Opinión

Bolsonaro, el nazismo y la izquierda

Victor Klemperer fue un profesor de filología y lenguas romances de la Universidad de Dresde que escribió durante el nazismo dos memorables diarios con los que registró la vida cotidiana y dejó uno de los más interesantes testimonios sobre el nacionalsocialismo alemán.

Martes 09 de Abril de 2019

Victor Klemperer fue un profesor de filología y lenguas romances de la Universidad de Dresde que escribió durante el nazismo dos memorables diarios con los que registró la vida cotidiana y dejó uno de los más interesantes testimonios sobre el nacionalsocialismo alemán. También con su obra "Lingua Tertii Imperii" (La lengua del III Reich), donde formuló un análisis semiótico de cómo el nazismo se fue apoderando del lenguaje diario para deformarlo y utilizarlo en su delirante megalomanía.

Daniel Goldhagen, un historiador, escritor y profesor estadounidense en ciencias políticas y sociología de la Universidad de Harvard, causó un tremendo impacto en Alemania cuando 50 años después de finalizada la guerra publicó un largo ensayo de casi 800 páginas titulado "Hitler's Willing Executioners: Ordinary Germans and the Holocaust" (Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto). En ese monumental trabajo cambió el paradigma de la interpretación de lo sucedido en ese trágico período histórico y reabrió entre los alemanes y académicos un debate que aún no concluye.

El fenómeno del nacionalsocialismo alemán es tan complejo de analizar, más allá de los hechos históricos ampliamente conocidos y documentados, que es materia de estudio y permanente actualización en todo el mundo, especialmente en Europa.

El abordaje superficial de esa tragedia del siglo XX que expuso lo peor de la condición humana es muy peligroso, porque es una materia que vuelve a lo largo de la historia con distintas facetas y matices. Sólo basta con mirar en el mundo el surgimiento de los fanatismos religiosos eliminacionistas y el avance en Europa de los partidos xenófobos que culpan a los inmigrantes extranjeros de todos los males, tal como se hacía en el Medioevo con las minorías, acusadas de traer pestes o calamidades de todo tipo.

En ese marco de banalización que se advierte con frecuencia, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, acordó con el concepto de su canciller Ernesto Araújo para quien el nazismo fue un movimiento político de izquierda. Para Araújo, según escribió en su blog personal Metapolítica 17, "la izquierda se asusta cada vez que resurge el debate sobre la posibilidad de clasificar el nazismo como movimiento de izquierda. Da la impresión de que hay un peligroso secreto de familia, cuidadosamente guardado. Yo opino que el nazismo es de izquierda", escribió. El funcionario brasileño fue más allá con su explicación: "De manera esquemática, podemos decir que el nazismo constituyó una amalgama izquierdista-conservadora, donde la ideología revolucionaria capturó y utilizó para sus fines uno de los importantes elementos del campo conservador, el nacionalismo". La nota completa, titulada "Por la Alianza liberal-conservadora" se puede leer en https://www.metapoliticabrasil.com.

Cuando hace unos días Bolsonaro visitó el Museo del Holocausto en Jerusalén, le preguntaron su opinión sobre lo que había escrito su canciller sobre el nazismo y la izquierda. "No hay duda. Partido Socialista. ¿Qué otra cosa si no? Era el Partido Nacionalsocialista de Alemania", dijo sin inmutarse.

Esa ligera respuesta trajo a la memoria otra reflexión superficial de Cristina Kirchner, en 2015, cuando les "explicó" en una frase a las autoridades de Mercedes Benz en la Argentina, por qué había surgido el nazismo. ¿"Saben por qué llegó Hitler? Porque habían humillado a Alemania y entonces se montaron en un discurso xenófobo ultranacionalista. No producto de la inflación, el nazismo fue la consecuencia de las condiciones que los aliados le impusieron a la Alemania vencida en la Primera Guerra Mundial a través del Tratado de Versalles", había dicho la ex presidenta.

Poco importan los términos con que se identifica a los procesos políticos sino las acciones de quienes los lideran. Bolsonaro se proclama liberal y amante de la libertad pero su gobierno permite la celebración de los golpes militares, como el 31 de marzo pasado, que marcó en 1964 el inicio de la larga dictadura brasileña por 21 años. También es un declarado misógino, racista y homofóbico, algo que conoce todo el mundo.

Stalin, por citar otro caso, fue uno de los líderes del socialismo soviético, pero durante su gobierno de izquierda totalitario hubo purgas criminales y las libertades individuales para manifestar disensos con el régimen no existieron porque fueron reprimidas a sangre y fuego. Los regímenes opresores pueden llamarse de derecha o de izquierda, pero en esencia el desprecio por la vida humana y las libertades es lo que impera.

La semana pasada cayó el califato que Estado Islámico, un desprendimiento de Al Qaeda, había autodeclarado en 2014 en territorios de Siria e Irak. Fue una teocracia criminal que sin embargo atrajo a jóvenes combatientes de todo el mundo. Habían sometido a una interpretación delirante de la ley islámica a cientos de miles de personas y persiguieron hasta la muerte a minorías religiosas como los yazidíes o a propios musulmanes que no se sometían a su gobierno. También utilizaron iglesias cristianas para violaciones de esclavas sexuales y arrojaron al vacío desde edificios a homosexuales. ¿Fue de izquierda o de derecha ese califato? No tiene demasiado sentido clasificarlo.

En la historia se encuentran innumerables casos de gobiernos que no encajan con su nombre ni con una ideología definida. Y en el actual período de la globalización no cesa la eterna discusión entre quienes se consideran de un lado u otro del pensamiento filosófico y político. Un debate interminable.

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