Un encuentro para construir futuro
Para Rosana “Rosy” Nardi, FARO nació de la relación que Agroactiva construyó con la comunidad del campo argentino durante sus 33 años de trayectoria. La propuesta buscó sumar otro ámbito de intercambio y devolver parte del acompañamiento que permitió crecer a la exposición.
“Creamos FARO pensando en nuestra comunidad, pensando en sumar otro espacio de encuentro”, explicó. Ese vínculo estuvo en el centro de su definición del foro: “Del encuentro entre las personas siempre salen buenas cosas. En este caso creemos que FARO es un lugar para construir futuro”.
La intención fue ofrecer una instancia de reflexión que trascendiera las urgencias diarias. En un sector acostumbrado a resolver cuestiones de clima, costos, financiamiento y comercialización, detenerse a observar las transformaciones de mediano plazo también forma parte de la preparación para competir.
Nardi señaló que FARO buscó constituirse en un espacio de vanguardia, donde las preguntas anticiparan situaciones que productores y empresas podrían enfrentar en un futuro próximo. La elección del eje “Campo G-Zero” respondió a esa búsqueda: comprender qué ocurre cuando ninguna potencia logra ordenar por sí sola el sistema internacional y las condiciones del comercio se vuelven menos previsibles.
En ese escenario, planteó una posibilidad particularmente cercana a la experiencia argentina: que la práctica de convivir con la incertidumbre pueda ayudar a desarrollar capacidades para hacer negocios y potenciar la productividad.
Consultada sobre las herramientas que los participantes podían llevarse, destacó el valor de las preguntas y del material para seguir investigando. El acuerdo Mercosur–Unión Europea, la geopolítica y el futuro de la economía agropecuaria ofrecieron un panorama que cada empresa deberá profundizar según su actividad. El desafío, sostuvo, es convertir lo aprendido en decisiones que beneficien a los proyectos productivos.
Producir en un mundo sin árbitro
Andrés Malamud explicó el concepto central de la jornada a partir de una imagen sencilla: el mundo se quedó sin árbitro. Para resolver un conflicto, señaló, existen tres caminos: la imposición por la fuerza, la negociación diplomática o la intervención de un tercero imparcial que establece una decisión.
Según su análisis, el debilitamiento de los mecanismos arbitrales de la Organización Mundial del Comercio redujo el peso de esa tercera opción. Cuando dos países entran en disputa, la capacidad de imponer condiciones o negociar adquiere mayor relevancia, y los acuerdos resultan más precarios.
“Cada acuerdo es precario porque uno no confía en que el otro lo vaya a mantener en el tiempo. Por lo tanto, vivimos en un mundo inestable”, expresó en la entrevista realizada durante la jornada.
El politólogo ubicó esa situación en una transición hacia un orden todavía desconocido. También subrayó una particularidad: la potencia que contribuyó a construir el sistema, Estados Unidos, es la que cuestiona desde adentro parte de sus mecanismos, mientras China continúa apoyándose en reglas del orden anterior.
Para una región que produce alimentos y depende de las exportaciones, sintetizó las consecuencias en dos palabras: “Oportunidad y volatilidad”. Existe demanda para lo que se produce, pero los precios y las condiciones financieras están expuestos a decisiones externas. El crecimiento de China influye sobre sus compras; las tasas fijadas por la Reserva Federal estadounidense repercuten sobre el escenario económico.
Malamud sostuvo que Argentina conserva margen para comerciar con distintas potencias, aunque también enfrenta presiones. La posibilidad de diversificar vínculos requiere comprender que las relaciones comerciales conviven con disputas tecnológicas, políticas y estratégicas.
La distancia también es un activo
La ubicación de la región, alejada de los principales conflictos bélicos, apareció como otro elemento para considerar. Malamud advirtió que las guerras generan costos y alteraciones de precios, pero sus efectos son distintos según qué produce, importa y exporta cada país.
