Una ordenanza reconocerá locales que por su antigüedad y arraigo barrial sean parte de la identidad rosarina. Una historia que empezó con los inmigrantes italianos y siguió con sus hijos y nietos
06:10 hs - Domingo 06 de Septiembre de 2026
Rosario tiene una particularidad difícil de encontrar en otras ciudades: hay heladerías que llevan más de 40 años abiertas y que todavía reciben a clientes de varias generaciones de una misma familia. El abuelo que iba a tomar un helado de chico, el padre que llevó después a sus hijos y ahora los nietos que repiten el ritual. En algunos casos, incluso en los mismos barrios y detrás de los mismos nombres.
Esa historia ahora tendrá un reconocimiento institucional. El Concejo Municipal aprobó la creación del Catálogo de Heladerías Notables de Rosario, una iniciativa que busca poner en valor aquellos establecimientos que, por su trayectoria y su relación con la ciudad, forman parte de su patrimonio cultural.
La ordenanza presentada por Ana Laura Martínez establece que para integrar el catálogo una heladería deberá cumplir al menos dos de tres condiciones: tener una trayectoria de 30 años como mínimo, ser reconocida por la comunidad del barrio como un espacio de referencia o estar vinculada con hechos, personalidades o momentos destacados de la historia y la cultura rosarina.
La norma todavía no confeccionó el listado definitivo. Es decir, tener 30 años no alcanza automáticamente para convertirse en notable. Será el área que determine el Ejecutivo la que deberá evaluar los establecimientos y definir las incorporaciones.
Pero hay un grupo que aparece casi naturalmente en esa carrera: Catania (1952), Esther (1957), Bajo Cero (1968), San Remo (1968), Smart (1972), Río Helados (1972), Yomo (1974) y Marbet (1985), todas con más de cuatro décadas de trayectoria en la ciudad, son candidatas seguras a formar parte del listado.
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Catania, la más antigua
Si hubiera que elegir un punto de partida para contar esta historia, probablemente habría que empezar por Catania. Giuseppe Capitano llegó a Rosario desde Alessandria della Rocca, un pequeño pueblo de Sicilia, y en 1952 puso en marcha la heladería que todavía hoy continúa funcionando.
La historia familiar cuenta que Capitano llegó a vender dos caballos y una mula para poder comprar y traer la máquina que necesitaba para fabricar helados en Rosario, y en algunos momentos salía con un carrito a vender helados al Parque Independencia y al Parque Urquiza para solventar la inversión. Ese trabajo terminó dando origen a una de las marcas más tradicionales de la ciudad y a la heladería más antigua que continúa abierta en bulevar Avellaneda y Zeballos.
Esther nació en el garaje de una casa
Cinco años después, en 1957, Mario Nicoletti abrió otra de las grandes históricas rosarinas. La bautizó Esther, como su hija, y el primer local funcionó nada menos que en el garaje de su propia casa de Ovidio Lagos al 900. Pero en 1969, Héctor Iglesias y su esposa, María del Carmen Chillemi, le compraron la heladería a Nicoletti y comenzaron una nueva etapa del emprendimiento.
El garaje original pronto quedó chico y la empresa se trasladó a un espacio donde pudo incorporar también su propia fábrica, dando un nuevo impulso. La marca creció a partir de aquel emprendimiento familiar y terminó convirtiéndose en una de las heladerías más reconocidas de Rosario.
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Bajo Cero y la segunda generación
Bajo Cero nació en Rosario en 1968 como un emprendimiento familiar y todavía conserva el local donde comenzó a vender al público, en la esquina de Santa Fe y Presidente Roca. Con el paso de las décadas, aquel primer negocio se convirtió en presencia en distintos puntos de Rosario y el Gran Rosario.
Esta marca es otro buen ejemplo de la segunda etapa del helado artesanal rosarino, cuando los emprendimientos familiares que habían surgido en las décadas anteriores empezaron a consolidarse como marcas y a multiplicar sus bocas de venta, sin abandonar la elaboración artesanal. La firma llegó a tener 16 locales en Rosario y la región.
