"La estructura de la Iglesia no favorece al ideal evangélico de igualdad.Una persona encerrada en la Roma opulenta no puede saber toda la verdad", indica Gabriel Andrade, del Grupo Obispo Angelelli y formador bíblico del Centro de Estudios Filosóficos y Teológicos de Córdoba.
"Lo malo no es el Papa, es el papado. El poder de Roma es más político que espiritual, se basa en la infalibilidad del Papa. La Iglesia somos todos los bautizados, pero el Vaticano se maneja como una monarquía donde rige la obediencia, no la democracia. No es hereditaria porque no tienen hijos, pero eligen al sucesor", remarca a La Capital.
Pero advierte: "Hay una Iglesia pura y heredera de los primeros cristianos, también hay obispos progresistas, pero no llegan a ser cardenales. Al Papa lo deben elegir todos los episcopados del mundo, no sólo los cardenales".
Sobre el significado de tener un Papa argentino, Andrade resalta: "Es peronista, camina las villas con su ideología formada en Guardia de Hierro". Sobre lo que pueda que pueda producir, advierte: "Siempre hizo lo debido para tomarse del poder, es un político".
"Bergoglio no quiere ni puede tocar el poder imperial del Vaticano, quizás limpie algo las finanzas, pero cuando llegó Wojtyla pareció que con un Papa no italiano habría renovación, pero desarmó a la Iglesia de los pobres y dejó una más ortodoxa y autoritaria", explica.
Sobre la polémica por su actuación en la dictadura cívico militar, Andrade dice que "quizás no colaboró, pero no tenía el compromiso de Angelelli o De Nevares".
"Si Bergoglio cambia tras 30 años —agrega— puede dar un golpe de timón, también puede intentar aplastar las nuevas movidas en Latinoamérica. Ahora quedará solo en el Vaticano, ya que se marchan los cardenales que lo votaron y quedan los lobos. Los cardenales Angelo Sodano y Tarcisio Bertone no lo eligieron. Pero tiene una ventaja, el escándalo ya estalló y lo pagó Benedicto. Pero seguirá opuesto al aborto, al casamiento igualitario, los anticonceptivos y la participación de la mujer. Apuntará a desmantelar lo podrido del edificio, pero será el mismo edificio.
Para Andrade, "el Papa debe salir a buscar al resto de la Iglesia y llamar a un concilio. Nunca los laicos estarán en igualdad con la curia". Como el teólogo Leonardo Boff: dice: "La verdad es una construcción comunitaria. El Evangelio de San Juan dice: "El espíritu sopla donde quiere, en los libres, esclavos y en los que no tienen patrimonio".
Admite que "la religión es hegemónica, interpreta la fe desde un lado, de un grupo". Por eso propone "una fe en una sociedad de iguales", además de recordar que "Jesús fue profeta, no sacerdote". "En el nuevo libro señalo que a si alguien dice que es Napoleón lo toman por loco; ¿pero qué pasa si otro dice que habla por Dios?", se pregunta.
Remarca que "en los grupos de los primeros cristianos no importaba la condición social y el sexo. El cristianismo fue considerado subversivo y se buscó extirparlo", explica Andrade, nacido en Rosario en 1965 y autor del libro "Teología desde el camino. La dimensión política de la fe" (2008).
"En 1983, Juan Pablo II concentró el poder como una monarquía absoluta, eso es un abuso de poder que carece de fundamento teológico y equivale a usurpar el poder".
Concuerda con Boff cuando señala que "la estructura de poder de la institución católica, centralizada, piramidal, absolutista y monárquica no favorece el ideal evangélico de igualdad, de fraternidad ni la participación de los fieles. "Más bien cierra las puertas a la participación y al amor". Andrade, quien dirige con su mujer el Instituto Da Vinci, sostiene: "Deben existir cientos de comunidades de base, se necesitará menos dinero y sería asunto de todos, ese es el remedio seguro y digno para la Iglesia".
De asambleas al orden imperial
“Ekklesia, en griego, tenía un sentido político y no religioso: la asamblea, donde participaban todos. Así, la decisión de la Iglesia es del Espíritu Santo, cuando es decisión de todos”, dice Andrade. Pero advierte: “En el siglo IV el catolicismo toma las formas del Imperio Romano, su aparato político, los símbolos y concentra el poder en el Papa, quien dicta cánones y enjuicia, pero no puede ser juzgado en la Tierra”.
“No era Angelelli”
Sobre el rol de Bergoglio durante la dictadura, Andrade dijo que no colaboró pero que “no se comprometió como Angelelli o De Nevares”.