Cultura y Libros

Ombliguismo

Nadie sabe a ciencia cierta donde está localizado el ombligo del mundo.

Domingo 26 de Agosto de 2018

Nadie sabe a ciencia cierta donde está localizado el ombligo del mundo. Rápidamente se podría decir en los EEUU, pero ser el país number one no es para nada lo mismo que ser el ombligo del mundo. El ombliguismo refiere a la tendencia por cierto muy generalizada de considerar o considerarse el centro de lo que sea. Nuestro país padeció durante bastantes años un fuerte ombliguismo. A la altura de la célebre generación del 80 dominando la política y el pensamiento nacional, todo estaba tramado en una serie de sentencias exaltadoras del territorio, o bien de su comida o su gente. Una fuerte presencia de seres y entes agrupados en torno a la autoconsideración de que éste era sin lugar a dudas el mejor país del mundo al punto que el mismísimo sol obviamente debía de ser argentino. Oscar Terán cita un par de ejemplos notables al respecto en su libro Positivismo y nación en la Argentina: "...no otra cosa parece explicar en marzo de 1882 Ernesto Quesada en la Nueva Revista de Buenos Aires: «La atención de los hombres pensadores del mundo entero está fija aquí, porque aquí se elaboran actualmente los destinos de la humanidad»". De manera análoga, y desde la encrucijada ente paleontología y evolucionismo Florentino Ameghino sostenía seriamente en aquel mismo año que Darwin podía considerarse como uno de nuestros sabios porque fue también aquí donde recogió los materiales de su teoría y tuvo su primera idea".

Como se sabe, desde hace muchos años una especie de mayoría para nada silenciosa canta el lamento de que somos el peor país del mundo conformando una suerte de ombliguismo negativo nutriendo la bipolaridad nacional. En ese primer tiempo mítico entre el recién nacido y su madre ambos serán el centro del mundo del otro. El milagro de ser Ambos a la vez Uno. El ombligo es el resto-cicatriz de lo que fue la unión entre el feto y su madre, con toda probabilidad la única unión sin ambigüedades (igualmente con fantasmas). Lo cierto es que semejante unión tanto del ser humano masculino o como el femenino jamás se podrá recuperar. A la vez creerán muy posible revivir el idilio fundacional de la vida en la magia hipnótica de todo enamoramiento. Dicho resto fundacional de la vida llamado ombligo es (o fue) un canal a dos puntas o dos extremos: uno dirigido hacia el interior del feto, el otro en dirección al interior de la madre. El parto corta en un instante primordial el extremo hacia a la madre. Un colgajo permanece durante unos pocos días en el recién nacido hasta que finalmente cae y las madres suelen guardar el resto definitivo de esa unión fascinante en una sencilla cajita albergando un tesoro inigualable. Madrehijo/a se han separado biológicamente. A partir de ahí se inserta en dicha unión inseparable un guion: se dirá madre-hijo. ¿Y la psiquis? Que se sepa las psiquis no se apagan aunque en principio no haya memoria de los registros de esos tiempos primeros. Si la separación biológica es rotunda, la psicológica es como mínimo ambigua. A partir de ahí el pequeño humano circulará por la familia y por el mundo con las imágenes fantasmáticas de su infancia en la que fue un centro o así lo creía. O donde no lo fue o así lo creía.

En un reportaje realizado a Sigmund Freud en el verano de 1930 el periodista George Sylvester Viereck le pregunta al creador del psicoanálisis si acaso aspira a la inmortalidad, a lo que Freud responde no sentir el menor deseo de renacer. Para luego agregar: "Por lo que a mí respecta, me satisface saber que la eterna molestia de vivir llega finalmente a término. Nuestra vida se compone necesariamente de una serie de compromisos. Es una lucha sin fin entre el ego y su entorno…". Es de hacer notar que Freud no habla aquí de ningún paciente ni tampoco de alguien en particular. Está hablando en el nivel general de la especie humana. Es decir la vida de la especie se resume "en una lucha sin fin entre el ego y su entorno". Cada muerte es una suerte de alivio para el que se va. Un ego menos para los que siguen. Un ego más (para el futuro) se repone en cada nacimiento para restablecer el extraño y precario equilibrio de la vida de la especie. Y sin embargo la frase más notable del reportaje está en el comienzo mismo de la cita, cuando el creador del psicoanálisis responde de un modo más que contundente a si acaso no alberga un deseo de inmortalidad y Freud le suelta su satisfacción de saber que la eterna molestia de vivir llega finalmente a término. Sin duda semejante sentencia habla en sí misma del célebre pesimismo freudiano. Ahora bien el pesimismo obviamente es la contracara del optimismo. O a la inversa. Bien mirado no se trata ni de lo uno ni de lo otro. No hay objetividad en los polos. Apenas algo de realidad en los famosos puntos medios. En cuanto a los extremos son estrictamente humanos en tanto no tiene sentido decir tengo un perro optimista ni mucho menos lo contrario. Como se sabe el can defiende su terreno, si un extraño entra, ladra o ataca o ambas cosas. En cambio sí entra su amo expresa su alegría agitando el rabo. A su vez el amo no agita el rabo que no tiene (quizás perdido) pero siente tanta alegría como satisfacción porque se sabe centro del mundo de su mascota. Por cierto un mundo sin traiciones, sin golpes bajos y demás penurias posibles alterando o derrumbando la alegría del amor. Lo cierto es que el ombliguismo encuentra su mejor definición como la tendencia nefasta de considerarse el ombligo del mundo. En esta visión de sí mismo el humano concentra su mirada en la visión directa y exclusiva de sí mismo sin importarle las cosas comunes a todos, en definitiva la cosa pública. Al ombliguista de profesión el otro y lo otro en el mejor de los casos le resultan un fenómeno secundario. El humano configurado en modo ombligo es alguien dedicado a tiempo completo a lamerse su ser totalmente incrustado en la práctica redundante del complacer complaciéndose.

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