Los argentinos también vivieron horas desesperantes en Japón: mientras Adrián Della Rosa protagonizó una odisea hasta poder ubicar sanos y salvos a su esposa e hijos, los futbolistas Sergio Escudero y Pablo Bastianini, quienes militan en distintos equipos nipones, calificaron de “dramática” la situación tras el terremoto y tsunami que azotaron ayer a ese país.
“Es el mayor drama que viví”, apuntó Escudero, español de nacimiento pero argentino por adopción (hizo las inferiores en Vélez Sársfield) y actual jugador del Urawa Red Diamonds.
“Vivo en Seitama, lejos de la zona más afectada, pero es increíble cómo se movió el país”, agregó.
Escudero es primo de Damián (Gremio de Porto Alegre, Brasil) y sobrino de Osvaldo (Pichi, que fue campeón con Central en 1980 y en la selección que en 1979 ganó el Mundial juvenil en Japón).
A su turno, Bastianini (jugador del Yokohama Marinos) aseguró: “Estoy bien, pero muy preocupado. Miro a mi bebé y a mi señora y me pasan mil cosas por la cabeza. Estamos lejos de la zona que se llevó la peor parte, pero mi edificio se mueve. Es un drama”.
Bastianini (ex Quilmes, Independiente y Defensores de Belgrano) advirtió que “hablan de miles y miles de muertos, y si esto pasaba en otro país que no fuera Japón sería una tragedia mucho peor”.
Por su parte, Della Rosa había recibido durante el sismo un mensaje de texto de su esposa: “Es un terremoto tremendo, te amo”.
Durante horas no supo de su familia. Y, pese a que le dijeron que esperara hasta hoy, apenas le comunicaron que el epicentro del terremoto había sido a 18 kilómetros de donde estaban los suyos subió raudamente al auto y arrancó.
Fue un dramático recorrido ya que Adrián se encontraba haciendo una capacitación laboral en Kobe, ciudad ubicada a mil kilómetros hacia el sur.
María Alejandra, su mujer, y sus dos chicos, Angelina (9 años) y Valentino (6), residen en un pueblo de montaña ubicado a 18 km de Sendai, la ciudad epicentro del terremoto.
Adrián se dirigió hacia Sendai por la costa oeste, pero la policía le impidió seguir por la devastación del lugar. Entonces cambió de recorrido y, en pleno viaje, pudo saber que su familia estaba bien y en un refugio.
La familia Della Rosa vive hace 6 años en Japón y tres meses atrás se había mudado cerca de Sendai. Apenas llegaron al país asistieron al curso sobre sismos que brindan las autoridades niponas.
“Lo imprevisto fue el tsunami. En el curso te explican que cada 180 años, más o menos, se produce un gran sismo”, aseguró Adrián. Y concluyó: “Es una guerra, pero no hay enemigo. Es la naturaleza la que castiga”.

































