Además de protagonista de la última década de la vida nacional, Jorge Bergoglio es notorio por haber modernizado la Iglesia local, que había estado entre las más conservadoras de Latinoamérica.
Además de protagonista de la última década de la vida nacional, Jorge Bergoglio es notorio por haber modernizado la Iglesia local, que había estado entre las más conservadoras de Latinoamérica.
El ex arzobispo de Buenos Aires no proviene de las corrientes progresistas ni de la Teología de la Liberación; no obstante, está lejos de representar al ala conservadora.
Sacerdote de la Compañía de Jesús, poderosa orden de intelectuales muchas veces enfrentada con Roma y en los últimos tiempos con el Opus Dei, Bergoglio también se ha distinguido por permitir que los curas progresistas de su diócesis se desempeñaran con libertad.
El Papa argentino no tiene nada que ver con la burocracia vaticana. Es más: poco le gustaba tener que viajar a Roma y cuando lo hacía prefería no mostrarse con los atributos de un cardenal. Por eso era frecuente verlo con un sobretodo negro, para no hacer ostentación de la llamativa vestimenta de los purpurados.
Además, cuando el Papa Juan Pablo II lo proclamó cardenal, no se compró vestimenta nueva sino que ordenó arreglar la que usaba su antecesor Antonio Quarracino.
Al igual que otros intelectuales jesuitas, Bergoglio se ha concentrado en la obra social. Los feligreses argentinos todavía recuerdan su discurso del año pasado en que acusó de hipocresía a otros religiosos por olvidar que Jesucristo bañó a leprosos y comió en compañía de prostitutas.
"En nuestra región eclesiástica hay presbíteros que no bautizan a los chicos de las madres solteras porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio", dijo Bergoglio a sus sacerdotes.
"Estos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen".
"Jesús nos enseña el otro camino: salir a dar testimonio, salir a interesarse por el hermano, salir a compartir, salir a preguntar, encarnarse", dijo Bergoglio.
Al obispo al que se lo vio celebrando misas con cartoneros. Ahora no le esperan las batallas de la política argentina, sino gigantes desafíos globales.
Ha tenido experiencia de rivalizar con los sectores más conservadores nacionales, que le exigían más dureza contra el matrimonio gay o el aborto. Bergoglio nunca se puso al frente de marchas callejeras contra las bodas de personas del mismo sexo, como sucedió con la Iglesia española. Tampoco se lo ha escuchado nunca pronunciándose a favor del uso del latín o en contra manifestaciones populares o modernas de la liturgia.
Los que esperan un Papa revolucionario tal vez no lo encuentren en Francisco, pero al menos podrán conformarse con que no se trata de otro Joseph Ratzinger.




Por Nicolás Maggi