Los abusos en instituciones de la Iglesia católica, el nazismo, un histórico discurso ante el Parlamento en Berlín y hasta los mercados financieros ocuparon ayer al Papa Benedicto XVI en el inicio de su primera visita oficial a Alemania.
Los abusos en instituciones de la Iglesia católica, el nazismo, un histórico discurso ante el Parlamento en Berlín y hasta los mercados financieros ocuparon ayer al Papa Benedicto XVI en el inicio de su primera visita oficial a Alemania.
El pontífice de 84 años, que culminó la intensa jornada con una misa en el i mponente estadio olímpico berlinés ante más de 70.000 personas, fue recibido por la mañana por el presidente, Christian Wulff, católico casado en segundas nupcias, y por la canciller Angela Merkel, protestante, con quien, por la tarde, volvió a reunirse.
En su esperada y controvertida alocución ante la Cámara baja del Parlamento (Bundestag), la primera de un Papa, habló sobre la naturaleza del bien y del ser humano en un discurso de fuerte contenido teológico y filosófico en el que evitó referencias concretas a los problemas que afronta la Iglesia.
La Europa positivista. "Cuando la razón positivista se erige como cultura única y relega el resto de realidades culturales a una subcultura, el ser humano queda disminuido y pone en peligro su humanidad", agregó.
"Digo esto precisamente con la vista puesta en Europa, donde amplios sectores intentan reconocer sólo al positivismo como cultura común y fundamento del derecho", enfatizó.
Fue ovacionado por un hemiciclo que decidió ocupar con invitados los asientos de los diputados que se ausentaron para protestar por la presencia de un líder religioso en el Parlamento. Muchos de ellos se sumaron a la manifestación que tuvo lugar a la vez en la céntrica plaza Potsdamer Platz contra la moral sexual del Vaticano y por la división real entre Estado e Iglesia.
Finalmente asistieron sólo unas 4.000 personas, según fuentes policiales, frente a las casi 20.000 que esperaban las 70 organizaciones de distinto signo que habían convocado la marcha. "La intolerancia es pecado", "Feliz sin Iglesia", "Papa, vete a casa", o "menos religión y más derechos humanos", fueron algunas de las consignas que defendieron en una manifestación que congregó a jóvenes y ancianos de distintas nacionalidades y tendencias políticas.
Joseph Ratzinger ya sabía que ésta sería la más difícil de las tres visitas a su patria. Por ello, Joseph Ratzinger se mostró comprensivo con las protestas anunciadas en una ciudad que suma más musulmanes que católicos (apenas uno de cada diez) y está gobernada por un alcalde socialdemócrata y gay.
El Papa continuará hoy su visita con un encuentro con representantes de la comunidad musulmana de Alemania en la Nunciatura apostólica de Berlín. De ahí viajará a Erfurt para reunirse con representantes de la Iglesia evangélica en el convento de los Agustinos, donde vivió el padre de la Reforma, Martín Lutero.
Hitler
Después de hablar en el Parlamento el Papa mantuvo un encuentro con el Consejo Central de los Judíos en el que recordó el Holocausto. “El «omnipotente» Adolf Hitler era un ídolo pagano que quiso convertirse en el sustituto del Dios de la Biblia”, dijo. Subrayó por otra parte el origen común de ambas religiones y recordó que Jesús era judío.


