El día después

La proeza de un equilibrista ante el abismo

El artista/inventor/deportista traza una línea, construye un espacio vital inédito y lo habita.

Lunes 01 de Junio de 2020

Cuidado en la lontananza

Hay una película llamada Man on Wire (algo así como “El hombre en el cable” en castellano, del director James Marsh) en la que se cuenta, de manera documental, la proeza de un equilibrista francés llamado Philippe Petit, quien en el año 1974 se propone tender un cable de acero entre las dos azoteas de las Torres Gemelas, para luego cruzar de una terraza a la otra caminando en el cielo. Este artista inventor/deportista traza una línea de abismo, construye un espacio vital inédito y lo habita. Inventa y define una dimensión. Esta persona reunió el esfuerzo, la sabiduría, la ciencia, los datos, los indicadores de la física, las certezas de la química de sus músculos, para lograr una proeza. Sin embargo, para tal fin, también se infiltra en un sistema. Posibilita una zona autónoma y desregulada, inexistente hasta ese momento. Escribe un nuevo horizonte en la gran ciudad (antes de que todo explote) y genera un paisaje inédito en el perfil urbano. Algo se abre.

Podríamos decir que la performance del equilibrista y su hito merecen más el análisis de la crítica de arte por sus procedimientos, que de las fuerzas de seguridad o de la ciencia, porque habilitan un terreno de exploración radical y des-limitado, donde se produce un conocimiento no dogmático en el que, por supuesto, la disciplina, la experimentación y el trabajo son necesarios. Se expande lo preconcebido, se organiza otra arquitectura del cuerpo y la imaginación. En resumidas cuentas, el funambulista diseña una envolvente con su propio peso, una catenaria a partir del principio del equilibrio isostático. Alimenta un esquema matricial en el que tenemos la misma cantidad de ecuaciones planteadas que de incógnitas. Física y arte.

El equilibrista me deja pensando en que las lontananzas no existen si no logramos imaginarlas. Y la imaginación se activa tanto ante campos fértiles como yermos, junto a la sensibilización, los conocimientos y las prácticas comunitarias. Los Estados deben garantizar el derecho a imaginar y a conocer.

¿Cómo imaginar un nuevo horizonte?

La destreza requiere un reseteo de la historia y de los paradigmas patriarcales, femicidas y antiderechos. No para negar la memoria, sino para resignificar los aprendizajes, reorientar las prioridades, menguar las desigualdades, estimular las potencialidades. Demanda tener en cuenta a las personas en sus distintas escalas y necesidades: las colectivas, las singulares, las domésticas. Exige un Estado presente que garantice la formulación de políticas de cuidado y fomente prácticas que, en lo instrumental y en lo sensible, se pongan en el lugar del otro, en un ejercicio de lo común. Al horizonte, entonces, lo imaginamos sin abusos y sin misoginia. Lo imaginamos con las políticas públicas enfocadas en los más olvidados: las infancias, las mujeres, las disidencias, los adultos mayores. Visibilizamos las luchas transversales. Imaginamos la no precarización laboral. Y que el Estado tenga el oído pegado a la calle. Que nutra de manera silente, pero que a la vez haga visibles las responsabilidades de cuidado que suelen caer siempre sobre les mismes. Imaginamos un Estado nodriza.

¿Cómo escribir ese horizonte?

Desde el optimismo antropológico y escéptico, ante un tiempo que está fuera de quicio. Resolviendo las desigualdades seculares. Ganando territorio al egoísmo y a la indolencia. Subvirtiendo paradigmas preanunciados, ofreciendo así un mensaje imprescindible, en el que una profunda conciencia ciudadana organice, entre los movimientos sociales, la sociedad civil y las subjetividades, formas innovadoras de responsabilidad colaborativa de los gobiernos. Abrazar el empoderamiento de los sujetos, estableciendo dispositivos de representación política que alimenten y garanticen derechos. Abrazar comunidades donde emerjan les artistas del mañana. Vuelvo al artista, al volatinero o la volatinera, que logra, aun sobre un abismo, poner en práctica un sistema con infinidad de soluciones. Camina hoy sobre una nube, sabe que llegamos a tierra firme con el máximo esfuerzo para producir un nuevo trayecto. Marcha por la solidaridad transformadora y crea, en simultáneo, un horizonte mancomunado.

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