresas con fines extorsivos o que el jefe de la Policía Federal de Santa Fe y varios de sus subordinados están imputados por narcotráfico y tenían cocaína en la comisaría, por sólo nombrar algunas recientes "maravillas" autóctonas. Así nos va.

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