San Remo, otra de las pioneras
También en 1968 comenzó la historia de Gelatería Italiana San Remo, otra de las marcas que atravesaron décadas dentro de la tradición heladera rosarina. San Remo fue fundada por Vicente Scimé y Luisa Traina, dos inmigrantes provenientes de la provincia italiana de Agrigento. Comenzaron en el barrio Bella Vista con unos 40 sabores y fueron construyendo una tradición familiar que hoy continúa en manos de la tercera generación con más de 300 gustos creados y una segunda sucursal en el centro.
La marca tomó su nombre del famoso festival de música italiana de San Remo, que estaba en pleno auge cuando abrieron la heladería. La historia tiene además un curioso capítulo que la conecta directamente con otra de las grandes históricas rosarinas: Catania. Hay un matrimonio entre integrantes de ambas familias y quienes hoy están al frente de las dos heladerías aprendieron el oficio del mismo maestro heladero. En 2022 llegó un reconocimiento: San Remo se consagró Campeona Nacional del Helado Artesanal Argentino.
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Smart, una sigla
La historia de Smart comenzó en la década de 1950 en Carcarañá, donde Rubén Bersano y su esposa Tercilia aprendieron el oficio de fabricar helados con ayuda de un familiar y abrieron allí su primera heladería junto a otros parientes. En 1955 se mudaron a Rosario, aunque durante varios años dejaron de lado la actividad. Recién en 1972 decidieron volver a aquello que sabían hacer y ese año abrieron Smart en Rioja y Moreno, donde todavía funciona el local histórico.
El nombre tiene una curiosidad familiar: SMART surge de las iniciales de sus primeros integrantes: la S de "Sociedad", Matilde, Alberto, Rubén y Tercilia. Hacia el año 2000 los tres hijos de los fundadores ya se habían incorporado al negocio. La tercera generación también tomó la posta, manteniendo a Smart como una empresa familiar mientras la marca se expandía por Rosario. Actualmente cuenta con 12 sucursales.
Río, medio siglo en Echesortu
Río Helados nació en Rosario en 1972, cuando Miguel Ángel Ríos abrió el primer local de la marca en Mendoza y Constitución. Pero el proyecto había comenzado algunos años antes, en San Lorenzo: Ríos y un socio compraron una máquina fabricadora de helados con facilidades de pago, después de vender un auto y una motoneta para reunir el dinero necesario.
Después de algunos años dedicado a otros trabajos, Ríos decidió volver al oficio y cumplir un objetivo que tenía pendiente: instalar una heladería en Rosario. Así nació Río, que comenzó a crecer con locales propios y que hoy continúa como una empresa familiar, con su hijo Andrés al frente.
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Yomo, de la heladería a la empresa
Yomo nació en 1974, como la primera marca de venta al público de Gitanes SRL, una empresa fundada por Simón Liamgot. Antes de instalarse en la ciudad, Liamgot se había formado en Tandil y Brasil en la industrialización de la leche y sus derivados. La primera Yomo funcionó en Juan Manuel de Rosas y Pellegrini y durante sus primeros años Gitanes se dedicó exclusivamente a fabricar helados artesanales para sus propios locales.
Con el tiempo, la empresa fue incorporando a la segunda generación familiar, sumó tecnología y comenzó a ampliar su producción y sus canales de venta. En los años 90 creó YO Helados, orientada a la distribución masiva. Más adelante desarrolló también YO Heladerías, un sistema de franquicias que llevó el negocio a otras provincias. Yomo, en cambio, mantuvo su identidad ligada a Rosario y actualmente conserva cuatro locales en la ciudad.
Marbet, los helados gourmet
Marbet nació en Rosario en 1985, cuando los hermanos Mario y Betina decidieron poner en marcha una heladería que bautizaron combinando sus propios nombres. Años después, Carlos, otro de los hermanos, quedó al frente del negocio en Rosario, mientras Mario y Betina continuaron vinculados al rubro con heladerías en Venezuela.
