En Rosario hay un potente y reconocido ecosistema del libro, que resiste con éxito las amenazas de una época adversa. Un recorrido
06:25 hs - Domingo 06 de Septiembre de 2026
Hace tiempo que las mujeres compran más libros que los hombres. Eso se nota no sólo en la vida cotidiana de las librerías, sino también en la industria editorial, afirma un avezado librero de la ciudad. Los jóvenes replican la situación y de las mesas de libros infantiles suelen surgir las mayores tendencias de venta, como ocurrió dos semanas atrás, días después de que cayera el intento de modificar la ley que protege el precio fijo de los ejemplares desde 2001. El sector cerró filas y ganó agenda. Independientes, de usados y de cadena, con ferias y actividades, Rosario tiene un potente y reconocido ecosistema del libro que está integrado por espacios culturales y de encuentros, más allá de lo comercial.
En números, en la ciudad hay 22 librerías independientes o de cercanía, 14 de las cuales integran la Cámara de Librerías Independientes de Rosario (Calir), 13 librerías de usados, 3 de cadenas y 27 editoriales independientes. Las cifras se dimensionan al considerar unas 1.600 librerías en todo el país y 200 locales de grandes cadenas. Un lugar emblemático en este ecosistema es la Feria Internacional del Libro de Rosario, que en su edición 2025, superó expectativas con más de 350 mil visitantes y buenas ventas en los stands, algo que esperan potenciar este año del 8 al 18 de octubre, en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. La contrapartida también existe: en el último tiempo cerraron tres librerías.
Librerías independientes
“Las librerías son motores culturales donde se hacen actividades, encuentros, clubes literarios que están de moda, y para las editoriales pequeñas y medianas, es el lugar donde pueden mostrar y comercializar lo que publican”, define José “Perico” Pérez, un gestor cultural ineludible en el tema, fundador de la librería y editorial Homo Sapiens, además de participar de distintos espacios a nivel nacional, siempre con la defensa del sector como objetivo de máxima. En la actualidad, en el país hay dos cámaras de librerías y dos de editoriales.
Según Pérez, el año 2001, con leyes de fomento de la lectura y defensa de la actividad librera a través del precio fijo, actuó como bisagra, triplicando la cantidad de novedades, duplicando las editoriales y crecimiento de librerías independientes. Proceso que fue blanco del afán desregulador, frente al que se unieron todos los actores que intervienen en la multidimensión que genera un libro: autor, editor, librero, diseñador, distribuidor, corrector, ilustrador.
La editorial Homo Sapiens, que él fundó, hoy edita unos 45 libros por año, con énfasis en ediciones de formación docente, además de libros infantiles, de historia y literatura, explica Pérez, quien destaca también el rol de las “editoriales chicas, que de no existir se perderían autores y autoras”. Perico ilustra con el caso de Selva Almada, considerada una de las escritoras contemporáneas más destacadas de la Argentina y América Latina, y que surgió a través de una editorial de Entre Ríos.
Desde Paradoxa, Enrique Rey encuentra la génesis de su profesión de librero -a la que define como “hermosa”- en la lectura y la curiosidad. “Siempre anduve rondando librerías, viendo catálogos, lomos de libros, siempre queriendo estar cerca de ellos”. La librería que comanda trabaja con catálogos en profundidad de ciencias sociales, literatura, de autoayuda e infantiles. “Hay librerías independientes que tienen catálogos específicos de un tema, y otras tienen un poquito de todo, casi todas las librerías son generales y también las hay con especialización”, explica.
“Hoy con internet y redes sociales, muchos clientes van a las librerías y ya tienen decidido autor y libro. En lo personal, cuando viene alguien sin esa certeza, me pongo contento porque es ahí donde se resignifica nuestro oficio”, comenta. Y muestra su entusiasmo por la conformación de Calir, porque “ya nos vamos moviendo como cuerpo colegiado” . Además, da un dato de contexto: “Las ventas del Día del Niño fueron iguales que el año pasado si se tiene en cuenta la venta por promociones con tarjetas bancarias, con cuotas sin interés".
