Barcelona

Barcelona y el Dios de las dos caras

El atentado terrorista del jueves pasado en Barcelona demuestra una vez más que, por ahora, la derrota militar de Estado Islámico en Siria e Irak y la consiguiente destrucción de su autodenominado califato no traerá tranquilidad a Occidente.

Sábado 19 de Agosto de 2017

El atentado terrorista del jueves pasado en Barcelona demuestra una vez más que, por ahora, la derrota militar de Estado Islámico en Siria e Irak y la consiguiente destrucción de su autodenominado califato no traerá tranquilidad a Occidente.

El delirio colectivo que Estado Islámico, una escisión de Al Qaeda, logró impregnar en la mentes de miles de jóvenes musulmanes a lo largo del planeta sobrevivirá a la propia existencia de ese grupo fundamentalista islámico, intolerante hasta la muerte con la existencia de otra verdad que no sea su particular interpretación religiosa. ¿Cómo fue posible ese lavado de cerebro? ¿Cómo se explica que ciudadanos europeos, por ejemplo, de origen musulmán abandonen su vida, viajen a Siria y se hagan explotar para matar la mayor cantidades de "infieles" posibles? ¿Cómo se entiende que mujeres adolescentes dejen a sus familias y voluntariamente se conviertan en esclavas y objetos sexuales de los yihadistas?

La clásica justificación de que todo se desmadró con la invasión de la coalición militar liderada por Estados Unidos a Irak tras los atentados a las Torres Gemelas no alcanza a explicar completamente el fenómeno. Si bien esa acción militar abonó la sensación general de agravio e injusticia entre los musulmanes y fue aún peor que el gobierno del déspota genocida de Saddam Hussein, no termina de cerrar desde el punto de vista epistemológico, en cuanto a las estructuras de pensamiento del ser humano. Otras tragedias de la historia del siglo pasado, como la limpieza étnica en los Balcanes o la industrialización de la muerte durante el nazismo, también se encuadran dentro de la complejidad para explicar los fenómenos de la humanidad.

En el ataque en Barcelona quedó muy claro que los grupos decididos a matar por las calles carecen de organización central, emplean técnicas diferentes y no todos están dispuestos a morir. La utilización de vehículos como armas mortales en los últimos hechos se ha convertido en una "moda" terrorista que busca el golpe más fácil y demoledor, pero que en el futuro podría virar hacia otros objetivos, como por ejemplo los cruceros, o volver a los más clásicos, como aeropuertos y estaciones de trenes o metro. Ni hablar si en algún momento los terroristas acceden a armas químicas o nucleares. La creatividad puesta al servicio del delirio y el crimen es infinita.

Hay dos situaciones distintas a otras en el caso de Barcelona. Algunos atacantes o cómplices del atentado fueron detenidos y los que sí fueron abatidos en otro intento de golpe combinado en Cambrils, Tarragona, tenían cinturones explosivos falsos, es decir una simulación pocas veces vista hasta ahora.

España, desde los atentados ferroviarios del 11 de marzo de 2004 que dejaron casi 200 muertos en Madrid, ha mantenido una estrecha vigilancia de los grupos radicalizados, a tal punto que en lo que va del año la policía había arrestado a unas 20 personas sospechosas de terrorismo. Ninguno de los detenidos o muertos en Barcelona por los "Mozos de Escuadra", la policía autónoma catalana, tenía explosivos. Los cinco abatidos en Cambrils contaban con innumerables armas blancas, hachas y otros objetos contundentes con los que podrían haber causado otra masacre.

Con la rapidez que caracteriza a los países europeos en la investigación e identificación de toda la célula actuante en los ataques (lo opuesto a lo que ha ocurrido en la Argentina), ya se conoce la identidad del grupo, denominado "Al Andalus". Ese nombre es el que utilizaron los musulmanes durante los ocho siglos, a partir del 711 de esta era, para nombrar sus conquistas en la península ibérica. El importante desarrollo cultural y científico que los musulmanes aportaron a España durante esos ochocientos años contrasta con la interpretación particular extrema, radical y criminal que grupos de esa confesión utilizan hoy, todavía, para la llamada "Guerra Santa". Lo paradójico, sin embargo, es que se trata del mismo Dios de entonces. Bajo su nombre, sea en el siglo VIII o en el XXI, se pueden desarrollar las artes y las ciencias pero también asesinar para eliminar al diferente. La Divina Providencia ha dado para todo, y no sólo entre los musulmanes.

Cuando Estado Islámico proclamó su califato en Siria e Irak en julio de 2014, en España se recordó al califato medieval en la península, con sede en Córdoba (923-1031), y el de los Omeyas, con capital en Damasco, entre el 661 y 750 de esta era. En realidad, el último califato musulmán fue el del imperio otomano, con capital en Estambul, que fue abolido en 1923.

Estado Islámico también tenía como objetivo recuperar las tierras musulmanas reconquistadas por los Reyes Católicos en 1492 y en ese sentido el diario El Mundo, de Madrid, reprodujo ayer una amenaza que circulaba desde mayo en las redes sociales. "Vamos a matar a cualquier infiel español si lo encontramos en tierras musulmanas", publicó en castellano alguien con nombre y apellido de origen árabe.

La amenaza se cumplió y Barcelona, la misma que inmortalizaron en una canción Freddie Mercury y Montserrat Caballé, sufrió la barbarie, tan medieval como difícil de explicar y contener.

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