La marca tomó un perfil particular dentro de la tradición rosarina: apostó por los helados gourmet y por sabores menos convencionales. En la década del 90 convocó al chef rosarino Marcelo Megna para desarrollar una línea de sabores propios. Con cuatro décadas de historia, Marbet pasó de aquel emprendimiento familiar a una red de locales y franquicias, pero mantuvo a Rosario como centro de producción y como lugar de origen de la marca.
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Las que quedaron en el camino
La historia del helado rosarino, de todos modos, también está formada por nombres que quedaron asociados a la memoria de otras generaciones. La Turinesa, Polito, La Uruguaya y Piemonte son cuatro heladerías que ya desaparecieron pero que tuvieron un papel importante en la historia de la actividad durante buena parte del siglo XX, una época en la que la heladería era mucho más que un negocio. Era un lugar de encuentro, especialmente para las familias y los vecinos de cada barrio.
¿Por qué Rosario desarrolló semejante tradición heladera? La respuesta está, en buena medida, en la inmigración italiana entre la Primera y Segunda Guerra Mundial. En el caso del helado, hubo una presencia particularmente importante de inmigrantes provenientes de Sicilia. Los inmigrantes que llegaron a Rosario trajeron oficios, recetas, conocimientos e incluso maquinaria que después transmitieron a sus hijos. Y, como era habitual en aquella época, quienes ya estaban instalados convocaban a familiares y conocidos de sus pueblos y regiones de origen.
"Desde mediados del siglo 19, ya en los bares se fabricaba helado. Era un postre que se vendía en verano y se hacía con máquinas manuales con hielo y sal, una mezcla que baja la temperatura bajo cero. Luego con la electricidad, y la refrigeración con amoníaco, se empezaron a traer las primeras máquinas y a fabricar", explicó Ciro Cacciabue, presidente de la Cámara Industrial y Comercial del Helado Artesanal (Cicha) de Rosario.
Así se fueron formando redes familiares de producción y comercialización. El resultado fue una actividad que se desarrolló a partir de pequeños emprendimientos familiares y que terminó convirtiéndose en una tradición local: de a poco la heladería artesanal fue dejando de ser solamente un oficio de inmigrantes para convertirse en una actividad característica de Rosario. Los pequeños negocios familiares se multiplicaron, el conocimiento pasó de padres a hijos y las heladerías empezaron a instalarse como marcas con sucursales en toda la ciudad.
"La tradición dice que se fue imponiendo y la tecnología, más la competencia sana entre los colegas, hizo que la calidad cada vez fuera mejor. Así, el rosarino lo tomó como propio. Por eso somos la capital nacional, tenemos la fiesta nacional, el mayor consumo per cápita del país y la mayor densidad de heladerías por habitante", apuntó Cacciabue.
Según datos de la Cicha, en Rosario se consumen 10 kilos de helado por persona por año (el promedio nacional ronda los 7) y existen unas 300 heladerías con venta al público. Rosario es, además, Capital Nacional del Helado Artesanal desde 1999 y celebra la Fiesta Nacional del Helado Artesanal todos los años.
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Del helado al patrimonio
El nuevo Catálogo de Heladerías Notables busca poner en valor justamente esa historia. Los locales que sean incorporados recibirán un sello oficial de "Heladería Notable" y serán incluidos en acciones de promoción turística y cultural. La Municipalidad podrá difundir el catálogo en hoteles, agencias de viajes y recorridos turísticos, además de utilizar sus redes sociales, los Centros Municipales de Distrito, las pantallas de la vía pública y el Transporte Urbano de Pasajeros.
La iniciativa toma como antecedente el Catálogo de Bares y Bodegones Notables de Rosario, pero le agrega un ingrediente particularmente rosarino: una tradición que comenzó con inmigrantes que llegaron desde Italia, se convirtió en oficio familiar, sobrevivió durante décadas y terminó transformando a la heladería en uno de los rituales gastronómicos más arraigados de la ciudad.
Ahora habrá que definir cuáles de esas historias merecen oficialmente el sello de Heladería Notable. Pero el listado de candidatas ya permite sacar una primera conclusión: en Rosario, pedir un helado también puede ser una forma de tomar un pedazo de historia.