Marina Narbais está haciendo un doctorado en Roma y ayer, cuando volvía de la facultad, no pasó por San Pedro, porque pensó que no habría novedades. Grande fue su sorpresa al ver en el celular la frase: "Fumata blanca". No perdió un segundo, se subió a la moto y fue hasta San Pedro.
En ese momento, una multitud ya estaba allí para conocer al nuevo pontífice de la Iglesia Católica. "No pude avanzar más que hasta el medio de la plaza porque había mucha gente. Ya había menguado un poco la lluvia y los paraguas se fueron cerrando. Fue un alivio porque se podía ver mejor el balcón desde donde esperábamos que saliera el Papa", relató Marina en diálogo con LaCapital.
"Estaban todas las luces de la plaza encendidas y también podían verse las de la Capilla Sixtina. Eso indicaba que todavía había que esperar que el elegido fuera saludado por los cardenales", dijo. En la plaza se respiraba un clima de fuerte expectación y desconcierto porque nadie sospechaba quién sería el nuevo Papa.
"En estos días en Roma la gente hablaba del italiano Angelo Scola, el canadiense Marc Ouellet y el brasileño Odilo Pedro Scherer. Bergoglio sonó más en el anterior cónclave, cuando salió Ratzinger,", recordó la joven.
La inquietud aumentaba según pasaban los segundos. Marina pudo ver a su alrededor banderas de muchos países y los más de 5.800 periodistas que aprovechaban a entrevistar a la gente. "Había muchos romanos, gente joven y familias de la Ciudad Eterna que no querían perderse este momento histórico", relató.
Cuando se empezaron a mover las cortinas que dan al balcón de la gran fachada de la basílica se hizo un gran silencio. Nadie quería perderse una palabra. "Fue entonces que el cardenal (Jean-Louis Tauran) pronunció «Jorge Mario» y yo grité «¡Bergoglio!» porque sabía que era el único que tenía ese nombre. Hubo un silencio absoluto, nadie entendía y yo empecé a exclamar «¡es argentino, es argentino!» Al minuto tenía dos cámaras al lado mío y justo salía el Papa".
Una ovación enorme se adueñó de la plaza. "Nos sorprendió porque lo primero que hizo fue rezar por Benedicto XVI, después los romanos saltaron de alegría cuando dijo que los cardenales lo habían ido a elegir casi al fin del mundo. Ahí fue cuando empezaron a gritar «Bergoglio é nostro», lo que causó mucha risa.
"Estaba rodeada de extranjeros, gritábamos y aplaudíamos todos juntos. Pero después nos quedamos mudos cuando nos pidió que rezáramos por él y se hizo un silencio total cuando inclinó su cabeza", sostuvo la estudiante.
Descolocados. "Creo que Bergoglio nos dejó descolocados. Nadie se esperaba que fuera él quien apareciera en el balcón. Pero se ganó el cariño y la cercanía con la gente, en especial con los que estábamos allí cuando nos dijo: «Que descansen bien esta noche, ya nos vamos a ver». Lo sentí cercano, muy campechano", confesó Marina.
Y mientras se alejaba de la plaza escuchaba los vivas al Papa y después los cantos que repetían Francesco. Se topó con un grupo de argentinos con banderas y chilenos que estaban celebrando juntos. Eso no fue todo. Después se unió un grupo de brasileños que esperan felices al Papa en julio cuando tenga lugar la Jornada Mundial de la Juventud, que ya dejó prevista Benedicto XVI.
"Me fui feliz, con la impresión de que el Papa es un hombre humilde, cercano. Después de dos grandes personalidades como la de Juan Pablo II, un gran orador, maestro y actor, y la de Benedicto, el gran teólogo de Europa, él se presentó como un sacerdote cercano que rápidamente infundió confianza y se ganó al público", concluyó.