“Esa semana se incrementó la venta en un momento en que el mercado está contraído, el consumo a la baja y también los salarios reales de la ciudadanía”, dice y explica que el libro es un bien elástico (prescindible). En una crisis es lo primero que se deja de consumir, y en este marco los clientes que continúan comprando son profesionales o aquellos a quienes les queda un resto. “Hay una suerte de tenaza que aprieta el mundo del libro, por un lado nuestros clientes son personas relacionadas con el mundo de la cultura y la educación, y por otro, hoy todo lo que es cultura y educación está a la baja”.
En su opinión Rosario es prolífico en editoriales con muy buenos catálogos, “tenemos más de 30 mil títulos, y 400 proveedores, los primeros tres proveedores en el ranking de ventas sólo representan el 24 % de la venta de toda la librería o sea que el resto se reparte entre editoriales independientes”.
Las nuevas generaciones en acción
“Hacemos acciones que fortalezcan nuestro sector y acerquen lectores, se armó un grupo lindo y trabajamos muy bien juntos”, comenta la secretaria de Calir, Martina Mainelli, sobre la cámara que nació de las nuevas generaciones de familias de libreros y con el objetivo de fortalecer el sector. “Rosario lo merece, generamos eventos corporativos, somos 14 librerías, y el pasado mes de julio organizamos la Feria del Libro Infanto Juvenial, en el Galpón 11, y fue un éxito, en octubre tenemos una actividad en el Museo de la Memoria”, explica. Y suma la actividad que realizaron llevando libros a los niños internados en el Hospital Vilela.
Según Mainelli, la crisis afecta a las librerías, resiente las ventas, provoca cierres y obliga a diseñar estrategias de ventas, “el libro es un bien cultural, no es un objeto cualquiera, nosotros nos consideramos parte de la cultura, por eso creemos que las librerías, además de comercios, son espacios culturales y de encuentro”.
Librerías de usados
Conocidas como librerías de viejo, unas 13 librerías de usados, en el centro, barrios y en la web, son opción para el público que más que novedades busca clásicos, precios accesibles o trueque, explica Mariana Chyla, al frente de uno de los locales de El Pez Volador, negocio familiar que comenzó con un caballete en la crisis de los años 90. Forman el Círculo de Librerías de Viejo de Rosario y dos veces al año y con gran respuesta de sus lectores autogestionan sus propias ferias. La próxima será en noviembre en el Espacio Cultural Universitario (ECU).
Lectores y escritores
La autopublicación es otra de las dimensiones del ecosistema del libro. María Inés Cruz es publicista y autora de literatura infantil, y su saga Secretos del Agua se convirtió en soporte didáctico en las escuelas y está disponible en el Acuario de Rosario. “Una de las características más desafiantes de la autopublicación es que el autor tiene una participación muy activa en todo el proceso, lo cual demanda mucho tiempo y esfuerzo, incluido el circuito de distribución y venta”, dice. Además destaca el espacio que ofrecen las ferias “porque el libro, más que objeto de estantería, es una experiencia de encuentro”.
Escritores unidos
María del Carmen Díaz Gonzalez es escritora y antropóloga con varios masters, y preside la filial Rosario de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade). Además de escribir poesía y cuentos para niños, trabaja en microficción. “Ante la crisis económica una salida es editar los propios libros”, dice sobre las orientaciones que dan a sus afiliados, además de ayudarlos a gestionar derechos de autor. Con 200 afiliados, destacan la oportunidad de las ferias para escritores independientes, que realizan en distintas localidades. “Tratamos de formar una institución que sea sólida en la defensa y educación de nuestros escritores, entre los que hay más mujeres”, enfatiza. Como estrategia de venta, “dejan sus libros en consignación en las librerías”, con distinto éxito.
“Una librería es para mí es un universo inagotable, a partir del concepto que da Umberto Eco, al decir que cuando uno lee puede vivir mil vidas. Una librería como una biblioteca, las públicas en particular, nos dan ese universo para pensar, soñar, tener esperanzas”, dice Gustavo Battistoni, escritor y conferencista. Y, sobre todo, lector como pocos: “Los libros nos hacen mejores, nos plantean utopías que indican el camino en el que nos enriquecemos”, cerró mientras elegía un texto, en ese universo proteico y hermoso que son las librerías.