En medio de un fenómeno creciente respecto de su uso, desde la Secretaría de Salud municipal desaconsejaron la utilización de cigarrillos electrónicos, práctica que no consideran menos nociva que la de fumar tabaco, porque "cambia una sustancia tóxica por otras".
En el país, la Anmat tiene prohibida la importación, distribución y comercialización de cigarrillos electrónicos y sus accesorios, incluidos los líquidos. En tanto, la Secretaría de Salud de la Nación desalienta su uso. Sin embargo cada vez hay más usuarios y la oferta en redes sociales y plataformas de venta on line es cada vez más profusa.
"El vapeo no es menos dañino que fumar cigarrillos tradicionales, porque calienta a más de 250 grados la sustancia, que no es agua. Esto genera un vapor muy caliente que de por sí irrita muchísimo las vías aéreas e incorpora nicotina, que es responsable de muchas enfermedades relacionadas al tabaquismo", sostiene la médica neumonóloga Mónica Cuello, que integra el área de salud respiratoria del municipio.
La profesional afirma que el vapeo puede generar "grandes irritaciones dentro de los bronquios, que pueden derivar en enfermedades como neumonía lipoidea, neumonía por hipersensibilidad, insuficiencia respiratoria y proteinosis alveolar". Aunque aclara que "son todas situaciones extremas", sostiene que "pueden suceder". Otras consecuencias del uso pueden ser "tos, irritación bronquial, falta de aire, náuseas y vómitos". Por todo esto, Cuello concluye que el cigarrillo electrónico "no reduce daños, si no que se cambia una sustancia tóxica por otras que pueden llegar a ser cancerígenas, como metales pesados o hidrocarburos".
Además, la médica, que participa en los cursos para abandonar el cigarrillo, agrega que "la adicción psicológica como el llevarse algo a la boca, preparar el tabaco, esas rutinas que a veces están ligadas a cuestiones emocionales (como gratificación, tranquilidad, o no sentirse tan solo), deben ser cortados para dejar de fumar", por lo que considera que el uso del vapeador "lo perpetúa".
Según su lectura, otros efectos indeseados pueden ser que, "como es poca cantidad de nicotina, también genere ganas de fumar cigarrillos". En tanto, opina que "la falsa sensación de que es inocuo hace que los jóvenes lo usen como puerta de entrada al tabaquismo". "No es menos tóxico, ni ayuda a dejar el hábito", considera la neumonóloga.
¿Qué dicen los usuarios?
Recientemente circuló información de casos fatales en Estados Unidos vinculados a la utilización de vapeadores con THC en aceite, un componente del cannabis, práctica fuertemente desaconsejada entre los usuarios. En tanto, a nivel nacional un hombre debió ser internado, pero que había fumado 20 cigarrillos por día durante 15 años, y solo llevaba un mes y medio utilizando el dispositivo electrónico.
Los usuarios de cigarrillo electrónico sostienen que el dispositivo los ayuda a fumar menos y con menor daño para su salud. Al mismo tiempo, creen que la decisión del Estado de prohibir sin mayor intervención no evita que las personas consuman igual los productos, pero sí que lo hagan sin regulación.
Nicolás (32) tiene un cigarrillo electrónico pequeño, del tamaño de un pendrive, que se carga por USB. Fumaba dos atados de 20 cigarrillos por día y ahora uno de 10. "Fumo el equivalente a medio pucho cada vez. Es un poco psicológico también, porque siento saciedad. Es la sensación de tener algo en la mano y largar el humo", explica.
Lucio (39), además de usuario es un militante del vapeo, con el que bajó de fumar 25 cigarrillos a uno por día. Arrancó con el formato de lápiz y hoy tiene un aparato traído de Europa de gama media-alta. Su postura es que los casos fatales no fueron culpa del vapeo, sino de mala utilización: "La jeringa puede usarse para drogar o para poner una vacuna. El vaporizador no es un arma, se puede cargar o no con nicotina, con líquidos permitidos o prohibidos", afirma.
Lucio no niega que el producto tenga consecuencias para la salud, pero afirma que "el Ministerio de Salud británico dice que es 95 por ciento menos dañino que el tabaco porque no tiene alquitrán, benceno y los derivados de la combustión del papel". Y agrega: "La nicotina en sí misma es un químico que los médicos dan a los fumadores para que dejen, como parches, chicles o pastillas". Por eso, considera que "lo ideal sería que la Anmat lo regule y que sea un profesional el que prescriba la concentración de nicotina".
"Hay un perjuicio contra el usuario. En España e Inglaterra, el Estado se involucra en la problemática y regula la fabricación, el tránsito y la venta, que es libre. En el caso de Inglaterra además el Ministerio promueve el uso como mecanismo de reducción de daños. En esos dos países no hay muertos", señala.