El Messenger, el software que hace poco más de una década disparó una revolución en las comunicaciones, con facilidades nunca vistas de diálogo por internet, tiene su muerte anunciada para el viernes de esta semana.

El Messenger, el software que hace poco más de una década disparó una revolución en las comunicaciones, con facilidades nunca vistas de diálogo por internet, tiene su muerte anunciada para el viernes de esta semana.
Ese día, el gigante informático estadounidense Microsoft desactivará para todo el mundo, salvo China, los servidores que hacen funcionar el programa de computación que hizo masiva la mensajería instantánea.
Eso no significará retroceso alguno en el cambio cultural que gatilló. Es que tiene reemplazantes. De hecho, el viejo programa venía perdiendo terreno ante las redes sociales con chat integrado como Facebook y los sistemas de mensajería móvil como Whatsapp.
La propia Microsoft ofrece en su reemplazo el Skype, mejor diseñado para la videollamadas con voz.
Sin embargo, el software pionero, con sus íconos característicos, sus zumbidos y emoticones, y que aún en decadencia sigue siendo el más popular del mundo con 100 millones de usuarios, ingresará para siempre al territorio de la nostalgia.
El MSN Messenger llegó el 22 de julio de 1999 en plena expansión de la banda ancha y la difusión de las computadoras hogareñas, con la simplificación de permitir el diálogo con los propios contactos de correo electrónico y desde cualquier máquina.
El “mésenyer” permitió charlar con amigos, parientes y gente conocida en general, pero además, era el complemento ideal para seguir en privado diálogos iniciados con recién conocidos en los sitios de chateo, donde las personas, protegidas por seudónimos, se permiten hablar con mucha libertad asuntos que no se atreverían a abordar bajo su verdadera identidad.
El nuevo programa ofrecía a quienes simpatizaran establecer un contacto individual directo para seguir dialogando en privado y al poco tiempo sumó la posibilidad de verse por cámara durante la comunicación. Fue una explosiva irrupción del sexo virtual.
El chateo, con mayor o menor componente erótico, también fue el preludio de citas y aventuras de suerte diversa, no exentas de riesgo, dadas las limitaciones para conocer cabalmente a alguien por internet.
Así, se abrieron nuevas posibilidades para los romances junto con los amoríos furtivos y las relaciones clandestinas. En ciertos casos fue el comienzo de relaciones estables y duraderas.
En todo ese destape estuvo presente el “mésenyer”, que así quedó asociado con emociones intensas de millones de personas.


