A nueve días de la desaparición del quinielero Juan José Morales, de 66 años, en el pueblo entrerriano de San Jaime de la Frontera, se barajan pistas que van desde un robo hasta un suicidio, pasando por alguna intromisión mafiosa.

A nueve días de la desaparición del quinielero Juan José Morales, de 66 años, en el pueblo entrerriano de San Jaime de la Frontera, se barajan pistas que van desde un robo hasta un suicidio, pasando por alguna intromisión mafiosa.
El martes 30 de agosto a las 20.07, Morales levantó la última jugada a la quiniela en la colectora de la ruta 127, al lado de la carnicería, siempre acompañado de su bicicleta roja. Unos quince minutos después dio la vuelta a la manzana y en la puerta de su tómbola "Pochito" mantuvo una breve charla con doña Elva, una vecina que le dio el pésame por la reciente muerte de su hermano.
Luego fue hasta la esquina para completar los clientes de la cuadra, y volver enseguida a hacer el cierre de la quiniela de las 20.30. Pero nunca más fue visto en el pueblo San Jaime de la Frontera (ubicado en el extremo norte de la Entre Ríos, a unos 10 kilómetros de Corrientes), ni en ninguna otra parte.
Su esposa, Beatriz, sospechó enseguida de su ausencia, y caminó unas cuadras para buscarlo. A las 20.45 lo llamó por teléfono, pero el celular ya estaba apagado y daba el contestador, pese a que siempre lo tenía encendido. De inmediato llegaron Diego y Walter, los dos hijos, para buscarlo a pie y en moto por las cuadras linderas, y a la media hora estaba todo San Jaime rastreando a Pocho por cada rincón del pueblo.
A las 22.25 llegó a la tómbola Pinino Báez, un personaje conocido por vivir más borracho que sobrio.
Le dijo a la familia de Pocho que había pasado por su casa a eso de las 22, y desde la ventana le pidió que les avise "que andaba mal, y se iba para La Colorada", un campo espinoso que rodea un costado del pueblo.
De inmediato se fueron todos para allá y caminaron con linternas entre arbustos y yuyos. Al día siguiente continuó y se extendió la búsqueda, pero no hallaron ni un rastro.
Nueve días después, la familia de Morales y todo el pueblo no saben nada de su paradero, y hay tantas hipótesis sobre lo que le pudo haber pasado como habitantes tiene San Jaime, desde las más factibles hasta las más descabelladas.
Desde la policía se dispuso un operativo que incluyó cientos de uniformados y aspirantes en rastrillajes por los montes aledaños, las banquinas de la ruta hacia Conquistadores y hasta Las Cuatro Bocas, el cruce de frontera con la provincia de Corrientes. La búsqueda incluyó helicópteros, buzos tácticos, perros adiestrados y entrecruzamiento de llamadas telefónicas.
Se requisó el 50 por ciento de las viviendas de todo el pueblo y se recabaron algunos datos, pero ninguno permitió, hasta ahora, precisar en una pista concreta.
A simple vista, parece que los casi 5.000 habitantes de San Jaime no perdieron la rutina, pero las caras muestran preocupación.
"La gente tiene miedo". "¿Qué me dice de lo de Pocho Morales?", preguntó UNO a varios pobladores, y a la respuesta "Nada", siempre le siguió: "Encima hace un año pasó lo mismo con otro hombre de la misma edad (66 años), que también iba en una bicicleta roja, y no se supo mas nada". Se trata de Sebastián Ortíz, un vendedor ambulante conocido en la localidad. Y se ironizó: "¿Va a haber un desaparecido cada año? Más vale que para septiembre del año que viene no vamos a salir en bici".
Los familiares están desorientados, consternados. "No se puede creer, nadie dice nada, alguien lo tendría que haber visto, ese dia hacía calor, andaba mucha gente en la calle", dijo Walter, uno de los hijos. Su hermano, Diego, agregó: "Pasa que tienen miedo de hablar. Acá no hay robos, asaltos, nada". Y Walter ejemplificó: "No habla la gente. Vos te levantás una mina, estas entrando a una casa y todos saben, todos te vieron, pero para estas cosas nadie habla".


