Como una herencia de la pandemia, pero también de la inseguridad y de los bolsillos flacos, los comercios del centro cada vez abren más tarde y cierran más temprano. El efecto pos Covid entorpece la recuperación de la zona, porque muchos comenzaron a operar entre las 9.30 y las 10, y cierran las persianas entre las 18.30 y las 19 por miedo a los robos cuando hay poco movimiento, y para ahorrar costos laborales. ¿No hay plata, no hay ventas, o no hay ganas?
Rosario debe ser la única o de las pocas ciudades de la provincia en la que se hace horario corrido, que históricamente fue de 8 o 9 a 20, pero cada vez se acorta más como una sábana que solo puede tapar los pies o la cabeza. En los pueblos e incluso la capital provincial a las 8 ya está todo abierto, se cierra al mediodía para dormir la siesta, y se retoma a las 16 hasta las 20. También sucede lo mismo en algunos barrios.
Referentes del centro admiten que antes de la pandemia el horario era de 9 a 20, después duró mucho tiempo de 10 a 19, y ahora en general es de 9.30 a 19, con algunas excepciones. "El cambio cultural de los clientes apunta a venir más tarde e irse más temprano. Los locales responden a seguir el movimiento. Mientras siga esa tesitura hay que mantenerla, uno pone la cantidad de vendedores según el rango horario de movimiento", señaló Nelson Graells, de Amigos de Peatonal Córdoba.
En los últimos tiempos se ha extendido el dicho de que "la gente sale a las 10 a comprar", y por eso arrancan sobre esa hora. En calle San Luis es aún más corto: los mayoristas cierran a las 18, incluso algunos 17.30, y los minoristas de Entre Ríos hasta San Martín llegan hasta las 19. "Es una cuestión de costumbre que dejó la pandemia. No entra nadie, baja la frecuencia de colectivos, y para no quedar abiertos solos esperando el horario de cierre, lo adelantaron", detalló Miguel Rucco, presidente del paseo comercial.
Así los empleados tienen un solo turno, y el dueño se ahorra tener a personas a medio tiempo para cubrir el resto. "Lamentablemente a veces no dan los números para poner más gente y ampliar el horario, ya que no solo es pagar más horas, tenés que cubrir faltas y vacaciones", analizó una propietaria. "Lo dejó la pandemia y la pobreza. No te reditúa abrir dos horas más, ya que el costo laboral es altísimo. Somos comerciantes, pero no tontos. Si te deja plata, abrís más", dijo otra.
Pero hay muchos negocios que son atendidos por los propios dueños, en especial los de locales de galerías. En este caso, el argumento es la seguridad: abren cuando hay movimiento en la calle, para zafar de un posible robo. "Se hace difícil tener el doble turno de 9 a 20. Y es cierto que el centro, después de las 19, se pone muy desolado. Ojalá no fuera así, yo estoy a favor de extender y la Noche de las Peatonales me sirve bastante en lo comercial", aportó Javier, dueño de la librería Craz en Pasaje Pan (Córdoba 954).
La falta de transporte, que nunca volvió a ser el mismo luego de la emergencia, es otra de las razones detrás del fenómeno. "Abren y cierran todos juntos por la inseguridad. La falta de colectivos hizo que se ralentizara la llegada de personas al centro y eso hace que haya menos movimiento. El cambio de jefes policiales hace que siempre arranquemos de cero con el tema de la custodia y los policías caminantes", apuntó Fabio Acosta, de la Asociación Casco Histórico.
Dificultad
Por eso, para las 18.30 o 19 la mayoría está cerrado, lo que complica ir de compras luego de trabajar si no se está cerca del centro. "Cuando salgo de mi laburo en Puerto Norte es imposible llegar al centro antes de que cierren, sumado a la pésima frecuencia de colectivos", comentó una joven. Es que los clientes muchas veces también son empleados, y tienen que ir en su franco o pedirse un día para hacer compras. "Trabajo en Alberdi de 8 a 18 y me es imposible poder hacer algo en el centro", agregó otra.
No parece positivo teniendo en cuenta que la reconfiguración del consumo tras un 2020 atípico de cuarentena hizo que pierdan con los comercios de los barrios y los shoppings. No pasa lo mismo en Buenos Aires ni en las grandes ciudades de Latinoamérica. Así, los locales del centro están cerrados cuando los posibles clientes tienen tiempo de ir a comprar, y abren cuando todos están trabajando. Algo está desbalanceado.
Desde el otro lado del mostrador, contestan que es cuestión de chequear los horarios en Google antes de salir de casa, para asegurarse de ir dentro del horario en el que el local está abierto. "A veces vienen 5 minutos antes del cierre, sin importarles que hay personas del otro lado. Yo soy dueño y tampoco merezco trabajar 10 o 12 horas para cumplir el deseo de un cliente de venir a comprar a las 8. Hay que normalizar que la explotación no está bien", contó Marcos, propietario de un negocio.
Sin embargo, hay varios casos en los que en la web dice un horario que está mal o desactualizado, o directamente no está. Es que muchos comerciantes no están aggiornados con las tecnologías, y no saben cómo cambiarlo o implementarlo. También es cierto que algunos no respetan la hora que anuncian: en teoría abren a las 9, pero hasta las 10 el negocio está cerrado.
Respecto del cierre, con la llegada de la primavera quizás esto empiece a cambiar, y con la presencia de más luz se estire un rato el cierre hasta llegar a las 20 que era el horario que se hacía hasta 2019. Algunas zonas que tienen gastronomía, como el Shopping del Siglo o las peatonales, tendrán más vida con la llegada de las noches frescas. El arribo de las fiestas le dará otro aliciente a los propietarios para seguir abierto un rato más.
Un refuerzo policial, la normalización del transporte público, la apertura de Rock & Feller's y el inminente desembarco de un nuevo proyecto en la esquina de La Favorita, más la inversión pública en el centro y la aparición de otros emprendimientos, sobre todo gastronómicos que le brinden nocturnidad, quizás sean una ayuda para que la actividad recupere ese horario comercial con un final más cercano a las 21, como fue históricamente.