Pandemia

Los "papers" se meten en nuestro hogar: ¿ayuda o peligro?

El extranjerismo "paper" o "papers " (en plural), hoy tan difundido, es el nombre que se le da en inglés a un "artículo científico"

Miércoles 04 de Agosto de 2021

Durante la residencia médica, programa de formación de posgrado por excelencia que tiene lugar en hospitales y dura de 3 a 4 años, los amaneceres de los nóveles médicos están impregnados no solo por el sueño de la noche anterior de guardia sino también por la preparación cada mañana del “pase de guardia o de sala”. Allí se desata una especie de ceremonia en la que se presentan y discuten los pacientes nuevos ingresados. Se esbozan los probables diagnósticos diferenciales, las estrategias diagnósticas y terapéuticas y algunas veces se lee y discute algún “paper” relacionado al/los pacientes ingresados. El extranjerismo “paper” o “papers ” (en plural), hoy tan difundido, es el nombre que se le da en inglés a un “artículo científico”.

El “paper” es por antonomasia el formato de divulgación de los avances científicos y tecnológicos en medicina. Durante la residencia no solo están presentes en aquellos “pases” sino en realidad en todos los espacios de formación académica.

Residentes, actuales y pasados, podrían abonar esta breve historia y contar las suyas. El “paper” continuará en la vida de los médicos como un pilar en su formación continua.

Por estos días, rebosantes de información científica ligada al Covid desde temprano en nuestro hogar asistimos a una especie de “pase de sala” que da cuenta de la cantidad de nuevos casos. Cuántas personas fallecieron, cuántas se recuperaron. La cantidad de vacunados. Muchas veces acompañado de la lectura y análisis de avances de un reciente “paper”. Se puede también escuchar a diario a expertos, ampliando más aun la información, echando luces y divulgando conocimientos.

El intercambio de información Covid se ha instalado cotidianamente. Como médicos ya no solo “escuchamos, conocemos, explicamos y damos lineamientos sobre salud a nuestros pacientes" sino que además algunas veces discutimos con ellos “papers”.

Hablamos sobre la efectividad de tal o cual vacuna, por ejemplo, y suelen preguntarnos sobre “estudios en marcha” que aún no llegaron a los “papers”. Se instalan conversaciones científicas sobre SARS CoV 2 en los ámbitos más diversos.

Nuestros amigos y conocidos ya no están solo interesados en controversias sobre futbol o política. Se entablan, a veces con más vehemencia, coloquios sobre la proteína spike o espiga del nuevo coronavirus.

Los beneficios de esta abundancia de información científica

Internet ha producido en los últimos 20 años un cambio extraordinario en el acceso a las publicaciones científicas. Hasta entonces, no era sencillo obtener un “paper”, sobre todo aquellos publicados en revistas menos conocidas. Se disponía de los publicados en revistas a las cuales uno estaba suscripto y de aquellas que estaban en las bibliotecas de los hospitales o las universidades.

En Rosario siempre tuvimos el privilegio de contar con la Biblioteca del Circulo Médico y con frecuencia los bibliotecarios/as disponían de contactos

con otras bibliotecas con las que establecían un intercambio, por lo general gratuito, por el cual los artículos solían llegar por fax (era lo más rápido) con una calidad muy variable.

También existía un pequeño libro de bolsillo de publicación semanal llamado “Current Contents” en el que se mostraban las portadas de revistas seleccionadas y la dirección del autor responsable de la correspondencia al que podíamos dirigirnos por intermedio de una tarjetita para pedirle una copia de su “paper”, en algunas ocasiones éste nos respondía que se le habían acabado las copias y no nos lo podía enviar.

Si nos remontamos un poco más atrás, a la década del 80’, los médicos recurríamos a las pocas bibliotecas que contaban con el “index medicus” (la referida del Circulo Medico de Rosario por ejemplo).

El “index” era un bibliorato enorme, probablemente de tamaño similar al que utilizaban los antiguos monjes Benedictinos en la Edad Media para dar lugar a sus escrituras monásticas. El “index medicus” comenzó en 1879 y llegó a su fin en 2004, reagrupaba textos de las principales revistas de medicina. Se tomaba de allí la cita, pacientemente buscada por autor o temática y se solicitaba el artículo por correspondencia. Eso sí, había que esperar días, a veces semanas. En general prevalecía la literatura en inglés.

Todo este laborioso proceso de búsqueda de la información científica ponía a prueba la tenacidad e inquietud científica de los interesados.

Todo está al alcance de un teclado

Desde la aparición de internet, las revistas científicas se fueron adaptando a las nuevas tecnologías de manera dispar, algunas lo hicieron rápido otras tardaron más, pero todas finalmente lo hicieron. La oferta online es amplia y variada, suele incluir no solo los artículos en PDF sino también la posibilidad de visionar vídeos, artículos con formato para personas con discapacidad.

Muchas revistas científicas médicas fueron modelo y marcaron un camino de rápida adaptación a la web, estando disponibles on line gratuitamente. Si bien las clásica, igual que algunos diarios, conservan su formato en papel, se asiste cada vez más a la aparición de revistas científicas sólo en versión online.

La mayoría de las noticias sobre SARS CoV 2 son confiables y chequeadas. No obstante está aceptado y amerita algún nivel de alerta que la sobreabundancia de las mismas pueda generar angustia, confusión, temores y hasta pánico o promover conductas incorrectas o contrarias a la salud (por ejemplo hay quienes rechazan vacunación Covid por la información sobre potenciales e infrecuentes efectos indeseables de las vacunas).

Evitar la sobreinformación, cumplir con algún esquema de vacunación, mantener las medidas de distanciamiento social y uso del barbijo dispuestas por autoridades sanitarias, preservar el buen humor, acompañado de una alimentación saludable y plan de actividad física parecen ser las claves para enfrentar el coronavirus.

La exuberancia informativa sobre coronavirus fue denominada por OMS como “infodemia” y se relaciona con un concepto como el de “fakenews”.

Infodemia y “fake news”

Las fake news son intentos deliberados por difundir información errónea. Socaban las respuestas de salud pública pudiendo perjudicar la salud física y mental de las personas, jaqueando muchas veces las capacidades de los países para poner freno a la pandemia. Las autobúsquedas en internet al no estar a cargo de médicos ni expertos en salud pueden no ser interpretadas correctamente corriéndose el riesgo de caer en el terreno de las noticias falsas. Por ello es aconsejable siempre recurrir a la valoración médica.

El acceso y la búsqueda de información no deberían ser algo negativo, es parte de la esencia humana en su afán de conocimiento y perfección. Además la información de calidad constituye un derecho y un insumo básico para la toma de decisiones. No obstante el desafío para la comunidad es tratar de no sucumbir en un espiral de apetencia informativa incesante que ocasione preocupaciones y no genere beneficios. Se debe reflexionar pensando que no es la primera vez que la humanidad se ve desafiada por una catástrofe "infectológica" y siempre supo salir adelante de la mano de la colaboración silente de la ciencia. Y eso ocurrió sin que la sociedad este “en vilo” y tan pendiente de los “papers”.

Es hora de poner las esperanzas en la ciencia y centrarse fundamentalmente en forma individual y colectiva en los aspectos preventivos.

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