Un aumento del petróleo puede encarecer combustibles y, al mismo tiempo, favorecer ingresos por exportaciones energéticas. Del mismo modo, las dificultades de abastecimiento de alimentos pueden modificar el valor de los productos que Argentina coloca en el exterior. “Estar lejos y portarnos bien es un activo”, resumió durante la salida radial.
Eso no elimina los riesgos. Para el productor que debe invertir, recomendó observar el riesgo político y los puntos sensibles de la circulación internacional. Las interrupciones en pasos marítimos pueden afectar el transporte de fertilizantes y petróleo, con consecuencias sobre los costos locales.
Así, la lectura del escenario mundial se incorpora a decisiones que se toman en cada establecimiento y empresa. Una alteración lejana puede modificar el precio de un insumo, una oportunidad comercial o la rentabilidad esperada.
Santa Fe y la búsqueda de nuevos mercados
Gustavo Puccini llevó ese diagnóstico al plano provincial. Sostuvo que Argentina despierta interés entre bloques que necesitan garantizar su seguridad alimentaria y energética, especialmente cuando los conflictos afectan las cadenas de suministro.
Un país en paz, con capacidad de producción y posibilidades de sostener abastecimientos durante años, puede encontrar allí una ventaja. Para aprovecharla, remarcó, es necesario prepararse y entender cómo se mueve el mundo.
El ministro afirmó que Santa Fe llega con sus exportaciones a 135 países y planteó que esa presencia debe servir para impulsar productos con mayor valor agregado. La vinculación construida a través de los granos puede abrir puertas para otras actividades del entramado provincial.
Mencionó posibilidades en Europa, Estados Unidos, Japón e Indonesia, con demandas específicas que pueden convertirse en oportunidades para producciones santafesinas. También destacó las condiciones de la provincia para responder a exigencias de sustentabilidad y cuidado ambiental.
La cuestión atraviesa a toda la región: cómo transformar una apertura comercial en trabajo, inversión y actividad en sus localidades. Para eso, el conocimiento de los mercados debe acompañarse con capacidades productivas y condiciones que permitan competir.
Cuando se le preguntó qué necesita el productor para invertir, Puccini respondió: “Necesita certezas”. A ese requisito sumó alivio fiscal, reglas claras y financiamiento con tasas más accesibles.
Cuestionó el peso de las retenciones y mencionó otros tributos, como los impuestos al combustible y al cheque. También describió las dificultades de empresas que deben reestructurar deudas tomadas a tasas elevadas mientras enfrentan menores ventas.
Su planteo vinculó la estabilidad macroeconómica con la situación cotidiana de las unidades productivas. Consideró necesario mantener controlada la inflación y, a la vez, generar condiciones para reactivar sectores con consumo deprimido y empresas que hacen esfuerzos para sostenerse.
El acceso a mercados adquiere otro alcance cuando quien produce cuenta con recursos para invertir, financiar su actividad y atravesar períodos de menor demanda.
Una plataforma para agregar valor
La infraestructura logística ocupó un lugar central en la visión provincial. Puccini habló de integrar puertos, promover inversiones y mejorar servicios y frecuencias en el transporte fluvial, marítimo y aéreo.
Señaló la presencia en Rosario de tres de las principales navieras del mundo y la posibilidad de sumar una cuarta. También destacó el papel de los aeropuertos internacionales de Rosario y Santa Fe como herramientas para las exportaciones.
Al referirse a la conexión directa con Madrid, planteó aprovechar las bodegas de los aviones para enviar productos con valor agregado. Según explicó, España aparece como un destino relevante de las exportaciones aéreas, lo que permite pensar esa conectividad como una vía comercial.
El ministro vinculó esas iniciativas con el Santa Fe Business Forum y con una estrategia para poner la plataforma logística provincial al servicio de empresas santafesinas y de otras provincias. “Acá hay un plan, no son hechos aislados”, sostuvo.
FARO reunió esas dimensiones en una misma jornada: la comunidad productiva, el conocimiento, los mercados y la infraestructura. Para la región santafesina, la discusión dejó una tarea concreta: convertir su experiencia, su capacidad industrial y su producción en proyectos que generen más valor y trabajo en el territorio.
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